miércoles, 7 de mayo de 2025

Depredadores tóxicos (2° parte)


 Con Macarena López establecimos un pacto de camaradería, curtido por los años de ser una pareja de policías que se conocen mejor que a sus cónyuges, por lo que mi chascarro pasó a mejor vida y se archivo como un descuido propio de un agente que se sabe pronto a su retiro. Averiguamos que los dos asesinatos anteriores no reportados, mantenían similares características al del condominio de San Eugenio, es decir, cruentos crímenes de hombres, departamentos destartalados y sanguinolentos y con las cerraduras activadas desde dentro.

A ello, se agregaban aspectos que yo, luego de mi reciente y triste reacción con la sargento López, no dejaría pasar. Las locaciones eran departamentos que se ubicaban entre los pisos quinto al décimo cuarto. Los tres asesinatos se situaban en la comuna de Ñuñoa, más bien el perímetro ubicado entre las calles Vicuña Mackena, Guillermo Mann, Pedro de Valdivia y José Domingo Cañas. Los crímenes anteriores no habían sido denunciados, por temor de los vecinos de verse involucrados, ya que, según ellos, los policías de la Comisaría  de Guillermo Mann esquina de Maratón y otras, no destacaban por su trato afable y su desconfianza hacia los vecinos era moneda de cambio.

 Con la Sargento visitamos los dos departamentos donde ocurrieron los otros hechos violentos. Como no hubo denuncia los sitios ya se encontraban intervenidos por terceros y uno de los cuerpos se hallaba desaparecido y el otro arrojado al Canal San Carlos, el que se encontró apenas hace dos días atrás. Solo restaba interrogar a los vecinos. Una anciana del Block 80 ubicada en la Villa Olímpica nos comentó que el hombre asesinado vivía solo en su dúplex  y que trabajaba de dependiente en unos locales ubicados al costado de la Estación Ñuble del Tren Metropolitano de la capital y que la noche del siniestro sintió ruidos de forcejeos y un desgarrador grito, seguido de silencio absoluto.

La otra víctima, cuyo cuerpo se encontraba desaparecido, habitaba un departamento de la calle Orrego Luco. Los testigos lo calificaron de un joven huraño y solitario. Algunas vecinas, por lo bajo, destacaron lo buenmozo que era. Agregaron que se encontraba cuidando el departamento de una hermana y que laboraba en un quiosco aledaño a la Estación del Metro Ñuble. Las coincidencias se hacían presentes. Mismo barrio, iguales ocupaciones de dos de los occisos y los singulares y desconcertantes asesinatos realizados a puertas cerradas con cerraduras accionadas desde el interior y en pisos de alturas considerables. ¿El criminal (o los criminales) poseían alas? ¿Eran alpinistas expertos? ¿Levitaban?. 

Así de desconcertados nos encontrábamos con la sargento López. Volvimos a la realidad y decidimos realizar trabajo policíaco de verdad y nos apersonamos en las afueras  de la estación Ñuble e interrogamos a los dependientes de las pequeñas tiendas, mostrándoles las fotos de los occisos. La mayoría los reconocía y daban muestras de pesadumbre por sus aciagos destinos. Hombres jóvenes, serviciales y muy bien plantados. Respecto a la víctima del piso catorce de San Eugenio, era un profesor a punto de jubilar y, salvo el rasgo de vivir cercano a las otros desgraciados, no concordaba con el perfil de ellos. Aún sin una pista significativa que nos encaminara de manera decidida, tanto al móvil, como a los posibles culpables, una llamada urgente a mi celular de parte del equipo de criminalística nos sobresaltó.  

martes, 22 de abril de 2025

Depredadores tóxicos (1° parte)


 
Esta mañana, hacia las tres, los habitantes del quartier Saint-Roch fueron arrancados de su sueño por los espantosos alaridos procedentes del cuarto piso de una casa situada en la rue Morgue, ocupada por madame L'Espanaye y su hija, mademoiselle Camile L'Espanaye. 
                 ("Los crímenes de la calle Morgue". Edgard Allan Poe)                                                                                                        

Mi nombre es Ramiro Peñaloza y trabajo hace ya cuarenta años en la Brigada de homicidios (BH) de la Policía de Investigaciones de Santiago de Chile. Me encuentro ad portas de mi retiro voluntario y mis superiores me acaban de encargar la misión de aclarar una serie de homicidios ocurridos en la comuna de Ñuñoa. Un sector apacible, que no califica ni de lejos para acontecimientos de sangre. 

