martes, 20 de octubre de 2026

Mayra vs Alejandra (5° parte)

 


Sus primeros escarceos meretricios a Alejandra lo dejaron un buen sabor de boca. De preferencia cincuentones discretos, de buena paga, respetuosos y de duración nano segundera. Se esparció la noticia de que los favores transados por ella eran de calidad superior y varios vejetes requirieron de su concurso. El dinero ya caía como tupida lluvia invernal, sin embargo, las utopías no pertenecen al mundo de la vida galante. Se encontraba cabalgando a un oficinista de mando medio cuando reapareció Mayra de un repente. Al verse en ese predicamento carnal, profirió un grito que resonó en las paredes del motel. Azotó un violento cachetazo al incrédulo, tomó sus prendas diseminadas por el piso, se fue vistiendo trabajosamente por los pasillos y abandonó indignada esa villa cariño.

Mayra descubría, con horror, como Alejandra se había adueñado de su mente y cuerpo y había causado estragos con vida. Luego de una ácida conversación con su hermano, sumó mas penurias, enterándose de su trabajo de garzona sexi en el Selva Negra y la red de clientes que pululaban en su teléfono celular. Permaneció encerrada en su domicilio por dos días, pero las escasas finanzas resquebrajan la virtud, además la necesidad generalmente posee cara de apóstata. Se presentó en el laburo y de milagro la dueña aceptó sus excusas, debido al imán de Alejandra con el género masculino y no por una genuina empatía. Empero, Mayra no cuajaba con los requerimientos del café. Falló rotundamente desde lo más básico hasta la coqueta comunicación con la clientela y fue enviada de patitas a la calle.

Recaló en el Gatas y conejas. Iba precedida de la fama que Alejandra había forjado. En los primeros días semejaba una principiante que recientemente había renunciado a los votos del noviciado y se sentía como una pequeña ave en un corral ajeno, semejante a la Trinchera de la Muerte en Dodengang. La llamaron a terreno. Sino viraba el timón radicalmente engrosaría las filas de los cesantes de Santiago de Chile. Empeoró la situación. Lloraba constantemente encerrada en el baño del lugar, incluso propinó un certero derechazo a un hombre de cincuenta y cinco años, quien había utilizado sus servicios de visitadora en los tiempos de Alejandra y había vuelto por sus fueros. Nuevamente, la baqueta de la calle era su aciago destino.

Esa noche, antes de acostarse, fue a limpiarse su bello rostro en el espejo del baño y al levantar la vista vio a Alejandra del otro lado esbozando una mueca sarcástica en sus carnosos labios.

                                (Continuará)   

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