lunes, 11 de febrero de 2008

Los condenados de Plaza de Armas (II)


El destierro

Las fuerzas leales a Kron, solapadamente, persiguieron, torturaron y aniquilaron a los opositores al régimen en menos de un mes (tiempo terrestre). Fácilmente se implementaron las nuevas políticas, ya que la población percibía a estos nuevos líderes como la encarnación de sus súplicas. El terreno se encontraba libre para que el tirano consumara sus planes.
Sin embargo, uno de los pilares de su declaración de principios no estaba siendo acatada por cierta parte de la población del planetoide. Me refiero al carácter adusto que debía poseer todo habitante. Algunos artistas, que hacían del humor su oficio, hacían reir de buena gana con sus rutinas al pueblo. Los chistes versaban acerca del antiguo régimen y sus supuestas debilidades. Los intelectuales proclives a Kron le aconsejaron que no perdiera de vista a estos renegados, porque atentaban contra la sacrosanta seriedad, a pesar de que sus gags cómicos hacían mofa de los líderes derrocados, de mantenerlos en sus trabajos, ¿quién nos aseguraría que las temáticas de sus rutinas cambiaran de rumbo y comenzaran los ataques arteros contra Kron, su gobierno y el sistema imperante?.
El mandamás no lo pensó dos veces y ordenó detener a todo aquel sujeto que osara hacer del humor su trabajo. Los primeros detenidos fueron los que más sufrieron, debido a que en ellos la policía secreta descargó toda su furia, torturándolos con el objeto de saber el paradero de todos los humoristas del planetoide.
En el momento que creyeron haber capturado a todos los extremistas y sin saber que hacer con ellos a excepción de matarlos, Kron volvió a solicitar consejo a los intelectuales. Éstos le confirmaron que la desaparición era la mejor vía de solución. El déspota, quiso por esta vez, disfrazarse de magnánimo. Argumentó que por prestar tan valiosos servicios al nuevo orden, esto es haber establecido rutinas que se mofaran del enemigo derrotado, los desterraría de por vida y así no se hablaría más del asunto.
La operación fue compleja, ya que puso a prueba la capacidad político - tecnológica de las cabezas pensantes del nuevo orden. El primer desafío fue el lugar que albergaría a los desterrados. Debía ser un planeta habitable y de ciertas características que aseguraran un estado de permanente prisión. Es decir, en donde la seriedad fuera considerada de capital importancia y el humor no fuera un arma que desarrollara el intelecto, sino un esparcimiento simplón. De todas las opciones, sólo la tierra les ofrecía ciertas garantías. Se encontraba cerca del planetoide, era habitable y algunas ciudades, debido al estilo de vida que llevaban, eran verdaderas prisiones.
Se buscaron minuciosamente las urbes que servirían de hogar a los humoristas. Éstas debían llenar los requisitos carcelarios. Encontrarse sobrepobladas; con altos índices de contaminación acústica, de polución, etc. ; los habitantes debían poseer una percepción negativa de su calidad de vida; alto número de personas con depresión o enfrentados al suicidio y, en especial, que la risa fuera acogida de manera malsana o su humor fuera ramplón.
Luego de agotadores estudios y análisis, las ciudades elegidas, entre otras, fueron: Tokio, Teheran, Kabul, Dallas , Moscú (tierra de la tristemente célebre shatushka) y Santiago de Chile. A los cómicos de Plaza de Armas se les había escogido su mazmorra eterna.
(Continuará con "La llegada a la Tierra")

viernes, 8 de febrero de 2008

Los condenados de Plaza de Armas (I)