Con la sargento López recibimos el dossier y nos enteramos que los occisos ya se contaban en tres. Solo en el último evento un vecino estampó la demanda ante fiscalía, razón por la cual los laboratoristas del Departamento de Medicina Criminalística ya habían realizado su trabajo pericial en un departamento de un condominio de la Avenida San Eugenio, frente al parque del mismo nombre. 

Al ingresar hubo que utilizar mascarillas, ya que el hedor era insoportable. Un desorden que semejaba al paso de  un temporal que había arrasado aquel lugar nos dio la bienvenida. Grandes manchones del vital y carmesí elemento diseminados por paredes y pisos y un cadáver en tal estado de deterioro que aborrecía la vista y completaba el macabro cuadro. Las facciones humanas de su rostro se encontraban desfiguradas. Sus extremidades fracturadas y magulladas y su esternón, salvajemente a la vista, recubierto de cartílagos y trozos de carne daban una visión de pesadilla no recomendable para almas sensibles.

Revisé en detalle los cuartos restantes, en donde se reproducía el dantesco pandemonium de la habitación principal. Fue en ese momento que la sargento López se acercó y me susurró al oído: 
-Peñaloza, los de criminalista me acaban de informar que testigos escucharon gritos y ruidos intensos, luego de un silencio sepulcral. Lo extraño es que cuando llegaron los primeros agentes tuvieron que forzar la puerta de entrada, que se encontraba  asegurada desde dentro.
- La escuché y, sin realizar un juicio preliminar de sus palabras, le retruqué torpemente - ¿Y que hay con aquello Sargento? 
Me miró con una rictus burlón en su boca y sabiéndose, por unos instantes, superior a su comandante, me arrastró por el suelo diciéndome: - Peñaloza... estamos en el piso catorce.     

viernes, 8 de noviembre de 2024

La rebelión de las sirenas (4° parte y final)

 


El dossier de Macarena es convenientemente filtrado a los medios de comunicación hegemónicos chilenos de tendencia conservadora y exponen a la ninfa al escrutinio popular, tanto en canales de televisión de alcance nacional, como la prensa escrita amarillista. Fueron cuarenta y ocho horas de noticias y contenidos ininterrumpidos en que la masa crítica vio con aviesos ojos la filiación política de la moza. Nieta de terrorista, comunista y prostituta eran los epítetos que el vulgo comenzaba a mentar en la vía pública. Macarena recibió una llamada de los máximos líderes de la izquierda chilena y en los días siguientes se ventiló el perfil de Lucía Klement en las redes sociales, en varios portales de internet y unos periodistas que trabajaban en dos canales televisivos y aprovechando la primicia, exhibieron el currículo de la nieta del fallecido jerarca y asesino nazi. La opinión pública recibía un nuevo estímulo explosivo. A pesar que desde la lógica, ninguna de las dos mujeres debía cargar con el peso de sus familiares, la sentencia de la calle, inducida por los mass media se polarizó. Sorprendentemente, los jerarcas de las extremas derechas e izquierdas, quienes eran minoría, gozaban de claridad meridiana. Ambos apoyarían a todo evento a sus eventuales estrellitas ocasionales. Sin embargo, el resto del poder político se replegó en un misterioso mutismo. Los tradicionalistas moderados, si bien, veían con buenos ojos defender a una mujer emprendedora y exitosa, les dificultaba aparecer junto a una persona que recordaba un pasado ominoso para la humanidad. Los liberales, por su parte, salvaguardar a una mujer que se oponía abiertamente al poder omnímodo y sin contrapeso era un deber moral, pero las críticas de las feministas respecto a que Macarena perpetuaba el machismo al trabajar en un café con piernas y que su abuelo paterno buscara una solución armada y confrontacional en vez de una pacífica y reflexiva (que era la imagen que deseaban proyectar), les incomodaba. Incluso, al mismísimo gobierno chileno de jóvenes líderes de una supuesta izquierda renovada, tal incordio los superaba. Sin un acuerdo previo, apostaron todos y al unísono por desentenderse del quemante problema y apostar a la curva del olvido del populacho, cuya memoria padecía de un déficit atencional galopante. Los medios de comunicación dejaron de exhibir cualquier contenido siquiera tangencial del affaire Pellegrin - Klement y la llama se consumió lentamente. No así para la prensa mundial que siguió a distancia, pero con suma atención este singular conflicto criollo.

