Se sentó en un sillón que enfrentaba directamente al Big Boss. A sus costados los tres restantes jefes se dispusieron a escuchar la propuesta de este hamponcillo chileno., no sin antes recibir una explicación que sonaba más a burla que un perdón dicha por el dueño de la situación.
- Yerko, lo sucedido la otra noche es el precio que debes pagar por tu lealtad. Es duro, pero así probamos a los nuevos reclutas.
La palabra recluta caló hondo en las fibras de Yerko. Empero, se debía atener a su plan y ni un músculo de su faz delató su ira interna. Prosiguió explicando el asalto a esa joyería. Tanto la estrategia, el botín y su labia se volvieron irresistibles para la selecta concurrencia. Una vez que percibió la guardia baja de los energúmenos, verificar que los carcamales mayores no poseían armas y memorizar el lugar exacto de los dos guardaespaldas en la habitación, decidió asumir su destino.
Extrajo la parabellum y de un tiro a quemarropa destrozó el rostro del cabecilla, cuya sangre salpicó en abundancia. De inmediato, descargó dos balazos a ambos espalderos, realizando fama en la frente de uno e hiriendo en el muslo derecho al otro. Se abalanzó sobre el segundo de abordo y la ACP que se alojaba en su tobillo, era descargada en la sien derecha, derramando su masa cerebral por doquier. Los otros dos tunantes intentaron un torpe escape. Uno de de ellos resbaló en la mullida alfombra y Yerko lo asió de la cabellera y lo degolló con un certero cuchillazo de la siniestra karambit. El último de su lista negra estaba por alcanzar el botón del ascensor del penthouse cundo Yerko le lanzó la shuriken y una de sus afiladas puntas ingresó por su nuca, penetrando completamente por el músculo semiespinoso.
En ese momento, el guardaespaldas herido de un muslo lo cogió con ambos manos y le propinó un cabezazo que le fracturó su nariz. Yerko, inmovilizado, atinó a dar una patada descendente en el muslo herido y ensangrentado del mastodonte. El animal cayó sobre él y extrajo una pistola de su faltriquera y alojó dos balazos en el vientre del desafortunado chileno. Con la última munición que se hallaba en su ACP dio blanco en el cuello de toro del sicario, dando este con el suelo y agonizando por breves segundos.
Yerko, con su nariz fracturada y con dos proyectiles alojados en su vientre, bajó los veinticinco pisos, sentado en el piso del ascensor. Ya en la calle, detuvo un taxi que transitaba en ese momento y, apuntando al conductor, le dio la dirección del Ángeles y Diosas.


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