sábado, 23 de mayo de 2026

La bella del café y la bestia del barrio (4° parte)

 


Se sentó en un sillón que enfrentaba directamente al Big Boss. A sus costados los tres restantes jefes se dispusieron a escuchar la propuesta de este hamponcillo chileno., no sin antes recibir una explicación que sonaba más a burla que un perdón dicha por el dueño de la situación.

- Yerko, lo sucedido la otra noche es el precio que debes pagar por tu lealtad. Es duro, pero así probamos a los  nuevos reclutas.

La palabra recluta caló hondo en las fibras de Yerko. Empero, se debía atener a su plan y ni un músculo de su faz delató su ira interna. Prosiguió explicando el asalto a esa joyería. Tanto la estrategia, el botín y su labia se volvieron irresistibles para la selecta concurrencia. Una vez que percibió la guardia baja de los energúmenos, verificar que los carcamales mayores no poseían armas y memorizar el lugar exacto de los dos guardaespaldas en la habitación, decidió asumir su destino.

  Extrajo la parabellum y de un tiro a quemarropa destrozó el rostro del cabecilla, cuya sangre salpicó en abundancia. De inmediato, descargó dos balazos a ambos espalderos, realizando fama en la frente de uno e hiriendo en el muslo derecho al otro. Se abalanzó sobre el segundo de abordo y la ACP que se alojaba en su tobillo, era descargada en la sien derecha, derramando su masa cerebral por doquier. Los otros dos tunantes intentaron un torpe escape. Uno de de ellos resbaló en la mullida alfombra y Yerko lo asió de la cabellera y lo degolló con un certero cuchillazo de la siniestra karambit. El último  de su lista negra estaba por alcanzar el botón del ascensor del penthouse cundo Yerko le lanzó la shuriken y una de sus afiladas puntas ingresó por su nuca, penetrando completamente por el músculo semiespinoso.

En ese momento, el guardaespaldas herido de un muslo lo cogió con ambos manos y le propinó un cabezazo que le fracturó su nariz. Yerko, inmovilizado, atinó a dar una patada descendente en el muslo herido y ensangrentado del mastodonte. El animal cayó sobre él y extrajo una pistola de su faltriquera y alojó dos balazos en el vientre del desafortunado chileno. Con la última munición que se hallaba en su ACP dio blanco en el cuello de toro del sicario, dando este con el suelo y agonizando por breves segundos.

Yerko, con su nariz fracturada y con dos proyectiles alojados en su vientre, bajó los veinticinco pisos, sentado en el piso del ascensor. Ya en la calle, detuvo un taxi que transitaba en ese momento y, apuntando al conductor,  le dio la dirección del Ángeles y Diosas.  

viernes, 22 de mayo de 2026

La bella del café y la bestia del barrio (3° parte)


 Luego de unos escasos minutos, ambos amantes confirmaron que los malsanos hombres deseaban a Cielo aquí y ahora. Así, de manera tosca e irreverente, se lo expusieron a Yerko. Entre la espada y la pared, el otrora Don, convertido en un iniciado sottocapo del cartel caribeño, intentó una tibia defensa de su dama. Dos gorilas que custodiaba al capo di tutti capi lo levantaron en vilo y lo arrojaron violentamente en un sillón y lo conminaron a permanecer quieto como torre de ajedrez. Condujeron a Cielo a una alcoba y se encerraron con ella los cuatro líderes.

Una vez consumado el capote, Cielo se encontraba tumbada en el amplio tálamo, semidesnuda, moreteada, llorando y recogida en su bella anatomía. Los pérfidos mafiosos abandonaron el lugar, dejando tras de sí a una pareja sumida en la rabia y la impotencia. 

- ¡Para esto me trajiste a este lugar, malparido! ¡Crees que soy un animal que puedes sacrificar para el gusto de tus jefes¡  ¡No quiero verte nunca más!

En vano intentó Yerko explicar lo inexplicable. Cielo cerro todas sus puertas al malevo venido a menos. Si bien, el ingreso al Ángeles y Demonias lo tenía asegurado, debido a la abultada cuenta que dejaba cada vez que consumía en ese lugar, la bella le aplicó una feroz ley del hielo. Sin embargo, el amor que comenzó a carcomer su corazón le conminó a un acto reparatorio y ejemplar. Planeó durante varios días las acciones que llevaría a cabo. Cual Travis frente al espejo, recitó varias veces frente la osada estrategia como si fuera un mantra.

Armándose de un valor que lo había extraviado en sus años mozos de pendenciero del Barrio Franklin, dirigió sus pasos hacia el penthouse del hampón mayor. Iba armado de una parabellum de 9mm, una 380 ACP de 9mm corta, discretamente guardada en su tobillo derecho, un shuriquen alojado en su bolsillo falso del pantalón y un cuchillo karambit táctico que lo adosó a su barriga con una cinta adhesiva común.

Yerko Catalán subió los veinticinco pisos de lujoso edificio y las puertas de ascensor se abrieron de par en par, mientras los gánsteres  lo esperaban arrellenados  en sillones de cuero, esperando las buenas nuevas que les traía este asomado pistolero, respecto a una joyería que, debido a su escasa protección, se encontraba gritando a los cuatro vientos ser asaltada.

(Continuará)

lunes, 18 de mayo de 2026

La bella del café y la bestia del barrio (2° parte)


 El Yerko había nacido en una maloliente cama de un añoso cité de la calle San Francisco, ubicado en el populoso Barrio Franklin. Sus escuelas fueron las sucias y pedregosas calles y las pandillas de pelusas carteristas de poca monta, quienes solo conocieron la escuela por fuera. Sin embargo, se les mentaba como diestros en el arte de la apropiación indebida. Al llegar a su primavera temprana se erigió como indiscutido líder, derrotando a cuanto Fagin se le cruzara en su camino. Al cumplir la mayoría de edad, reinaba, sin contrapeso, el perímetro comprendido entre las calles San Isidro, Placer, Nataniel Cox y Ñuble. El poder lo ejercía con mano dura y con la repartija de ganancias del botín que eran similares a las del Cid Campeador, aseguraba cierta fidelidad de sus mesnadas.

Las autoridades chilenas realizaron, hace algunos años atrás, una invitación a venezolanos que deseaban emigrar de su terruño, ya que las papas de la vida no se se encontraban dándose bien en esas tierras y, en masa, arribaron a distintas ciudades chilenas. Lamentablemente, entre esos miles de hombres y mujeres de bien, se colaron unos facinerosos que, aprovechando la cándida invitación, arribaron con una maletas repletas de malas intenciones. Esos cacos caribeños mostraron de inmediato sus aviesas intenciones cometiendo atracos y sicariatos nunca vistos en suelo andino, debido a su ferocidad y sangre fría. Yerko fue reclutado por ellos, por efecto de su posición de relativo poder en su feudo y sobrevivió a las duras encomiendas de los nuevos mandamases.

Cielo y Yerko al entrar en conocimiento, luego de una visita del capo de Franklin al Ángeles y Diosas, percibieron que la mezcla química que amalgamaron de inmediato era poderosa. Ese fin de semana ella yacía en el pecho de su amante, luego de unos tórridos encuentros. Los primeros escarceos fueron generosamente desembolsados por este. Sin embargo, las citas siguientes eran del deleite de ambos, con un tufillo sospechoso y muy parecido al amor, quedando fuera el estipendio. Sin embargo, el lado oscuro y fantoche del tunante reclamaba su lugar de privilegio y presentó en sociedad a su nueva adquisición. Los líderes del cartel ya habían posesionado sus libidinosos ojos en las pronunciadas curvas de Cielo y reclamaron su derecho a pernada. El necio de Yerko, esperando congraciarse con sus nuevos compañeros de fechorías, llevó a una reunión privada de malevos a su princesa.

Al ingresar al lujoso departamento y observar que ella era la única sirena entre unos tritones sedientos de una sed malsana, Cielo temió por su integridad y Yerko olfateó el torcido curso de los acontecimientos que se avecinaban. 

(Continuará) 

viernes, 15 de mayo de 2026

La bella del café y la bestia del barrio (1° parte)


 - Yo así engaño al sistema- , dijo la bella cuando el cliente, al saludarla con un abrazo, percibió su teléfono celular discretamente escondido bajo la pretina de la diminuta minifalda que se ceñía a su cintura de avispa. Cielo Rivera, una beldad originaria de Maracaibo, residía solo hace dos meses en Santiago de Chile y confiaba en que le prorrogarían la visa de turista por segunda vez, ya que los tiempos y las urgencias monetarias apremiaban.

Su trabajo de garzona sexi en el Café con piernas Ángeles y Demonias del centro cívico, le reportaba un sueldo mínimo precario, pero que se aumentaba generosamente con las propinas de los habitués del aromático lugar. Hacía ya varios años que venezolanas y colombianas se tomaron por asalto estos bizarros establecimientos. Sus dueños percibieron rápidamente la sideral diferencia entre las bellas nacionales y las coquetas, curvilíneas, mimosas y dóciles caribeñas que coparon estos seudo templos del placer fantasioso. Cielo encajaba a la perfección en ese mundillo.

El celular que guardaba precavidamente en su falda era la conexión con su nuevo trabajo de medio tiempo. La severa dueña del local no permitía el uso de este aparato durante la jornada y las obligaba a entregarlo a la cajera, porque se distraían de la atención a los parroquianos. Cielo entregaba el suyo, pero poseía un pequeñísimo segundo celular. Una de las trabajadores del Café la había iniciado en la profesión más antigua del mundo. La maracucha cobraba un alto emolumento por sus servicios, seleccionaba a su clientela, generalmente, hombres de mediana edad, de posición económica aceptable y con deseos de una hermosa compañía femenina que los escuchara, luego de un breve encuentro íntimo.

Hasta que apareció en el Ángeles y Demonias el Yerko Catalán.

                                               (Continuará)

martes, 10 de febrero de 2026

Fernanda es adictiva (V parte y final)

 

Con obvias dudas y un millón de pesos en sus bolsillos, decidió confesarse con su madre. Esta, al enterarse de lo ocurrido a su hija, la conminó a sentarse en el sofá del departamento  y le solicitó que la escuchase atentamente, sin interrumpirla.

Fernanda, nuestra familia posee un secreto que solo se devela si a una de nuestras mujeres le ocurre lo que te aconteció a ti. Tu tatarabuela Eufemia llegó a Macondo de la mano de una mujer llamada Pilar Ternera, hace ya dos siglos. Tanto tiempo atrás que casi solo algunas de nosotras lo recordamos. Su primer trabajo fue atender machacantes en la tienda de un tal Catarino. Ya en ese tiempo, tu, entonces, joven pariente era diestra en las dotes de la hechicería. Junto a su hermana Clotilde preparaban brebajes para atraer a sus clientes. En una ocasión, bebieron de una pócima que les entregó el don de la seducción. Al nacer sus hijas Waldina y Gertrudis, cayeron en cuenta que una de ellas había heredado el don de la atracción varonil, sin necesidad de consumir el bebedizo. Bastaba que los hombres estuvieran en contacto con algunos de sus fluidos corporales para que perdieran la razón, con consecuencias insospechadas. De ahí en más, la familia  estaba con el ojo avizor. Cada descendiente era observada, ya que la magia se manifestaba de tarde en tarde en alguna de nosotras.  

Desfilaron Petronila y Natividad, que sobrevivieron a las Guerras Civiles, con un pequeña tienda de costureras. Prudencia y Serafina, que gozaron del auge bananero y se salvaron por un pelo de la gran masacre y el diluvio, mantuvieron el negocio a duras penas. Afortunadamente, Teodora y Rufina abandonaron esa ciudad maldita y decadente, que según crónicas, desapareció de la memoria de los hombres, mas no de algunas mujeres. Ni tu abuela Rufina, ni yo heredamos la maldición, disfrazada de privilegio. Nos establecimos en Pereira y el resto de la historia ya la conoces. Lo que te sucedió en tu trabajo es prueba de que esta abominación recayó en tu persona. Fernanda, cuídate y recibe con cautela este legado, ya que posee doble filo.

La beldad no reflexionó y el mensaje de su madre le resultó exagerado. El gran botín logrado en tan poco tiempo y el respaldo de la mandamás del café le dio unas alas de cartón. De ahí en más, la bella se creyó la abeja reina del Embajadoras y mandó al traste a sus compañeras de trabajo. La sedujo la desusada cantidad de dinero recaudado en una semana de trabajo. En esta ocasión, pinchó uno de sus dedos e introdujo gotas de su sangre en los capuchinos, cortados, lates y machiatos, sirviéndoles a cuanto cliente pudo. Si en cinco días logró lo inesperado con solo la leve transpiración de sus dedos, ni se imaginaba lo que lograría ahora con su líquido vital.

En el local, trece, de un total de veintidós parroquianos, bebieron de su esencia, esperando la atención total de esa concurrencia hacia su persona. Sin embargo, esta vez no era un leve trasudor de su mano. Sus fluidos más concentrados eran consumidos por parte de la concurrencia. Uno de los clientes se abalanzó sobre Fernanda, intentando besarla apasionadamente. Seguidamente, cinco trogloditas se la arrancaron de sus manos e intentaron desnudarla, rajando su sensual y breve vestimenta. Los siete machos otoñales restantes fueron en defensa de la dama en apuros y se trenzaron en una batalla campal, que incluía golpes de puño y patadas por doquier. Volaron sillas, mesas, vajillas y vasos. Los mozos de limpieza y cocineros intentaron interceder, fracasando totalmente. La sangre de los gladiadores ocasionales regaba el piso y el local se destruía por dentro. Todas las mozas se asilaron en el camerino y cuando la cocina ardía peligrosamente, porque la batalla se había trasladado allí, apareció la policía. Pero, los hombres seguían golpeándose salvajemente. Uno de los uniformados disparó varios tiros al aire y fue la señal divina que despertó de la pesadilla a la concurrencia.

Se necesitó un bus de Carabineros para llevar detenidos a veintidós energúmenos, quienes sufrieron heridas y fracturas de consideración, Además se necesitó del concurso de bomberos, para aplacar el incendio que amenazaba con desbordarse. La dueña del Embajadoras sopesó todo el gran estropicio, después del pandemónium ocurrido. Se encerró con Fernanda en su chamuscada oficina y, con asombro, se enteró de la verdad. La sirena era una bomba de tiempo ambulante y difícilmente lograría el control de su don para su beneficio. La despidió con el dolor de dejar ir a un tesoro preciado. Ya lo había profetizado el vidente Lord Acton, expresando que el poder corrompe y el poder total, corrompe totalmente. Lenin, el severo, agregó que, salvo el poder, todo es una ilusión. Para finalmente, el excelso Stan Lee rematar con que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. 

                                                 FIN 

lunes, 9 de febrero de 2026

Fernanda es adictiva (IV parte)

 


Al día siguiente, Fernanda apostó por su buena estrella. Ingresaron dos clientes habituales de su corral al café. Introdujo uno de sus dedos en los vasos de soda y se los sirvió. A los pocos minutos, aquellos hombres solicitaron la presencia de ella para tenerla lo más cerca posible. Ya era un hecho. Sus dedos eran mágicos y provocaban a los sentidos de los hombres que bebían agua, que previamente había estado en contacto con su pulgar, índice, corazón, anular o meñique. Al retirarse, los veteranos depositaron en su mano el billete más preciado.