Macarena Pellegrin, aprovechando su incipiente fama, se radicó en Cuba y comenzó una carrera de embajadora y representante de la nueva juventud izquierdista libertaria. Lucía Klement optó por el ostracismo momentáneo, ya que los ultra derechistas la sacarían a la luz para probarla en una carrera política a futuro. Empero, en sus fueros internos, la bella tuvo que guardar en el baúl de sus sueños el convertirse en una modelo que exhibiría sofisticadas creaciones de diseñadores de alta costura en las más importantes pasarelas mundiales, ya que la familia Pellegrin debía mantener los ideales a todo evento. En cuanto a Lucía, su vocación de servicio había sido interrumpida abruptamente en su juventud, ya que secretamente viajó a Etiopía en los ochentas, con el fin de trabajar en el voluntariado, sin embargo, sus padres la trajeron de vuelta de un ala, mostrándole el futuro de empresaria ya trazado. Ambas intentaron una sublimación de sus vocaciones. Macarena llenando ese vacío con una breve estadía en un café con piernas. Lucía, con una cortísimo e interrumpido compromiso social en África. Dos monedas de oro, que las circunstancias y las contradicciones de la existencia habían confundido para siempre.

                                                  FIN   

miércoles, 6 de noviembre de 2024

La rebelión de las sirenas (3° parte)


 Fue una semana de intensa persuasión hacia la clientela por parte de la bella líder. Les informó del escaso sueldo recibido y los pésimos e ilegales tratos de la dueña con las sexis garzonas. Cuando reunió una masa crítica y previo acuerdo con el personal y en la hora de mayor asistencia al café, las mozas dejaron de atender y quedaron a pie firme, junto a cada mesa, pero sin ejecutar el menor movimiento. Unos segundos después, extrajeron unos kazoo de sus cinturones y provocaron ruidos estridentes. La mayoría de los clientes, que eran parte de la manifestación, corearon al unísono consignas que daban cuenta de la precaria situación de las empleadas. Lucía Klement miró fijamente a Macarena, pero su larga experiencia le indicó que el silencio era lo recomendable, aunque internamente se consumía en rabia. Se reunió con su administrador y luego de dos horas de intensos conciliábulos, aprovecharon la hora de cierre del local, reuniendo a la muchachada. Con asombro, las meseras escucharon que sus demandas serían estudiadas y que, por ahora, nadie sería despedida. El testaferro había convencido a la carcamal que la partida de Macarena resentiría significativamente las arcas del negocio y la actuación de los parroquianos suponía una simpatía hacia la causa de las cafeteras. La estrategia consistiría en dilatar cuanto sea posible y disparar hacia el córner las peticiones. Los siguientes días el aire tensionado dificultaba la respiración de todos. Si bien, el negocio funcionaba, en apariencia y sin sobresaltos, la procesión iba por dentro. Cualquier error, por mínimo que fuera, una acción demás o una palabra desafortunada, se creía que encendería una peligrosa mecha. Las semanas se sucedieron y el plan de Lucía, que tenía a la inacción como bandera de lucha, corría con ventaja. Macarena captó esta estrategia y activo la siguiente fase de la contraofensiva. Se contactó con varios populares influencers nacionales y un amigo periodista que trabajaba en un medio de alcance masivo moderado.  Era el mediodía del 22 de octubre y las mozas dejaron abandonados sus puestos de trabajo y salieron a la calle con sus atrevidos uniformes tocando sus kazoos, golpeando una olla, que sirvió de improvisado tambor y gritando consignas que reivindicaban sus derechos laborales. Afuera los esperaban el periodista con una cameraman y cuatro estrellitas de las redes sociales chilensis. Macarena y sus compañeras fueron entrevistadas por el reportero y los influencers y grabadas por todos, incluso por los transeúntes que se apostaron allí. Apenas habían transcurrido una media hora del hecho y Lucía despedía a todo el personal, mas su consiglieri  le aconsejo parar su tren desbocado, ya que en varios sitios virtuales los acontecido era trending topic y dos canales de televisión mostraban a las bellas protestando y mostrando sus arrebatadoras anatomías. 

