jueves, 28 de mayo de 2026
Mayra vs Alejandra (2° parte)
miércoles, 27 de mayo de 2026
Mayra vs Alejandra (1° parte)
"Por doble que fuera, no he sido nunca lo que se dice un hipócrita. Los dos lados de mi carácter estaban igualmente afirmados: cuando me abandonaba sin freno a mis placeres vergonzosos, era exactamente el mismo que cuando, a la luz del día, trabajaba por el progreso de la ciencia y el bien del prójimo."
(El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. R.L. Stevenson)
Me encontraba cursando el segundo semestre del Magister en Estudios de Género, Intervención Psicosocial y Psicología Clínica en una universidad que no mencionaré, para proteger a las inocentes personas que pululan ese mundo irreal y alternativo. La profesora del ramo de Psicología Afirmativa y Diversidades (LGBTQ+) nos dio como tarea final de la asignatura un trabajo que abarcara algún aspecto psico-social de una persona real, pero que desempeñara un trabajo u oficio fuera de lo común.
Yo siempre he sido un anacoreta y me he refugiado en los libros y en disfrazarme de eterno estudiante. Ya friso los cuarenta años y poseo menos calle que una pantufla. Por ende, la encomienda de la docente me sustrajo violentamente de mi zona de confort. Intenté asomar mi cabeza para solicitar pronta ayuda a cualquier integrantes de mi curso y di con el profesor Manuel.
Este personaje era un bonachón docente de unos sesenta y cuatro años, quien por tedio a su trabajo se había conseguido una beca y la dispensa de su colegio por dos años con el fin de estudiar lo más impracticable e inservible de este mundo, según sus propias palabras. Percibió mi condición de refugiado de la sociedad y decidió prestarme ropa, aunque retrospectivamente, me cedió un ropero entero.
Me enteré que era un asiduo visitante de los cafés con piernas del casco histórico de la capital, cuando me invitó a visitar uno de ellos con fines que comprendí rápidamente. Ingresamos a La Caverna, un local que se ubica en el Paseo Huérfanos, casi esquina Amunátegui. Al entrar saludó a casi toda la concurrencia y las ondinas, enfundadas en coquetos uniformes lo recibieron de besos y abrazos.
- Para el trabajo que nos encomendaron necesitamos a una persona con un laburo excéntrico, ¿no es verdad? Aquí hay superabundancia de niñas en ese predicamento-. Las palabras del profesor poseían una irresistible lógica.
Volví a mi centro de eterno estudiante nerd y encaré suavemente a Manuel -¿Nos encomendaron?
- No pretenderás realizar el trabajo solo. Somos socios en este predicamento. Yo te guío hasta aquí, te proveo de tu conejilla de indias, te solvento tus consumos y tú haces el trabajo. me parece un trato justo-. El profesor era veterano de mil batallas.
Iba a renegociar el trato, que me parecía un tanto draconiano, cuando Mayra irrumpió en escena. Una caribeña extraída de un pueblito mágico llamado Santa Elena, cerca de Cali. Un metro sesenta y ocho de incomparable belleza exótica. Poseedora de unas curvas rotundamente pronunciadas, una cara de pimpollo que dejaba sin aliento, rematando en una ígnea caballera roja.
Manuel, al ver mi estupefacta expresión olfateó el buen negocio. - Creo que ya encontramos a nuestra cobaya.
(Continuará).
lunes, 25 de mayo de 2026
La bella del café y la bestia del barrio (5° parte y final)
El automóvil se detuvo en la esquina de Teatinos con el Paseo Huérfanos y Yerko le lanzó un billete de diez mil pesos al chofer y, con su camisa y chaqueta ensangrentada, bajó del carro. Con paso lastimoso se dirigió a la entrada del Café y empujó una de sus mamparas empavonadas. Cayó de bruces al interior del establecimiento y una de las sirenas lanzó un aterrador grito al ver su vientre teñido profusamente del color rojo furioso.
Cielo lo reconoció en el acto y se abalanzó sobre él.
- Lo hice por ti, mi amor-. Las palabras de Yerko sonaban apenas audibles para ella. - A todos los que te hicieron daño los maté. Perdóname, por favor.
Cielo lo acomodó en su regazo y con lágrimas en los ojos conminó a la cajera que llamara a una ambulancia. Yerko, ya agonizante y con una mirada que pertenecía a otro espacio la disuadió. En ese preciso momento, tres matones, que venían siguiendo de cerca al moribundo, irrumpieron en el lugar armados con pistolas ametralladoras ASMI y sin dilación, acribillaron a la pareja a sangre fría, escapando raudamente del Ángeles y Diosas.
Los cuerpos inertes de ambos amantes, semejaban una imagen violenta de El beso de Gustav Klimt, cuyos dorados colores, esta vez se teñían de sangre carmesí.
Al caer la noche en Santiago de Chile, los noticiarios televisivos, mayoritariamente populistas e imprecisos a sabiendas, titulaban "Violenta balacera entre hampones venezolanos y chilenos en un Café con piernas del centro de la capital".
Los nombres de Cielo Rivera, la maracucha que soñó con torcer su destino y Yerko Catalán, quien siguió los tristes pasos del Benjamín Otálora de Borges, formaban parte de la intrahistoria, aquella que ocurre en aguas abisales, que es donde se gesta realmente la vida.
FIN
sábado, 23 de mayo de 2026
La bella del café y la bestia del barrio (4° parte)