Pasaron los días y la cartera completa de clientes se rendía ante sus pies y las propinas acumuladas, solo en una semana, ya alcanzaba el millón de pesos. El récord se rompía y de manera espectacular. Empero, Fernanda, imposibilitada de comprender las señales de ese mal lunes pasado, también desolló las evidentes marcas actuales que se encontraban ante sus bellos ojos ahora y que le suplicaban prudencia. Comenzó a introducir, subrepticiamente, sus dedos en varios consumidores que no pertenecían a su redil.  

Se precipitó la causa y el efecto. Todos los parroquianos intoxicados con la esencia de Fernanda requirieron con insistencia su presencia y atención exclusiva. Al finalizar el día de trabajo y con unas sustanciosas propinas en su bolsillo entró al camerino para cambiarse de ropa. El resto de las ninfas la esperaban en pie de guerra.

Rosita abrió los fuegos. - ¡No nos interesa que ganes mucha plata con tus clientes, pero que nos quites los nuestros es algo que no te lo aguantaremos! ¡No tenemos idea cómo lo haces, pero esto debe acabar!-. Acto seguido, una bofetada en una de las mejillas de Fernanda resonó. Las garzonas que hasta el momento era solo espectadoras rompieron en un sonoro aplauso, celebrando, tanto las palabras, como la acción de la ocasional líder. El temperamento de Fernanda se encendió y saltó sobre su rival y comenzó a darle fieros tortazos, acabando ambas en el piso. 

El barista y un aseador ingresaron raudamente y separaron a las leonas. La dueña del café confrontó a ambas y con autoridad las conminó a nunca volver a repetir esta escena, caso contrario, las pondría de patitas en la calle. La jefa conocía su negocio y sabía que la presencia de Fernanda era la principal razón del gran repunte de las ventas del café. Despedirla sería un craso error.  

                                                                 (Continuará)

viernes, 6 de febrero de 2026

Fernanda es adictiva (III parte)

 

Los tiempos en el café Embajadoras transitaban pausadamente. El conflicto entre Rosita y Fernanda aparentemente parecía olvidado, aunque el cliente de la apetitosa propina solo deseaba atenderse con esta última. Era una piedrecilla en el estilizado calzado de ella. Un día lunes amaneció con inequívocas señales imposibles de leer por Fernanda. La alarma de su despertador no sonó, por lo que llegó atrasada al trabajo; se le olvidó embellecer sus labios con el lápiz labial que tanto le gustaba; un peatón le dedicó un grosería, disfrazada de piropo y se le corrió un punto de sus costosas medias elasticadas. Su cartera de clientes esa mañana prometían una visita masiva. 

Fernanda los atendía con su acostumbrado trato almibarado y ese acento paisa que no dejaba indiferente a los varones del lugar. Al servir una agua soda, mirando en otra dirección, apretó el botón sin darse cuenta que el chorrito del liquido se escurrió por sus dedos antes de ingresar al vaso. El local se encontraba abarrotado y ella no se encontraba para remilgos y se lo sirvió, prontamente, a su sesentón cliente, junto al humeante capuchino. Una vez que el rabo verde bebió la soda, comenzó a llamarla insistentemente con el fin de que conversara con él. Fernanda echó mano a todo su oficio para atender los requerimientos del tunante, sin dejar de lado a los demás. Al costear la cuenta le dejó una propina de veinte mil pesos en sus manos.

Tanto la cajera y las demás chicas del lugar se sorprendieron, ya que ese billete era el de más alta denominación y en escasísimas ocasiones algún usuario lo regalaba por alguna atención especial de las garzonas. Era la segunda vez que Fernanda recibía una pingüe e insólita retribución por servir un par de sodas y un capuchino. Esa noche, en su dormitorio, repasó el día de trabajo. Caviló brevemente y unió los acontecimientos. El agua regó sus dedos antes de ingresar a los dos vasos y , posteriormente, cuando ambos hombres bebieron de ese cáliz centraron una insistente fijación únicamente en su persona.

                                                                         (Continuará)