Las trabajadoras ya se habían cambiado de ropas e iban a abandonar el café cuando la patrona las llamó a sentarse alrededor de un mesón del local cerrado tempranamente. Les reiteró la misma monserga del "estamos estudiando sus propuestas" y que todo volvía a fojas cero. Lucía había entendido que la publicidad para el Férula no tenía precio y que, si se deshacía siquiera de una niña, la clientela se le iría en su contra. Lo que Macarena no previó y sucedió en solo tres días, es que la noticia se esparció por varios medios de difusión y por las redes sociales más importantes. Entonces fue el conflicto. Un número no menor de personas empatizó con la causa de las muchachas. La prensa hegemónica aprovechó el momento y en sus programas televisivos faranduleros mostraban el lado morboso de la protesta y destacaban en sus imágenes la cantidad de piel mostrada por las sirenas, logrando un altísimo rating. La denominaron "La libertad de pierna", mofándose de paso. Sin embargo, Lucía poseía variados ases bajo la manga. Echó mano a sus contactos  del más alto nivel y pidió que investigaran a Macarena Pellegrin y que la noticia, que se encontraba alcanzando ribetes insospechados, la televisión lo manejara como un chascarro entretenido y efímero. Al unísono, Macarena llamó nuevamente al periodista y solicitó que indagara acerca de Lucía Klement. La comedia en redes sociales y la TV se mantenía viento en popa. Aparecieron las carpetas con los expedientes de ambas que contenían dinamita de alto tonelaje. Mientras Lucía se enteraba que Macarena era la nieta de Raúl Pellegrin, fundador e indiscutido líder del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, quien utilizando el sobrenombre del Comandante José Miguel, había sido el cerebro de este grupo guerrillero. Él había sido formado militarmente  en Cuba y Nicaragua en los setentas y ochentas y llevado a cabo variados actos que se convertirían en emblemáticos, siendo entre ellos la fallida internación de armas clandestinas por Carrizal Bajo, un poblado costero al norte de Chile y el atentado a Augusto Pinochet, dictador que gobernó diecisiete años, por medio de una cruenta dictadura cívico - militar. Siendo apresado en combate, el cuerpo de Raúl fue encontrado sin vida en el río Tinguiririca. La autopsia detectó horribles torturas en sus extremidades. El informe de Lucía no tenía nada que envidiarle al de Macarena. Era bisnieta de Ricardo Klement, identificación falsa que utilizó Adolf Eichmann, criminal de guerra nazi y uno de los responsables de La Solución Final en Polonia, que implicó el exterminio de millones de civiles, en especial judíos. Vivió escondido en varios países de Europa y escapa a Argentina en 1950, en donde es secuestrado diez años después por el Mossad, una agencia de inteligencia, y traslado a Israel. Es juzgado y condenado a morir en la horca.

La vida de Macarena Pellegrin sufriría un vuelco insospechado que tendría, tanto consecuencias nacionales, como internacionales. 

sábado, 2 de noviembre de 2024

La rebelión de las sirenas (2° parte).