El origen de la condena

Ya es hora de que se revele el gran secreto de los humoristas de Plaza de Armas. Bajo esa apariencia despreocupada y personalidad arrolladora se esconde una inmensa tristeza. Se encuentran condenados a cadena perpetua por un crimen que no cometieron y su cárcel es el planeta tierra. En el caso de los cómicos a los que me referiré, su radio de acción se circunscribe a la ciudad de Santiago, en especial a sus plazas, aunque sólo en algunas ocasiones se les permite actuar fuera de la capital.
Según mis precarias investigaciones son originarios de Cubewano (en inglés, se pronuncia /kju:bwan/, que es un planetoide. Éste se ubica a gran distancia de Neptuno y no está controlado por las fuerzas gravitatorias ni de éste planeta ni de otros. Su órbita, no obstante, se mantiene estable por ser casi circulares, como las de los planetas; a esta similitud con los planetas se debe el nombre de objetos "clásicos" del cinturón de Kuiper).
Allí, hace bastante tiempo (casi un siglo en tiempo terrestre) gobierna un déspota tirano llamado Kron, que llegó al poder luego de imponerse en una supuesta guerra civil. Supuesta, ya que se trataba de una "operación negra" a gran escala. Se erigió como el salvador de su pueblo quien lo acogió con los brazos abiertos, ya que el caos y la ingobernabilidad, según los mass media, imperaban en Cubewano. No transcurrió demasiado tiempo para que los habitantes del planetoide se dieran cuenta de las verdaderas intenciones de Kron y sus huestes. Apelando al concepto de resguardo de la soberanía del planetoide, su autodeterminación y extirpar los "vicios del pasado", suspendió (realmente acabó) con las bases de la república e implantó un nuevo sistema basado en el orden, la tradición y, en especial, en el desarrollo del carácter serio de sus habitantes, porque la risa, según los ideólogos del nuevo régimen, había sido una de las principales causales de la pérdida de respeto entre el pueblo y sus autoridades, pilar fundamental del desarrollo armónico de una sana convivencia.
Es en este último punto donde nuestros humoristas tenían los días contados en su tierra natal.
(Continuará con "El destierro").

jueves, 7 de febrero de 2008

Búsqueda incansable a través del tiempo.

Terminó de leer y cerró el libro espantado. Un molesto dolor comenzaba a tomar forma en su estómago. Acababa de enterarse de la Leyenda de la Media Naranja. Aquella que nos narra que el destino sólo nos coloca en tres oportunidades frente a la persona con la cual poseemos un vínculo místico, que va más allá de nuestra precaria existencia, es decir, frente a nuestra alma gemela. Y si no sabemos detectar y sentir con el corazón esos mágicos tres momentos y miramos a la bandaba, nuestra vida se encuentra condenada a la más miserable de las existencias, traducidas en riñas, abandonos o divorcios, porque nos encontramos compartiendo con el ser equivocado.
Su molestia no radicaba en la leyenda en sí, sino que recordó, en el preciso instante en que finalizaba la lectura, a la mujer con la que creyó haber descubierto la felicidad y los momentos que habían compartido. Los evocó nítidamente. La primera vez, cuando se conocieron en un trabajo en la capital y se amaron durante casi un año medio; la segunda ocasión, la cita fue en el norte del país lugar donde reanudaron su amor, esta vez por una semana; y finalmente la tercera y fatídica reunión, nuevamente en Santiago, donde apenas les alcanzó el tiempo para compartir algunas horas.
La implacable vida ya le había entregado sus migajas, para desatenderlo por siempre y jamás.
Desolado se refugió en su pasión: los libros. Leyó el mito de La Caja de Pandora, curiosa mujer que desató todos los males sobre la tierra al abrir un cofre, sin embargo, al fondo de éste se encontraba un ser diminuto e insignificante... la esperanza.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Un problema de semántica


Siempre he preferido dar el nombre correcto a las cosas. La precisión idiomática es una de mis pasiones. Si la gente expresara con exactitud lo que desea comunicar se solucionarían bastantes problemas en este mundo. Todo se encontraría en su lugar y no habría cabida a malas interpretaciones, que nos han costado irremediables malos entendidos o sobrentendidos, incluso terribles diferencias, cuyas asperezas tardan años en limarse.
Les expongo como ejemplo la palabra "femicidio". La encierro entre comillas no por capricho, sino para resaltar que es una palabra que no existe formalmente. La Real Academia Española no la ha incluído en ninguna de sus recientes ediciones, sin embargo los medios de comunicación, a quienes odio con todo el alma por el fomento espantoso a la incultura y deformación de la realidad, la usan con un desparpajo exasperante.
Para darle un peso específico a mis argumentos, le consulté a una respetada profesora de lenguaje de un colegio del sector oriente de la capital respecto al concepto de marras. Me confirmó lo que ya sabía. "Femicidio" como concepto no existe. Aún más, agregó que si se quiere conceptualizar el hecho de matar a una pareja femenina, este palabreja no lo explica correctamente. Más bien, "femicidio" (de existir realmente tal palabra) significaría matar a una mujer por el sólo hecho de serlo, que no es la verdadera intención de los agresores.
Como les explicaba al comienzo, siento pasión por denominar correctamente las cosas, así que no tengo otra salida que aguardar el bendito momento en que los señores académicos den su venia al exacto nombre de tan repudiable acto y los restos de Raquel, dispersos por Santiago tengan al fin un merecido descanso ya que apareció el vocablo preciso.

