miércoles, 17 de junio de 2026

Mayra vs Alejandra (3° parte)

 


En casi exactamente una hora me narró su periplo. Su niñez fue apacible, rodeada de su familia en un pequeño y acogedor pueblito colombiano. Sin embargo, con el advenimiento de la primera juventud y la llegada de su menarquia, apareció intempestivamente Alejandra. Mayra creyó que era su propio monólogo interno que la distraía de su inmediata realidad. ¡Qué equivocada estaba! Era su socías, su gemela malvada, la bad cop que irrumpía como un geiser fuera de control.

En su etapa escolar adolescente, Alejandra, alojada en su interior, la instaba a realizar cimarras, fumar, beber alcohol y conquistar jóvenes guapos. Una vez realizadas las pilatunadas, Alejandra desaparecía y dejaba a la conservadora Mayra con un triste sentimiento de culpa, acompañada de jaquecas, boca pastosa y oliendo a muchachos ansiosos y sudorosos. - La vida es una sola y solo sirve para devorarla-. La sentencia de Alejandra resultaba imperiosa e irresistible, para luego desaparecer hasta nuevo aviso. 

El buen juicio y las tradiciones comenzaban a consolidarse con la mayoría de edad en Mayra, mas el alter ego, ubicada en las antípodas y agazapada en algún recodo de su mente esperaba cualquier situación para reaparecer de improviso. Mayra, junto a su hermano, deciden cambiar su estrella y se convierten en migrantes, viajando a Santiago de Chile, la nueva meca de Latinoamérica, que supuestamente, les ofrecería lo que su terruño natal les negaba. 

Alejandra no necesitó un boleto de viaje, ya que en calidad de polizona, arribó junto con Mayra. El hermano consiguió con una rapidez inusitada, un trabajo de delivery que apenas le alcanzaba para vivir. Sin embargo, Mayra transitaba por las calles de la capital de tumbo en tumbo y las puertas se cerraban frente a su bello rostro. Comenzaba la cuarta semana de estadía en el austral país y la desesperación hacía presa de ella.

Su hermano le comentó que su jefe lo había invitado a beber unos tintos colombianos, conociendo, de paso, un café con piernas. El big boss, con la seguridad de sentirse en una cima, precaria por lo demás, le dio pormenores de este bizarro y lucrativo negocio de impronta absolutamente chilena. Al anochecer compartió estos contenidos con su hermana. - Es la oportunidad que buscabas. Posees todo lo necesario para ser garzona en esos lugares. Y las ganancias no son para nada despreciables-.  Bastó que él acabara su exposición para que Alejandra reapareciera por sus fueros.

                                             (Continuará)

jueves, 28 de mayo de 2026

Mayra vs Alejandra (2° parte)

 



Con la preselección ad portas, me aguardaba la titánica tarea de abordar a la bella muchacha. Miré con desesperación a Manuel, implorando un salvavidas. El maestro, sacándole brillo a ese concepto, me contactó con Mayra, quien presta, nos atendió ese día. Luego de varios capuchinos, Manuel me allanó el camino y, sacando fuerzas de flaqueza, entablé una conversación con ella, delatándome como un peón que tiembla ante una reina.

Pasaron los días y había logrado unos adelantos que en mi vida creí alcanzar. Visitaba solo La Caverna y ya sociabilizaba con Mayra, utilizando algo más que monosílabos. Ella, no solamente era un sexi y hermoso ángel,  sino que se manejaba a la perfección en el difícil arte de tratar chilenos con TEA. Le caí en gracia, creo que más por mi condición de fragilidad psico - social, que por algún perdido atractivo que podría poseer. 

A las dos semanas, me atreví a confesarle mis propósitos. Mayra rio de buena gana. - Tus propinas deberán ser más generosas-. Su sonrisa de dientes perfectos parecía extraída de un comercial del dentífrico de moda. Aceptó de muy buen talante, aunque me advirtió que si deseaba que me dedicara más tiempo para probables entrevistas o cuestionarios, estas deberían llevarse a cabo fuera de La Caverna.

 Le expliqué al profesor Manuel de mis avances y que debería desembolsar más morlacos, que cubrieran algo más que mis consumos de café. - ¿De que monto estamos hablando, joven?-. Al saberlo, el experimentado pedagogo comprobó que su dinero cubriría las costas del trabajo y no otros menesteres. Accedió y, con una socarrona sonrisa, me conminó a que el trabajo lograra un alto nivel.