Les comunicó a las demás empleadas del objetivo que había logrado y las conminó a la unión para hacerlo extensivo a todas. La primera impresión de las muchachas fue de asombro, ya que temblaban ante la sola presencia de Lucía Klement y no se explicaban cómo Macarena había tenido éxito. La mayoría le sugirió no remover las aguas y que se contentara con su meta. La bella sintió el grado de sumisión, debido al amedrentamiento de que eran objeto y, por esta vez, calló. Percibió que los hados se encontraban en la vereda de enfrente y esperó un mejor momento. Le mostró al administrador que un taco de su zapato izquierdo se gastaba, mientras que, del otro par, la punta del derecho tenía una leve rotura. Agregó que de su faja uno de los elásticos le apretaba demasiado. Su condición de diva del café le permitió recibir prontamente los repuestos que los distribuyó secretamente, entre las otras empleadas. La estrategia primaria consistía en ganar la confianza del personal. Fase cumplida con éxito moderado. El paso posterior consistió en aprovechar los escasos momentos de descanso y persuadir a las muñecas de lo precario de su estado laboral y que en conjunto podrían alcanzar un trato justo, sueldo acorde a sus capacidades y las prebendas que la ley chilena les otorgaba. Esta vez, unas cuantas le prestaron oídos. Macarena preparaba el escenario para su primer movimiento significativo. Su clientela aumentaba exponencialmente y sus admiradores ya se contaban por docenas. Pidió una reunión con la dueña del Férula y el personal. Lucía, entre risas burlonas y actitud pedante, aceptó el encuentro. Era la noche del 5 de septiembre y, luego de la hora de cierre, Macarena, junto con casi la totalidad de las ninfas, le presentaban un pliego de peticiones. Este libelo incluía aumento de sueldo, que se alejara del mínimo que recibían hasta entonces, tiempo de descanso de 15 minutos cada dos horas de trabajo, uniformes pagados íntegramente por el empleador y fin del castigo del turno sabatino, que quedaba a la elección de la trabajadora que realmente necesitara una entrada económica extra. Lucía soltó una risotada que atronó todo el recinto y mandó ,con viento fresco, a toda la muchachada a la misma mierda.

Macarena Pellegrin no renunciaría a su trabajo. Es más, el portazo en las narices sería el puntapié inicial que daba comienzo a las hostilidades que arribarían a ese café, de las que sería una inusual adalid.

lunes, 28 de octubre de 2024

La rebelión de las sirenas (1° parte)


"Proletalier aller Länder, vereinigt Euch!"
(Manifiesto Comunista. Marx y Engels) 

La llegada de Macarena Pellegrin alteró las vidas laborales de un puñado de muñecas para siempre. 

Férula, un café con piernas ubicado en pleno centro de Santiago de Chile, era gobernado con mano de hierro por Lucía Klement, una matriarca descendiente de alemanes, cuyos bisabuelos se habían instalado en Buenos Aires y su descendencia cruzó la Cordillera de los Andes para radicarse en la capital del país. La selección de personal era llevada a cabo rigurosamente por ella. Contrataba, de preferencia, colombianas y venezolanas. Las razones de ello eran variopintas. Su exuberante belleza, la simpatía y alegría en el trato y la coquetería innata que desarmaba a los parcos clientes que pululaban el lugar. Sin embargo, otros oscuros, pero evidentes motivos venían aparejados con los anteriores. Eran inmigrantes ilegales en busca de una regularización que demoraba en cuajar. Aquello las volvía dóciles y obedientes y el encontrarse en tierra ajena y no dominar el estilo de vida chileno, las llevaba camino a la prudencia exagerada. Eran fáciles presas para Lucía, que hacía y deshacía con cada una de ellas. Les cancelaba el salario mínimo, con la excusa de que las propinas eran suculentas. Lo anterior era una verdad a medias, ya que una vez que lograban una cartera de clientes considerables, las niñas podían aspirar a ingresos mayores. Se les exigía una imagen perfecta, es decir, sensual maquillaje, uñas primorosamente arregladas, una faja que acentuaba su cintura, la que era pagada por ellas. Unos zapatos de plataforma y medias elasticadas, también cancelados por las ninfas, al mismo proveedor de las fajas, que, ¡oh, casualidad!, era pariente de Lucía. El provocador look, cuyo erótico uniforme era lo único proporcionado por la empresaria, era supervisado personalmente y en detalle por la señora Klement. La amarga cereza de este fantasioso postre lo conformaban la prohibición total del uso de teléfonos celulares en el turno del trabajo y sentarse para descansar.  Se sumaban a ello unos escasos veinticinco minutos para almorzar y el castigo de realizar turnos los sábados, a la que vendiera menos cafés y comidas a los clientes.