lunes, 4 de febrero de 2008

Un encuentro demasiado cercano.


Esto de la soledad y la vejez va en serio. Anoche un extraterrestre se presentó formalmente en mi departamento. Dijo venir de una galaxia muy, muy lejana (tal vez creyó que era la única forma que un tonto de capirote como yo comprendiera su presencia en este lugar) y con una amabilidad que convencía a cualquiera, me invitó a jugar unos cuantos partidos de pool en un tugurio de la calle Irarrázaval. Las primeras mesas me dejó ganar, para luego proponer el acostumbrado "pierde paga". Pisé el palito una vez más y de ahí en adelante recibí un castigo de proporciones. Manejaba con maestría el punto bola, el efecto contrario, el masé y se sacaba los pillos con estilo y elegancia. Resignado pagué la cuenta. Por lo menos tuvo la decencia de invitarme un trago antes de partir al infinito y más allá.

jueves, 31 de enero de 2008

Un monstruo comprensivo.


Creo que la vejez comienza lentamente a despuntar en mi horizonte. Anoche el Cuco apareció desde el interior de mi clóset y me propuso que viéramos el fútbol por televisión, conversáramos,, bebiéramos cerveza y que luego bajáramos a recorrer la triste noche santiaguina.

viernes, 4 de enero de 2008

Magna verba, frases pomposas o un sentido anti - homenaje.


Un gran pensador romano decía que de los muertos sólo se deben expresar palabras edificantes. Una inteligente sentencia para eludir la responsabilidad de exponer los renuncios de la persona que acaba de fallecer. Es un caso emblemático este de Julio Martínez. Mi padre lo escuchaba cada noche en el noticiario del canal 13, sólo para expresarle su desagrado, ya sea, según él, por su evidente sentimiento anticolocolino, como por lo reiterativo de sus juicios. La contradicción ocurría justamente, porque, pese al desagrado, mi padre no se perdía sus comentarios ninguna noche. Algo debía poseer este personaje televisivo, así que me di el trabajo de repasar su carrera. Sus inicios se encuentran en la radiofonía, por los años cuarenta, pero no es hasta el mundial del '62, que la fama le golpea su puerta, ya que relataba los históricos partidos de la Selección Chilena. En los comienzos de la televisión de mi país, formó parte del equipo de un programa político que marcó toda una época, era "A esta hora se improvisa", candente espacio televisivo, en donde nunca estuvo en riesgo, ya que su carácter conciliador caía bien a "momios" y a "upelientos", manera descalificatoria de como se llamaban los adversarios en esa turbulenta época. Con el advenimiento de la dictadura de Pinochet, Julito tampoco sufrió zozobra alguna, ya que hacía tiempo había descubierto sus principales armas: la verborrea y la simpatía. Cualidades que en estas tierras valen oro puro. Desde entonces y noche tras noche, mi padre escuchaba sus comentarios y peleaba con él, con el aparato de televisión de por medio, tal vez como un intento de exorcizar sus propios enojos. Llegó la democracia y Julito se mantuvo estoico. Ejemplar caso este Julito Martínez.
Por mi parte, puedo añadir que Julito me enseñó como se puede aturdir a un adversario con el sólo expediente de expresar un mar de palabras, aunque sean en un desierto de ideas, ya que de deportes, y en especial de fútbol, nunca supo mucho. De igual manera, le alabo su simpatía, esa con la que algunos nacen y el resto únicamente tratamos de remedar.