martes, 10 de febrero de 2026

Fernanda es adictiva (V parte y final)

 

Con obvias dudas y un millón de pesos en sus bolsillos, decidió confesarse con su madre. Esta, al enterarse de lo ocurrido a su hija, la conminó a sentarse en el sofá del departamento  y le solicitó que la escuchase atentamente, sin interrumpirla.

Fernanda, nuestra familia posee un secreto que solo se devela si a una de nuestras mujeres le ocurre lo que te aconteció a ti. Tu tatarabuela Eufemia llegó a Macondo de la mano de una mujer llamada Pilar Ternera, hace ya dos siglos. Tantos tiempo atrás que casi solo algunas de nosotras lo recordamos. Su primer trabajo fue atender machacantes en la tienda de un tal Catarino. Ya en ese tiempo, tu, entonces, joven pariente era diestra en las dotes de la hechicería. Junto a su hermana Clotilde, preparaban brebajes para atraer a sus clientes. En una ocasión, bebieron de una pócima que les entregó el don de la seducción. Al nacer sus hijas Waldina y Gertrudis, cayeron en cuenta que una de ellas había heredado el don de la atracción varonil, sin necesidad de consumir el bebedizo. Bastaba que los hombres estuvieran en contacto con algunos de sus fluidos corporales para que perdieran la razón, con consecuencias insospechadas. De ahí en más, la familia  estaba con el ojo avizor. Cada descendiente era observada, ya que la magia se manifestaba de tarde en tarde en alguna de ellas.  

Desfilaron Petronila y Natividad, que sobrevivieron a las Guerras Civiles, con un pequeña tienda de costureras. Prudencia y Serafina, que gozaron del auge bananero y se salvaron por un pelo de la gran masacre y el diluvio, mantuvieron el negocio a duras penas. Afortunadamente, Teodora y Rufina abandonaron esa ciudad maldita y decadente, que según crónicas, desapareció de la memoria de los hombres, mas no de algunas mujeres. Ni tu abuela Rufina, ni yo heredamos la maldición, disfrazada de don. Nos establecimos en Pereira y el resto de la historia ya la conoces. Lo que te sucedió en tu trabajo es prueba de que esta abominación recayó en tu persona. Fernanda, cuídate y recibe con cautela este legado, ya que posee doble filo.

La beldad no reflexionó y el mensaje de su madre le resultó exagerado. El gran botín logrado en tan poco tiempo y el respaldo de la mandamás del café le dio unas falsas alas. De ahí en más, la bella se creyó la abeja reina del Embajadoras y mandó al traste a sus compañeras de trabajo. La sedujo la desusada cantidad de dinero recaudado en una semana de trabajo. En esta ocasión, pinchó uno de sus dedos e introdujo gotas de su sangre en los capuchinos, cortados, lates y machiatos, sirviéndoles a cuanto cliente pudo. Si en cinco días logró lo inesperado, con solo la leve transpiración de sus dedos, ni se imaginaba lo que lograría ahora.

En el local, trece, de un total de veintidós parroquianos, bebieron de su esencia, esperando la atención total de esa concurrencia hacia su persona. Sin embargo, esta vez no era un leve trasudor de su mano. Sus fluidos más concentrados eran consumidos por parte de la concurrencia. Uno de los clientes se abalanzó sobre Fernanda, intentando besarla apasionadamente. Seguidamente, cinco trogloditas se la arrancaron de sus manos e intentaron desnudarla, rajando su sensual y breve vestimenta. Los siete machos otoñales restantes fueron en defensa de la dama en apuros y se trenzaron en una batalla campal, que incluía golpes de puño y patadas por doquier. Volaron sillas, mesas, vajillas y vasos. Los mozos de limpieza y cocineros intentaron interceder, fracasando totalmente. La sangre de los gladiadores ocasionales regaba el piso y el local se destruía por dentro. Todas las mozas se asilaron en el camerino y cuando la cocina ardía peligrosamente, porque la batalla se había trasladado allí, apareció la policía. Pero, los hombres seguían golpeándose salvajemente. Uno de los uniformados disparó varios tiros al aire y fue la señal divina que despertó de la pesadilla a la concurrencia.

Se necesitó un bus de Carabineros para llevar detenidos a veintidós energúmenos, quienes sufrieron heridas y fracturas de consideración, Además se necesitó del concurso de bomberos, para aplacar el incendio que amenazaba con desbordarse. La dueña del Embajadoras sopesó todo el gran estropicio, después del pandemónium ocurrido. Se encerró con Fernanda en su chamuscada oficina y, con asombro, se enteró de la verdad. La sirena era una bomba de tiempo ambulante y difícilmente lograría el control de su don para su beneficio. La despidió con el dolor de dejar ir a un tesoro preciado. Ya lo había profetizado Lord Acton expresando que el poder corrompe y el poder total, corrompe totalmente. Lenin agregó que, salvo el poder, todo es una ilusión. Para finalmente, el excelso Stan Lee remató con que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. 

                                                 FIN 

No hay comentarios: