viernes, 22 de mayo de 2026

La bella del café y la bestia del barrio (3° parte)


 Luego de unos escasos minutos, ambos amantes confirmaron que los malsanos hombres deseaban a Cielo aquí y ahora. Así, de manera tosca e irreverente, se lo expusieron a Yerko. Entre la espada y la pared, el otrora Don, convertido en un iniciado sottocapo del cartel caribeño, intentó una tibia defensa de su dama. Dos gorilas que custodiaba al capo di tutti capi lo levantaron en vilo y lo arrojaron violentamente en un sillón y lo conminaron a permanecer quieto como torre de ajedrez. Condujeron a Cielo a una alcoba y se encerraron con ella los cuatro líderes.

Una vez consumado el capote, Cielo se encontraba tumbada en el amplio tálamo, semidesnuda, moreteada, llorando y recogida en su bella anatomía. Los pérfidos mafiosos abandonaron el lugar, dejando tras de sí a una pareja sumida en la rabia y la impotencia. 

- ¡Para esto me trajiste a este lugar, malparido! ¡Crees que soy un animal que puedes sacrificar para el gusto de tus jefes¡  ¡No quiero verte nunca más!

En vano intentó Yerko explicar lo inexplicable. Cielo cerro todas sus puertas al malevo venido a menos. Si bien, el ingreso al Ángeles y Demonias lo tenía asegurado, debido a la abultada cuenta que dejaba cada vez que consumía en ese lugar, la bella le aplicó una feroz ley del hielo. Sin embargo, el amor que comenzó a carcomer su corazón le conminó a un acto reparatorio y ejemplar. Planeó durante varios días las acciones que llevaría a cabo. Cual Travis frente al espejo, recitó varias veces frente la osada estrategia como si fuera un mantra.

Armándose de un valor que lo había extraviado en sus años mozos de pendenciero del Barrio Franklin, dirigió sus pasos hacia el penthouse del hampón mayor. Iba armado de una parabellum de 9mm, una 380 ACP de 9mm corta, discretamente guardada en su tobillo derecho, un shuriquen alojado en su bolsillo falso del pantalón y un cuchillo karambit táctico que lo adosó a su barriga con una cinta adhesiva común.

Yerko Catalán subió los veinticinco pisos de lujoso edificio y las puertas de ascensor se abrieron de par en par, mientras los gánsteres  lo esperaban arrellenados  en sillones de cuero, esperando las buenas nuevas que les traía este asomado pistolero, respecto a una joyería que, debido a su escasa protección, se encontraba gritando a los cuatro vientos ser asaltada.

(Continuará)

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