Sin embargo, arribó un 22 de septiembre del 2024 al café Férula, Macarena Pellegrin.

Llamó la atención que la dueña contratara a una chilena. Era sabido que, en especial las santiaguinas, poseían un generoso busto, pero eran mentadas entre las caribeñas por poseer una retaguardia caída y la cintura escasamente pronunciada. Además de tener un pobre manejo de la naturaleza de los parroquianos que visitaban el café. No obstante, al ver a Macarena, todos los mitos se volvieron trizas. Era un metro setenta y seis de belleza austral. Abundante cabellera azabache, desordenada a propósito. Ojos pardos y vivaces. Senos turgentes, cintura de avispa, derriere de ensueño y unas piernas torneadas que una minifalda ceñida las destacaba primorosamente. Su presencia causó impacto inmediato en la clientela, más aún, su trato afable y coqueto la situó entre las favoritas del lugar. Sin embargo, a las pocas semanas, comenzaron los roces entre la beldad y su patrona. Le pareció un despropósito adquirir una faja y unos zapatos de estilo glam con plataforma con el proveedor de la jefa y usar su salario para ello. Intentó negociar con la dueña, recibiendo un enérgico no por respuesta. Iba a abandonar el café, pero el administrador ayudante la convenció de llegar a un acuerdo, ya que la mitad más uno de las entradas económicas del lugar se lograban con la presencia de Macarena. Ella quiso hacer extensivo el logro de que el uniforme fuera proporcionado íntegramente por la empresa para sus compañeras, pero la matriarca y su testaferro le pidieron que guardara el secreto y que ocupara el rol de la abeja reina entre las otras bellas, con un trato preferente y sin igual.

Pero, Macarena Pellegrin no solo poseía una cara bonita y un cuerpo escultural. Era una líder formada para comandar la contracultura.

lunes, 21 de octubre de 2024

Laura (3° parte y final)


 Su condición de eterna fugitiva esta vez la llevó al Érebo, un antro con aroma a café y con estética kitsh, ubicado en la calle Bandera. A casi un mes de su llegada ya dominaba la escena. Las ventas subieron desbocadamente y una insinuante foto con la belleza sensual de Laura adornaba la entrada del negocio a modo de promoción. Era su reconocimiento de starwomen del pequeño mundillo del mercado del sexo del casco histórico de la ciudad capital. La muñeca podía elegir a su próxima víctima a su regalado gusto. Aguzó sus sentidos y auscultó a los clientes que podrían cumplir con el perfil preestablecido con la rutina que le daba la experiencia. Si bien los pichones podrían dar hasta una falange de sus dedos por sus favores, esta vez el sacrificado ideal tardaba en aparecer. Un martes 30 de abril ingresó al próspero negocio un hombre de estatura baja, que frisaba los 60 años. Era de tez blanca, ojos verdes, facciones bellas y de figura regordeta. Vestía chaquetas de colores oscuros, que se caracterizaban por poseer parches en sus codos, todo rematado con camisas, pantalones y zapatos pulcramente limpios que combinaban con un estilo casual. Laura puso sus hermosos y sensuales ojos en su persona. Lo atendió solícita, utilizando sus milenarias tácticas. Al llegar lo recibía con un beso cercano a los labios de aquel hombre. Todo a una, lo abrazaba y rozaba levemente sus pechos y sus muslos en él y le hablaba cerca de sus oídos, con una voz provocadora. Las otras leonas del café intentaron bromear con la evidente diferencia de estatura entre ella y el pequeño cliente, mas Laura, las fulminó con una mirada que hizo retroceder a toda esa manada depredadora. A ello, se sumó la condición de ese homúnculo. Vivía solo en su departamento, se encontraba separado de su esposa hacía ya largos años y sus hijos, cuando se apiadaban de él, lo invitaban por cortesía. Las visitas reiteradas y en solitario al lugar dejaron establecido para la bella que sus amigos escaseaban. Prosiguió el implacable acoso de Laura para saltarse las bases y llegar pronto a tercera. 