El turno de Mayra en su labor comenzaba después del mediodía. Por lo que nos citamos en un cafetería de la calle Mosqueto, cerca del museo de Bellas Artes, a las diez de  la mañana. Llegué puntual a la cita y me senté en una de las mesitas de la terraza. Al ingresar Mayra atrajo de inmediato la vista de moros y cristianos. Vestía una parka corta que le llegaba a su cintura. Una blusa rosada escotada y calzas que dibujaban su exquisita anatomía. Su bello rostro iluminó el lugar. Se sentó frente a mi y, por algunos minutos, fui el centro de las miradas de la concurrencia. ¿Cómo ese tipo se cita con ese monumento?

Mayra rompió el hielo. - Vine porque te tomé confianza y debo confesarle a alguien lo que me he guardado por mucho tiempo. Supongo que te servirá para tu tarea de la universidad y a mi como una expiación de lo que me aflige desde la adolescencia.

(Continuará) 

miércoles, 27 de mayo de 2026

Mayra vs Alejandra (1° parte)


"Por doble que fuera, no he sido nunca lo que se dice un hipócrita. Los dos lados de mi carácter estaban igualmente afirmados: cuando me abandonaba sin freno a mis placeres vergonzosos, era exactamente el mismo que cuando, a la luz del día, trabajaba por el progreso de la ciencia y el bien del prójimo."

(El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. R.L. Stevenson)

Me encontraba cursando el segundo semestre del Magister en Estudios de Género,  Intervención Psicosocial y Psicología Clínica en una universidad que no mencionaré, con el propósito de proteger a las inocentes personas que pululan ese mundo irreal y alternativo. La profesora del ramo de Psicología Afirmativa y Diversidades (LGBTQ+) nos dio como tarea final de la asignatura un trabajo que abarcara algún aspecto psico-social de una persona real, pero que desempeñara un trabajo u oficio fuera de lo común.

Yo siempre he sido un anacoreta y me he refugiado en los libros y en disfrazarme de eterno estudiante. Ya friso los cuarenta años y poseo menos calle que una pantufla. Por ende, la encomienda de la docente me sustrajo violentamente de mi zona de confort. Intenté asomar mi cabeza para solicitar pronta ayuda a cualquier integrantes de mi curso y di con el profesor Manuel. 

Este personaje era un bonachón docente de unos sesenta y cuatro años, quien por tedio a su trabajo se había conseguido una beca y la dispensa de su colegio por dos años con el fin de estudiar lo más impracticable e inservible de este mundo, según sus propias palabras. Percibió mi condición de refugiado de la sociedad y decidió prestarme ropa, aunque retrospectivamente, me cedió un ropero entero. 

Me enteré que era un asiduo visitante de los cafés con piernas del casco histórico de la capital, cuando me invitó a visitar uno de ellos con fines que comprendí rápidamente. Ingresamos a La Caverna, un local que se ubica en el Paseo Huérfanos, casi esquina Amunátegui. Al entrar saludó a casi toda la concurrencia y las ondinas, enfundadas en coquetos uniformes lo recibieron de besos y abrazos. 

- Para el trabajo que nos encomendaron necesitamos a una persona con un laburo excéntrico, ¿no es verdad? Aquí hay superabundancia de niñas en ese predicamento-. Las palabras del profesor poseían una irresistible lógica.

Volví a mi centro de eterno estudiante nerd y encaré suavemente a Manuel -¿Nos encomendaron?

- No pretenderás realizar el trabajo solo. Somos socios en este predicamento. Yo te guío hasta aquí, te proveo de tu conejilla de indias, te solvento tus consumos y tú haces el trabajo. Me parece un trato justo-. El profesor era veterano de mil batallas.

Iba a renegociar el trato, que me parecía un tanto draconiano, cuando Mayra irrumpió en escena. Una caribeña extraída de un pueblito mágico llamado Santa Elena, cerca de Cali. Un metro sesenta y ocho de incomparable belleza exótica. Poseedora de  unas curvas rotundamente pronunciadas, una cara de pimpollo que dejaba sin aliento, rematando en una ígnea caballera roja. Semejaba una de las musas del afamado y underground dibujante Robert Crumb, solo que ella llevaba a la perfección ese arquetipo de mujer.

Manuel, al ver mi estupefacta expresión olfateó el buen negocio. - Creo que ya encontramos a nuestra cobaya.

