martes, 20 de octubre de 2026
Mayra vs Alejandra (5° parte)
sábado, 10 de octubre de 2026
Mayra vs Alejandra (4° parte)
Se instruyó en el primigenio arte de la putería por medio de sus compañeras de trabajo. Costos reales, tiempos mínimos y máximos y protocolos del servicio. Visualizó en lontananza un impedimento. Sus ardorosos encuentros pasados eran con machos de su generación. Jóvenes energéticos y desbordando colágeno por doquier. Sin embargo, en el mundo picaresco aterrizaba cualquier espécimen. ¿Podría soportar a todo moro y cristiano que requiriera de sus favores? Nuevamente, sus colegas del café acudieron en su ayuda. La orientaron en afinar el ojo con posibles clientes. Nunca jóvenes de vestimentas sin marca de alta gama, ya que no manejaban dinero. Ojo con los taciturnos y solitarios. Esos resultaban en peligrosos parafílicos. Ni hablar de los treintones y cuarentones ataviados de ropas flaites costosas y ostentadores de un gran poder adquisitivo. El hampa era su contexto y ya varias sílfides de los cafés peatonales habían sido victimas mortales de estos desgraciados crestones. Los clientes ideales eran cincuentenarios o sexagenarios que resaltaban por su caballerosidad y su buena paga. Alejandra debería hacer vista gorda y de tripas corazón al verlos desnudos.
(Continuará)
miércoles, 17 de junio de 2026
Mayra vs Alejandra (3° parte)
En casi exactamente una hora me narró su periplo. Su niñez fue apacible, rodeada de su familia en un pequeño y acogedor pueblito colombiano. Sin embargo, con el advenimiento de la primera juventud y la llegada de su menarquia, apareció intempestivamente Alejandra. Mayra creyó que era su propio monólogo interno que la distraía de su inmediata realidad. ¡Qué equivocada estaba! Era su socías, su gemela malvada, la bad cop que irrumpía como un geiser fuera de control.
En su etapa escolar adolescente, Alejandra, alojada en su interior, la instaba a realizar cimarras, fumar marihuana, beber alcohol y conquistar jóvenes guapos. Una vez realizadas las pilatunadas, Alejandra desaparecía y dejaba a la conservadora Mayra con un triste sentimiento de culpa, acompañada de jaquecas, boca pastosa y oliendo a muchachos ansiosos y sudorosos. - La vida es una sola y únicamente sirve para devorarla-. La sentencia de Alejandra resultaba imperiosa e irresistible, para luego desaparecer hasta nuevo aviso.
El buen juicio y las tradiciones comenzaban a consolidarse con la mayoría de edad en Mayra, mas el alter ego, ubicada en las antípodas y agazapada en algún recodo de su mente esperaba cualquier situación para reaparecer de improviso. Mayra, junto a su hermano, deciden cambiar su estrella y se convierten en migrantes, viajando a Santiago de Chile, la nueva meca de Latinoamérica que, supuestamente, les ofrecería lo que su terruño natal les negaba.
Alejandra no necesitó un boleto de viaje, ya que en calidad de polizona, arribó junto con Mayra. El hermano consiguió con una rapidez inusitada, un trabajo de delivery que apenas le alcanzaba para vivir. Sin embargo, Mayra transitaba por las calles de la capital de tumbo en tumbo y las puertas se cerraban frente a su bello rostro. Comenzaba la cuarta semana de estadía en el austral país y la desesperación hacía presa de ella.
Su hermano le comentó que su jefe lo había invitado a beber unos tintos colombianos, conociendo, de paso, un café con piernas. El big boss, con la seguridad de sentirse en una cima, precaria por lo demás, le dio pormenores de este bizarro y lucrativo negocio de impronta absolutamente chilena. Al anochecer compartió estos contenidos con su hermana. - Es la oportunidad que buscabas. Posees todo lo necesario para ser garzona en esos lugares. Y las ganancias no son para nada despreciables-. Bastó que él acabara su exposición para que Alejandra reapareciera por sus fueros.
(Continuará)
jueves, 28 de mayo de 2026
Mayra vs Alejandra (2° parte)
miércoles, 27 de mayo de 2026
Mayra vs Alejandra (1° parte)
"Por doble que fuera, no he sido nunca lo que se dice un hipócrita. Los dos lados de mi carácter estaban igualmente afirmados: cuando me abandonaba sin freno a mis placeres vergonzosos, era exactamente el mismo que cuando, a la luz del día, trabajaba por el progreso de la ciencia y el bien del prójimo."
(El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. R.L. Stevenson)
Me encontraba cursando el segundo semestre del Magister en Estudios de Género, Intervención Psicosocial y Psicología Clínica en una universidad que no mencionaré, con el propósito de proteger a las inocentes personas que pululan ese mundo irreal y alternativo. La profesora del ramo de Psicología Afirmativa y Diversidades (LGBTQ+) nos dio como tarea final de la asignatura un trabajo que abarcara algún aspecto psico-social de una persona real, pero que desempeñara un trabajo u oficio fuera de lo común.