La oportunidad se presentó más temprano de lo esperado y la cita fue en el departamento del tunante, ubicado en la calle Mosqueto, a escasas cuadras del Museo de Bellas Artes. El Santiago de Chile, desde la vista del balcón, era una reminiscencia del París del siglo XIX, en especial, por el torreón y pequeño castillo de la avenida Pedro de la Barra y el hermoso Parque Forestal. El dueño de casa preparó dos daiquiris, que Laura saboreó con gusto. El trato establecía un tiempo que finalizaría al caer la noche (eran las tres de la tarde), variados encuentros íntimos y un striptease previo de ella. La muñeca sonrió para sus adentros, ya que supuso que este ser bajito sobredimensionaba sus habilidades amatorias, pero la paga era potente y se encontraba al límite de su energía, necesitando con urgencia un suplemento a la vena. Recostó al cliente en la cama, lo besó, introduciendo su ávida lengua en la boca de él y, extrañamente, la cortesana sintió un placer ya olvidado. En una acción fuera de programa le consultó por su nombre. Juan Manuel Oedomsa León, respondió con voz altisonante. Le pareció un patronímico un tanto extenso para su persona, dejando pasar el arcano y riesgoso mensaje que este conllevaba. Comenzó la sesión y Laura, al son de "You can leave your hat one", que inmortalizara Joe Cocker en la película Nueve semanas y media, se desnudó lentamente, dejando a la vista sus exquisitos encantos. Cayó su body negro al piso alfombrado, le siguió su brasier, que dejó libre sus perfectos pechos y finalmente, se deshizo de su tanga, lanzándoselo a Juan Manuel, quien lo cogió en el aire y lo llevó, directamente a su nariz con una expresión de evidente lujuria. Laura gateó por la cama, desabotonó la blanca camisa y desabrochó la bragueta del pantalón y se sorprendió al constatar lo bien dotado que se encontraba ese hombrecillo. Intentó montarlo, sin embargo, él tomo las riendas del encuentro y recostó de espaldas a Laura. Seguidamente, con fruición y técnica depurada, pegó sus labios a su pecera, haciendo gozar intensamente a la hermosa y logrando dos inmensas explosiones húmedas. Luego se posesionó sobre su níveo cuerpo y la penetró profundamente, iniciando rítmicos y provocadores movimientos. Esta vez fue Juan Manuel quien explotó. Laura, quien volvía a sentir el intenso placer para cuya naturaleza estaba creada, pensó que ese extraordinario ser se daría un respiro. Cuan equivocada se encontraba. La recostó boca abajo en el tálamo y atacó por la retaguardia. Las oscilaciones de ambos ahora cimbraban todo el cuarto. La hembra, ya casi exhausta y sin aliento, observó en el gran espejo que se ubicaba sobre la pared que ese ser cambiaba de forma. Se engrosaban sus músculos, engrandecía su porte y sus ojos, otrora verdes, se volvían blancos y malignos. Lo entendió todo, pero ya era tarde. Internamente, su cuerpo comenzaba a abrasarse y su piel blanca como el alabastro, se tornaba peligrosamente rojiza. Toda su persona se consumió en una intensa llamarada, que comenzó a calcinar al pequeño departamento, convirtiéndolo en un siniestro de espantosas proporciones. El monstruo abandonó el piso resueltamente por el balcón, perdiéndose en las primeras trazas de oscuridad que dominarían aquella noche. El Señor Oscuro, solitario y sentado en su trono eterno, al percatarse que sus órdenes se habían llevado a la perfección, se permitió una lágrima por Laura, su placer culpable, a quien debía inmolar, ya que otra Guerra Celestial se avecinaba y no podía seguir con esa pequeñísima y larga cuenta pendiente que podría cuestionar su reinado.      

                                               FIN