(Continuará).

lunes, 25 de mayo de 2026

La bella del café y la bestia del barrio (5° parte y final)

 


El automóvil se detuvo en la esquina de Teatinos con el Paseo Huérfanos y Yerko le lanzó un billete de diez mil pesos al chofer y, con su camisa y chaqueta ensangrentada, bajó del carro. Con paso lastimoso se dirigió a la entrada del Café y empujó una de sus mamparas empavonadas. Cayó de bruces al interior del establecimiento y una de las sirenas lanzó un aterrador grito al ver su vientre teñido profusamente del color rojo furioso. 

Cielo lo reconoció en el acto y se abalanzó sobre él. 

- Lo hice por ti, mi amor-. Las palabras de Yerko sonaban apenas audibles para ella. - A todos los que te hicieron daño los maté. Perdóname, por favor.

Cielo lo acomodó en su regazo y con lágrimas en los ojos conminó a la cajera que llamara a una ambulancia. Yerko, ya agonizante y con una mirada que pertenecía a otro espacio la disuadió. En ese preciso momento, tres matones, que venían siguiendo de cerca al moribundo, irrumpieron en el lugar armados con pistolas ametralladoras ASMI y sin dilación, acribillaron a la pareja a sangre fría, escapando raudamente del Ángeles y Diosas.

Los cuerpos inertes de ambos amantes, semejaban una imagen violenta de El beso de Gustav Klimt, cuyos dorados colores, esta vez se teñían de sangre carmesí.

Al caer la noche en Santiago de Chile, los noticiarios televisivos, mayoritariamente populistas e imprecisos a sabiendas, titulaban "Violenta balacera entre hampones venezolanos y chilenos en un Café con piernas del centro de la capital".

Los nombres de Cielo Rivera, la maracucha que soñó con torcer su destino, y Yerko Catalán, quien siguió los tristes pasos del Benjamín Otálora de Borges, ya eran parte de la intrahistoria. Aquella que ocurre en aguas abisales, que es donde se gesta realmente la vida.


FIN

sábado, 23 de mayo de 2026

La bella del café y la bestia del barrio (4° parte)

 


Se sentó en un sillón que enfrentaba directamente al Big Boss. A sus costados los tres restantes jefes se dispusieron a escuchar la propuesta de este hamponcillo chileno, no sin antes recibir una explicación que sonaba más a burla que un perdón dicha por el dueño de la situación.

- Yerko, lo sucedido la otra noche es el precio que debes pagar por tu lealtad. Es duro, pero así probamos a los  nuevos reclutas.

La palabra recluta caló hondo en las fibras de Yerko. Empero, se debía atener a su plan y ni un músculo de su faz delató su ira interna. Prosiguió explicando el asalto a esa joyería. Tanto la estrategia, el botín y su labia se volvieron irresistibles para la selecta concurrencia. Una vez que percibió la guardia baja de los energúmenos, verificar que los carcamales mayores no poseían armas y memorizar el lugar exacto de los dos guardaespaldas en la habitación, decidió asumir su destino.

  Extrajo la parabellum y de un tiro a quemarropa destrozó el rostro del cabecilla, cuya sangre salpicó en abundancia. De inmediato, descargó dos balazos a ambos espalderos, realizando fama en la frente de uno e hiriendo en el muslo derecho al otro. Se abalanzó sobre el segundo de abordo y la ACP que se alojaba en su tobillo, era descargada en la sien derecha, derramando su masa cerebral por doquier. Los otros dos tunantes intentaron un torpe escape. Uno de de ellos resbaló en la mullida alfombra y Yerko lo asió de la cabellera y lo degolló con un certero cuchillazo de la siniestra karambit. El último  de su lista negra estaba por alcanzar el botón del ascensor del penthouse cundo Yerko le lanzó la shuriken y una de sus afiladas puntas ingresó por su nuca, penetrando completamente por el músculo semiespinoso.

En ese momento, el guardaespaldas herido de un muslo lo cogió con ambos manos y le propinó un cabezazo que le fracturó su nariz. Yerko, inmovilizado, atinó a dar una patada descendente en el muslo herido y ensangrentado del mastodonte. El animal cayó sobre él y extrajo una pistola de su faltriquera y alojó dos balazos en el vientre del desafortunado chileno. Con la última munición que se hallaba en su ACP dio blanco en el cuello de toro del sicario, dando este con el suelo y agonizando por breves segundos.

Yerko, con su nariz fracturada y con dos proyectiles alojados en su vientre, bajó los veinticinco pisos, sentado en el piso del ascensor. Ya en la calle, detuvo un taxi que transitaba en ese momento y, apuntando al conductor,  le dio la dirección del Ángeles y Diosas.  

(Continuará)

viernes, 22 de mayo de 2026

La bella del café y la bestia del barrio (3° parte)


 Luego de unos escasos minutos, ambos amantes confirmaron que los malsanos hombres deseaban a Cielo aquí y ahora. Así, de manera tosca e irreverente, se lo expusieron a Yerko. Entre la espada y la pared, el otrora Don, convertido en un iniciado sottocapo del cartel caribeño, intentó una tibia defensa de su dama. Dos gorilas que custodiaba al capo di tutti capi lo levantaron en vilo y lo arrojaron violentamente en un sillón y lo conminaron a permanecer quieto como torre de ajedrez. Condujeron a Cielo a una alcoba y se encerraron con ella los cuatro líderes.

Una vez consumado el capote, Cielo se encontraba tumbada en el amplio tálamo, semidesnuda, moreteada, llorando y recogida en su bella anatomía. Los pérfidos mafiosos abandonaron el lugar, dejando tras de sí a una pareja sumida en la rabia y la impotencia. 

- ¡Para esto me trajiste a este lugar, malparido! ¡Crees que soy un animal que puedes sacrificar para el gusto de tus jefes¡  ¡No quiero verte nunca más!

En vano intentó Yerko explicar lo inexplicable. Cielo cerro todas sus puertas al malevo venido a menos. Si bien, el ingreso al Ángeles y Demonias lo tenía asegurado, debido a la abultada cuenta que dejaba cada vez que consumía en ese lugar, la bella le aplicó una feroz ley del hielo. Sin embargo, el amor que comenzó a carcomer su corazón le conminó a un acto reparatorio y ejemplar. Planeó durante varios días las acciones que llevaría a cabo. Cual Travis frente al espejo, recitó varias veces frente la osada estrategia como si fuera un mantra.

Armándose de un valor que lo había extraviado en sus años mozos de pendenciero del Barrio Franklin, dirigió sus pasos hacia el penthouse del hampón mayor. Poseía una considerable suma de dinero en su cuenta corriente y adquirió en varias armerías del Paseo Bulnes un arsenal que emulaba a sus héroes cinematográficos. Iba armado de una parabellum de 9mm, una 380 ACP de 9mm corta, discretamente guardada en su tobillo derecho, un shuriquen alojado en el bolsillo falso del pantalón y un cuchillo karambit táctico que lo adosó a su barriga con una cinta adhesiva común.

Yerko Catalán subió los veinticinco pisos de lujoso edificio y las puertas de ascensor se abrieron de par en par, mientras los gánsteres  lo esperaban arrellenados  en sillones de cuero, esperando las buenas nuevas que les traía este asomado pistolero, respecto a una joyería que, debido a su escasa protección, se encontraba gritando a los cuatro vientos ser asaltada.

(Continuará)

lunes, 18 de mayo de 2026

La bella del café y la bestia del barrio (2° parte)


 El Yerko había nacido en una maloliente cama de un añoso cité de la calle San Francisco, ubicado en el populoso Barrio Franklin. Sus escuelas fueron las sucias y pedregosas calles y las pandillas de pelusas carteristas de poca monta, quienes solo conocieron la escuela por fuera. Sin embargo, se les mentaba como diestros en el arte de la apropiación indebida. Al llegar a su primavera temprana se erigió como indiscutido líder, derrotando a cuanto Fagin se le cruzara en su camino. Al cumplir la mayoría de edad, reinaba, sin contrapeso, el perímetro comprendido entre las calles San Isidro, Placer, Nataniel Cox y Ñuble. El poder lo ejercía con mano dura y con la repartija de ganancias del botín que eran similares a las del Cid Campeador, aseguraba cierta fidelidad de sus mesnadas. Se hizo fanático del cine de acción y asistía periódicamente al cine Prat, ubicado en la calle San Diego y presenciaba maratones de Sylvester Stallone,  Arnold Schwarzenegger y Jean Claude Van Damme, a los que admiraba y soñaba con convertirse en uno de ellos.  

Las autoridades chilenas realizaron, hace algunos años atrás, una invitación a venezolanos que deseaban emigrar de su terruño, ya que las papas de la vida no se se encontraban dándose bien en esas tierras y, en masa, arribaron a distintas ciudades chilenas. Lamentablemente, entre esos miles de hombres y mujeres de bien, se colaron unos facinerosos que, aprovechando la cándida invitación, arribaron con una maletas repletas de malas intenciones. Esos cacos caribeños mostraron de inmediato sus aviesas intenciones cometiendo atracos y sicariatos nunca vistos en suelo andino, debido a su ferocidad y sangre fría. Yerko fue reclutado por ellos, por efecto de su posición de relativo poder en su feudo y sobrevivió a las duras encomiendas de los nuevos mandamases.

Cielo y Yerko al entrar en conocimiento, luego de una visita del capo de Franklin al Ángeles y Diosas, percibieron que la mezcla química que amalgamaron de inmediato era poderosa. Ese fin de semana ella yacía en el pecho de su amante, luego de unos tórridos encuentros. Los primeros escarceos fueron generosamente desembolsados por este. Sin embargo, las citas siguientes eran del deleite de ambos, con un tufillo sospechoso y muy parecido al amor, quedando fuera el estipendio. Sin embargo, el lado oscuro y fantoche del tunante reclamaba su lugar de privilegio y presentó en sociedad a su nueva adquisición. Los líderes del cartel ya habían posesionado sus libidinosos ojos en las pronunciadas curvas de Cielo y reclamaron su derecho a pernada. El necio de Yerko, esperando congraciarse con sus nuevos compañeros de fechorías, llevó a una reunión privada de malevos a su princesa.

Al ingresar al lujoso departamento y observar que ella era la única sirena entre unos tritones sedientos de una sed malsana, Cielo temió por su integridad y Yerko olfateó el torcido curso de los acontecimientos que se avecinaban. 

(Continuará) 

viernes, 15 de mayo de 2026

La bella del café y la bestia del barrio (1° parte)



"Esta carta comprueba las palabras del monje; el relato del mutuo amor, la comunicación de la muerte de Julieta. Dice Romeo que adquirió el veneno de un pobre boticario y asimismo que vino a morir a este panteón y a reposar al lado de ella. ¿Dónde están esos contrarios? ¡Capuleto! ¡Montesco!"
                              (Romeo y Julieta. William Shakespeare) 


- Yo así engaño al sistema- , dijo la bella cuando el cliente, al saludarla con un abrazo, percibió su teléfono celular discretamente escondido bajo la pretina de la diminuta minifalda que se ceñía a su cintura de avispa. Cielo Rivera, una beldad originaria de Maracaibo, residía solo hace dos meses en Santiago de Chile y confiaba en que le prorrogarían la visa de turista por segunda vez, ya que los tiempos y las urgencias monetarias apremiaban.

Su trabajo de garzona sexi en el Café con piernas Ángeles y Demonias del centro cívico, le reportaba un sueldo mínimo precario, pero que se aumentaba generosamente con las propinas de los habitués del aromático lugar. Hacía ya varios años que venezolanas y colombianas se tomaron por asalto estos bizarros establecimientos. Sus dueños percibieron rápidamente la sideral diferencia entre las bellas nacionales y las coquetas, curvilíneas, mimosas y dóciles caribeñas que coparon estos seudo templos del placer fantasioso. Cielo encajaba a la perfección en ese mundillo.

El celular que guardaba precavidamente en su falda era la conexión con su nuevo trabajo de medio tiempo. La severa dueña del local no permitía el uso de este aparato durante la jornada y las obligaba a entregarlo a la cajera, porque se distraían de la atención a los parroquianos. Cielo entregaba el suyo, pero poseía un pequeñísimo segundo celular. Una de las trabajadores del Café la había iniciado en la profesión más antigua del mundo. La maracucha cobraba un alto emolumento por sus servicios, seleccionaba a su clientela, generalmente, hombres de mediana edad, de posición económica aceptable y con deseos de una hermosa compañía femenina que los escuchara, luego de un breve encuentro íntimo.

Hasta que apareció en el Ángeles y Demonias el Yerko Catalán.

                                               (Continuará)

martes, 10 de febrero de 2026

Fernanda es adictiva (V parte y final)

 

Con obvias dudas y un millón de pesos en sus bolsillos, decidió confesarse con su madre. Esta, al enterarse de lo ocurrido a su hija, la conminó a sentarse en el sofá del departamento  y le solicitó que la escuchase atentamente, sin interrumpirla.

Fernanda, nuestra familia posee un secreto que solo se devela si a una de nuestras mujeres le ocurre lo que te aconteció a ti. Tu tatarabuela Eufemia llegó a Macondo de la mano de una mujer llamada Pilar Ternera, hace ya dos siglos. Tanto tiempo atrás que casi solo algunas de nosotras lo recordamos. Su primer trabajo fue atender machacantes en la tienda de un tal Catarino. Ya en ese tiempo, tu, entonces, joven pariente era diestra en las dotes de la hechicería. Junto a su hermana Clotilde preparaban brebajes para atraer a sus clientes. En una ocasión, bebieron de una pócima que les entregó el don de la seducción. Al nacer sus hijas Waldina y Gertrudis, cayeron en cuenta que una de ellas había heredado el don de la atracción varonil, sin necesidad de consumir el bebedizo. Bastaba que los hombres estuvieran en contacto con algunos de sus fluidos corporales para que perdieran la razón, con consecuencias insospechadas. De ahí en más, la familia  estaba con el ojo avizor. Cada descendiente era observada, ya que la magia se manifestaba de tarde en tarde en alguna de nosotras.  

Desfilaron Petronila y Natividad, que sobrevivieron a las Guerras Civiles, con un pequeña tienda de costureras. Prudencia y Serafina, que gozaron del auge bananero y se salvaron por un pelo de la gran masacre y el diluvio, mantuvieron el negocio a duras penas. Afortunadamente, Teodora y Rufina abandonaron esa ciudad maldita y decadente, que según crónicas, desapareció de la memoria de los hombres, mas no de algunas mujeres. Ni tu abuela Rufina, ni yo heredamos la maldición, disfrazada de privilegio. Nos establecimos en Pereira y el resto de la historia ya la conoces. Lo que te sucedió en tu trabajo es prueba de que esta abominación recayó en tu persona. Fernanda, cuídate y recibe con cautela este legado, ya que posee doble filo.

La beldad no reflexionó y el mensaje de su madre le resultó exagerado. El gran botín logrado en tan poco tiempo y el respaldo de la mandamás del café le dio unas alas de cartón. De ahí en más, la bella se creyó la abeja reina del Embajadoras y mandó al traste a sus compañeras de trabajo. La sedujo la desusada cantidad de dinero recaudado en una semana de trabajo. En esta ocasión, pinchó uno de sus dedos e introdujo gotas de su sangre en los capuchinos, cortados, lates y machiatos, sirviéndoles a cuanto cliente pudo. Si en cinco días logró lo inesperado con solo la leve transpiración de sus dedos, ni se imaginaba lo que lograría ahora con su líquido vital.

En el local, trece, de un total de veintidós parroquianos, bebieron de su esencia, esperando la atención total de esa concurrencia hacia su persona. Sin embargo, esta vez no era un leve trasudor de su mano. Sus fluidos más concentrados eran consumidos por parte de la concurrencia. Uno de los clientes se abalanzó sobre Fernanda, intentando besarla apasionadamente. Seguidamente, cinco trogloditas se la arrancaron de sus manos e intentaron desnudarla, rajando su sensual y breve vestimenta. Los siete machos otoñales restantes fueron en defensa de la dama en apuros y se trenzaron en una batalla campal, que incluía golpes de puño y patadas por doquier. Volaron sillas, mesas, vajillas y vasos. Los mozos de limpieza y cocineros intentaron interceder, fracasando totalmente. La sangre de los gladiadores ocasionales regaba el piso y el local se destruía por dentro. Todas las mozas se asilaron en el camerino y cuando la cocina ardía peligrosamente, porque la batalla se había trasladado allí, apareció la policía. Pero, los hombres seguían golpeándose salvajemente. Uno de los uniformados disparó varios tiros al aire y fue la señal divina que despertó de la pesadilla a la concurrencia.

Se necesitó un bus de Carabineros para llevar detenidos a veintidós energúmenos, quienes sufrieron heridas y fracturas de consideración, Además se necesitó del concurso de bomberos, para aplacar el incendio que amenazaba con desbordarse. La dueña del Embajadoras sopesó todo el gran estropicio, después del pandemónium ocurrido. Se encerró con Fernanda en su chamuscada oficina y, con asombro, se enteró de la verdad. La sirena era una bomba de tiempo ambulante y difícilmente lograría el control de su don para su beneficio. La despidió con el dolor de dejar ir a un tesoro preciado. Ya lo había profetizado el vidente Lord Acton, expresando que el poder corrompe y el poder total, corrompe totalmente. Lenin, el severo, agregó que, salvo el poder, todo es una ilusión. Para finalmente, el excelso Stan Lee rematar con que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. 

                                                 FIN 

lunes, 9 de febrero de 2026

Fernanda es adictiva (IV parte)

 


Al día siguiente, Fernanda apostó por su buena estrella. Ingresaron dos clientes habituales de su corral al café. Introdujo uno de sus dedos en los vasos de soda y se los sirvió. A los pocos minutos, aquellos hombres solicitaron la presencia de ella para tenerla lo más cerca posible. Ya era un hecho. Sus dedos eran mágicos y provocaban a los sentidos de los hombres que bebían agua, que previamente había estado en contacto con su pulgar, índice, corazón, anular o meñique. Al retirarse, los veteranos depositaron en su mano el billete más preciado.

Pasaron los días y la cartera completa de clientes se rendía ante sus pies y las propinas acumuladas, solo en una semana, ya alcanzaba el millón de pesos. El récord se rompía y de manera espectacular. Empero, Fernanda, imposibilitada de comprender las señales de ese mal lunes pasado, también desolló las evidentes marcas actuales que se encontraban ante sus bellos ojos ahora y que le suplicaban prudencia. Comenzó a introducir, subrepticiamente, sus dedos en varios consumidores que no pertenecían a su redil.  

Se precipitó la causa y el efecto. Todos los parroquianos intoxicados con la esencia de Fernanda requirieron con insistencia su presencia y atención exclusiva. Al finalizar el día de trabajo y con unas sustanciosas propinas en su bolsillo entró al camerino para cambiarse de ropa. El resto de las ninfas la esperaban en pie de guerra.

Rosita abrió los fuegos. - ¡No nos interesa que ganes mucha plata con tus clientes, pero que nos quites los nuestros es algo que no te lo aguantaremos! ¡No tenemos idea cómo lo haces, pero esto debe acabar!-. Acto seguido, una bofetada en una de las mejillas de Fernanda resonó. Las garzonas que hasta el momento era solo espectadoras rompieron en un sonoro aplauso, celebrando, tanto las palabras, como la acción de la ocasional líder. El temperamento de Fernanda se encendió y saltó sobre su rival y comenzó a darle fieros tortazos, acabando ambas en el piso. 

El barista y un aseador ingresaron raudamente y separaron a las leonas. La dueña del café confrontó a ambas y con autoridad las conminó a nunca volver a repetir esta escena, caso contrario, las pondría de patitas en la calle. La jefa conocía su negocio y sabía que la presencia de Fernanda era la principal razón del gran repunte de las ventas del café. Despedirla sería un craso error.  

                                                                 (Continuará)

viernes, 6 de febrero de 2026

Fernanda es adictiva (III parte)

 

Los tiempos en el café Embajadoras transitaban pausadamente. El conflicto entre Rosita y Fernanda aparentemente parecía olvidado, aunque el cliente de la apetitosa propina solo deseaba atenderse con esta última. Era una piedrecilla en el estilizado calzado de ella. Un día lunes amaneció con inequívocas señales imposibles de leer por Fernanda. La alarma de su despertador no sonó, por lo que llegó atrasada al trabajo; se le olvidó embellecer sus labios con el lápiz labial que tanto le gustaba; un peatón le dedicó un grosería, disfrazada de piropo y se le corrió un punto de sus costosas medias elasticadas. Su cartera de clientes esa mañana prometían una visita masiva. 

Fernanda los atendía con su acostumbrado trato almibarado y ese acento paisa que no dejaba indiferente a los varones del lugar. Al servir una agua soda, mirando en otra dirección, apretó el botón sin darse cuenta que el chorrito del liquido se escurrió por sus dedos antes de ingresar al vaso. El local se encontraba abarrotado y ella no se encontraba para remilgos y se lo sirvió, prontamente, a su sesentón cliente, junto al humeante capuchino. Una vez que el rabo verde bebió la soda, comenzó a llamarla insistentemente con el fin de que conversara con él. Fernanda echó mano a todo su oficio para atender los requerimientos del tunante, sin dejar de lado a los demás. Al costear la cuenta le dejó una propina de veinte mil pesos en sus manos.

Tanto la cajera y las demás chicas del lugar se sorprendieron, ya que ese billete era el de más alta denominación y en escasísimas ocasiones algún usuario lo regalaba por alguna atención especial de las garzonas. Era la segunda vez que Fernanda recibía una pingüe e insólita retribución por servir un par de sodas y un capuchino. Esa noche, en su dormitorio, repasó el día de trabajo. Caviló brevemente y unió los acontecimientos. El agua regó sus dedos antes de ingresar a los dos vasos y , posteriormente, cuando ambos hombres bebieron de ese cáliz centraron una insistente fijación únicamente en su persona.

                                                                         (Continuará)

jueves, 5 de febrero de 2026

Fernanda es adictiva (II parte)

 


Fernanda era oriunda de Pereira, Colombia. Cuando despuntó su adolescencia se convirtió en un bello cisne blanco. Poseía una cara de muñeca, en el que destacaban unos ojos gatunos de color café oscuros. Medía un metro y sesenta y dos de absoluta sensualidad. Senos firmes, cintura de avispa y caderas generosas que eran sostenidas por una exquisitas y torneadas piernas. Junto con su madre y su hermano optaron por probar suerte en la República de Chile, la nueva Xanadú latinoamericana tercermundista. El país que dejaban atrás con suma tristeza ya no les entregaba unas mínimas garantías para prosperar.

La visa de turista les daba solo tres meses de estadía en el austral país. Ella, su madre y hermano, deambularon por variopintos empleos ocasionales y abandonando Chile, cuando expiraba el permiso legal. La ciudad de Mendoza, Argentina, fue el cercano destino habitual y garita de reparo para, de inmediato, volver a Santiago de Chile. Una conocida compatriota de Fernanda le confidenció que el trabajo de garzona en los cafés con piernas de la capital era un destino preciado para colombianas y venezolanas hermosas como ella. El sueldo era el mínimo, pero las propinas de los parroquianos eran suculentas, bordeando en un mes ideal, casi el millón de pesos. 

Si bien estos establecimientos databan sus comienzos desde los años del fin de la dictadura cívico - militar de Pinochet, la llegada masiva de la armada caribeña a Chile, ya despuntando el siglo XXI, le entregó un aire vivificador. La belleza, sensualidad, trato meloso y la comunicación efectiva de las ninfas acabó por cautivar a un numeroso público varonil que vivía sus últimos años de vida útil. Habían desplazado a las chilenas, quienes se encontraban muy por debajo de las cualidades de esas extranjeras. Fernanda le comunicó a su familia la intención de probar suerte en esas bizarras cafeterías. 

- Pero, Fernanda, esos lugares ejercen la prostitución encubierta-. La madre se percibía cumpliendo su rol.

- Mamá, eso será si yo lo permito-. La hija optó por la autonomía.

                                                             (Continuará)

Fernanda es adictiva (I parte)

 

Todo el brillo de mil focos

Todas las estrellas que robamos del cielo nocturno

Nunca serán suficientes

Las torres de oro todavía son demasiado pequeñas.

("Never enough", Justin Paul y Benj Pasek. The Greatest Showman)


El cliente habitual del café Embajadoras llamó a Fernanda y le solicitó un vaso de agua soda, pedido que le incomodó, ya que Rosita era la moza que atendía a ese parroquiano. El código interno y no escrito rezaba que los habituales del establecimiento eran atendidos solo por una niña, ya que las propinas eran exclusivas y si el sujeto era un asiduo penitente y se atendía únicamente con una garzona, los emolumentos eran significativos. El cincuentón volvió a solicitar lo pedido y Fernanda miró desesperadamente a la cajera del lugar.

-Rosita se encuentra en hora de colación en este momento.

No quedó de otra. Fernanda se dirigió a la máquina expendedora y escanció una agua de soda en un pequeño vaso de vidrio. Lo iba a coger y accidentalmente uno de sus dedos penetró en el cubilete transparente. La incomodidad y la premura le indicaron que debía apurar el paso y no cambió el contenido. Rosita podría aparecer en cualquier momento. Le sirvió lo pedido al hombre y se alejó inmediatamente de él. Al unísono, el cliente bebió un sorbo de soda y Rosita se hizo presente. La bella se acercó a su cliente habitual contoneando sus caderas, sin embargo, y de ahí en adelante, el hombre no le despegó los ojos a Fernanda, siguiéndola con la mirada a donde ella se dirigía. Fue una hora embarazosa, ya que Rosita no entendía un carajo de lo que ocurría. Al despedirse, el marchante le entregó la propina habitual de tres mil pesos y luego se dirigió hacia Fernanda y dejó en sus manos un billete de diez mil y un sonoro beso en su mejilla. 

-¿Qué le hiciste a ese hijueputa, malparido?-.  Rosita confrontó a una perpleja Fernanda.

 -No lo sé... yo sólo le serví un vaso de soda. Él me lo pidió a mí, porque tú estabas almorzando.

Demás estar decir que Rosita no creyó ni media palabra de Fernanda, ya que había roto la normativa interna de las ninfas del café de manera abrupta. Pasaron algunos días y mientras las sirenas se maquillaban y se ataviaban sus sexis uniformes en el camerino, Fernanda resentía el castigo del que era objeto. La ley del hielo de Rosita y algunas de las preciosas garzonas del café con piernas, que solidarizaron con la supuesta víctima.   

                                                                (Continuará)