Yo siempre he sido un anacoreta y me he refugiado en los libros y en disfrazarme de eterno estudiante. Ya friso los cuarenta años y poseo menos calle que una pantufla. Por ende, la encomienda de la docente me sustrajo violentamente de mi zona de confort. Intenté asomar mi cabeza para solicitar pronta ayuda a cualquier integrantes de mi curso y di con el profesor Manuel.
Este personaje era un bonachón docente de unos sesenta y cuatro años, quien por tedio a su trabajo se había conseguido una beca y la dispensa de su colegio por dos años con el fin de estudiar lo más impracticable e inservible de este mundo, según sus propias palabras. Percibió mi condición de refugiado de la sociedad y decidió prestarme ropa, aunque retrospectivamente, me cedió un ropero entero.
Me enteré que era un asiduo visitante de los cafés con piernas del casco histórico de la capital, cuando me invitó a visitar uno de ellos con fines que comprendí rápidamente. Ingresamos a La Caverna, un local que se ubica en el Paseo Huérfanos, casi esquina Amunátegui. Al entrar saludó a casi toda la concurrencia y las ondinas, enfundadas en coquetos uniformes lo recibieron de besos y abrazos.
- Para el trabajo que nos encomendaron necesitamos a una persona con un laburo excéntrico, ¿no es verdad? Aquí hay superabundancia de niñas en ese predicamento-. Las palabras del profesor poseían una irresistible lógica.
Volví a mi centro de eterno estudiante nerd y encaré suavemente a Manuel -¿Nos encomendaron?
- No pretenderás realizar el trabajo solo. Somos socios en este predicamento. Yo te guío hasta aquí, te proveo de tu conejilla de indias, te solvento tus consumos y tú haces el trabajo. Me parece un trato justo-. El profesor era veterano de mil batallas.
Iba a renegociar el trato, que me parecía un tanto draconiano, cuando Mayra irrumpió en escena. Una caribeña extraída de un pueblito mágico llamado Santa Elena, cerca de Cali. Un metro sesenta y ocho de incomparable belleza exótica. Poseedora de unas curvas rotundamente pronunciadas, una cara de pimpollo que dejaba sin aliento, rematando en una ígnea caballera roja. Semejaba una de las musas del afamado y underground dibujante Robert Crumb, solo que ella llevaba a la perfección ese arquetipo de mujer.
Manuel, al ver mi estupefacta expresión olfateó el buen negocio. - Creo que ya encontramos a nuestra cobaya.
(Continuará).
lunes, 25 de mayo de 2026
La bella del café y la bestia del barrio (5° parte y final)
El automóvil se detuvo en la esquina de Teatinos con el Paseo Huérfanos y Yerko le lanzó un billete de diez mil pesos al chofer y, con su camisa y chaqueta ensangrentada, bajó del carro. Con paso lastimoso se dirigió a la entrada del Café y empujó una de sus mamparas empavonadas. Cayó de bruces al interior del establecimiento y una de las sirenas lanzó un aterrador grito al ver su vientre teñido profusamente del color rojo furioso.
Cielo lo reconoció en el acto y se abalanzó sobre él.
- Lo hice por ti, mi amor-. Las palabras de Yerko sonaban apenas audibles para ella. - A todos los que te hicieron daño los maté. Perdóname, por favor.
Cielo lo acomodó en su regazo y con lágrimas en los ojos conminó a la cajera que llamara a una ambulancia. Yerko, ya agonizante y con una mirada que pertenecía a otro espacio la disuadió. En ese preciso momento, tres matones, que venían siguiendo de cerca al moribundo, irrumpieron en el lugar armados con pistolas ametralladoras ASMI y sin dilación, acribillaron a la pareja a sangre fría, escapando raudamente del Ángeles y Diosas.
Los cuerpos inertes de ambos amantes, semejaban una imagen violenta de El beso de Gustav Klimt, cuyos dorados colores, esta vez se teñían de sangre carmesí.
Al caer la noche en Santiago de Chile, los noticiarios televisivos, mayoritariamente populistas e imprecisos a sabiendas, titulaban "Violenta balacera entre hampones venezolanos y chilenos en un Café con piernas del centro de la capital".
Los nombres de Cielo Rivera, la maracucha que soñó con torcer su destino, y Yerko Catalán, quien siguió los tristes pasos del Benjamín Otálora de Borges, ya eran parte de la intrahistoria. Aquella que ocurre en aguas abisales, que es donde se gesta realmente la vida.
FIN
sábado, 23 de mayo de 2026
La bella del café y la bestia del barrio (4° parte)






