En casi exactamente una hora me narró su periplo. Su niñez fue apacible, rodeada de su familia en un pequeño y acogedor pueblito colombiano. Sin embargo, con el advenimiento de la primera juventud y la llegada de su menarquia, apareció intempestivamente Alejandra. Mayra creyó que era su propio monólogo interno que la distraía de su inmediata realidad. ¡Qué equivocada estaba! Era su socías, su gemela malvada, la bad cop que irrumpía como un geiser fuera de control.
En su etapa escolar adolescente, Alejandra, alojada en su interior, la instaba a realizar cimarras, fumar, beber alcohol y conquistar jóvenes guapos. Una vez realizadas las pilatunadas, Alejandra desaparecía y dejaba a la conservadora Mayra con un triste sentimiento de culpa, acompañada de jaquecas, boca pastosa y oliendo a muchachos ansiosos y sudorosos. - La vida es una sola y solo sirve para devorarla-. La sentencia de Alejandra resultaba imperiosa e irresistible, para luego desaparecer hasta nuevo aviso.
El buen juicio y las tradiciones comenzaban a consolidarse con la mayoría de edad en Mayra, mas el alter ego, ubicada en las antípodas y agazapada en algún recodo de su mente esperaba cualquier situación para reaparecer de improviso. Mayra, junto a su hermano, deciden cambiar su estrella y se convierten en migrantes, viajando a Santiago de Chile, la nueva meca de Latinoamérica, que supuestamente, les ofrecería lo que su terruño natal les negaba.
Alejandra no necesitó un boleto de viaje, ya que en calidad de polizona, arribó junto con Mayra. El hermano consiguió con una rapidez inusitada, un trabajo de delivery que apenas le alcanzaba para vivir. Sin embargo, Mayra transitaba por las calles de la capital de tumbo en tumbo y las puertas se cerraban frente a su bello rostro. Comenzaba la cuarta semana de estadía en el austral país y la desesperación hacía presa de ella.
Su hermano le comentó que su jefe lo había invitado a beber un tinto colombiano, conociendo, de paso, un café con piernas. El big boss, con la seguridad de sentirse en una cima, precaria por lo demás, le dio pormenores de este bizarro y lucrativo negocio de impronta absolutamente chilena. Al anochecer compartió estos contenidos con su hermana. - Es la oportunidad que buscabas. Posees todo lo necesario para ser garzona en esos lugares. Y las ganancias no son para nada despreciables-. Bastó que él acabara su exposición para que Alejandra reapareciera por sus fueros.
(Continuará)

