jueves, 5 de febrero de 2026

Fernanda es adictiva (I parte)

 

"La ambición rompe el saco"

(antiguo proverbio español)

El cliente habitual del café Embajadoras llamó a Fernanda y le solicitó un vaso de agua soda, pedido que le incomodó, ya que Rosita era la moza que atendía a ese parroquiano. El código interno y no escrito rezaba que los habituales del establecimiento eran atendidos solo por una niña, ya que las propinas eran exclusivas y si el sujeto era un asiduo penitente y se atendía únicamente con una garzona, los emolumentos eran significativos. El cincuentón volvió a solicitar lo pedido y Fernanda miró desesperadamente a la cajera del lugar.

-Rosita se encuentra en hora de colación en este momento.

No quedó de otra. Fernanda se dirigió a la máquina expendedora y escanció una agua de soda en un pequeño vaso de vidrio. Lo iba a coger y accidentalmente uno de sus dedos penetró en el cubilete transparente. La incomodidad y la premura le indicaron que debía apurar el paso y no cambió el contenido. Rosita podría aparecer en cualquier momento. Le sirvió lo pedido al hombre y se alejó inmediatamente de él. Al unísono, el cliente bebió un sorbo de soda y Rosita se hizo presente. La bella se acercó a su cliente habitual contoneando sus caderas, sin embargo, y de ahí en adelante, el hombre no le despegó los ojos a Fernanda, siguiéndola con la mirada a donde ella se dirigía. Fue una hora embarazosa, ya que Rosita no entendía un carajo de lo que ocurría. Al despedirse, el marchante le entregó la propina habitual de tres mil pesos y luego se dirigió hacia Fernanda y dejó en sus manos un billete de diez mil y un sonoro beso en su mejilla. 

-¿Qué le hiciste a ese hijueputa, malparido?-.  Rosita confrontó a una perpleja Fernanda.

 -No lo sé... yo sólo le serví un vaso de soda. Él me lo pidió a mí, porque tú estabas almorzando.

Demás estar decir que Rosita no creyó ni media palabra de Fernanda, ya que había roto la normativa interna de las ninfas del café de manera abrupta. Pasaron algunos días y mientras las sirenas se maquillaban y se ataviaban sus sexis uniformes en el camerino, Fernanda resentía el castigo del que era objeto. La ley del hielo de Rosita y algunas de las preciosas garzonas del café con piernas, que solidarizaron con la supuesta víctima.   

                                                                (Continuará)


No hay comentarios: