martes, 6 de octubre de 2015

Un profesor chileno en Inglaterra (V parte)

                                                            El medioevo en el siglo XXI

Existen culturas que atesoran su pasado, lo conservan como símbolo inequívoco de su identidad y lo proyectan, para que en el futuro, las generaciones que aún no han nacido, entiendan el estilo de vida de un país que no abjura de lo que fue y siente orgullo de lo que ha logrado edificar a través de los siglos. Es el caso del Castillo Leeds, una añosa construcción que data del siglo XII y que sirvió, a veces de residencia, otras de refugio reparador, prisión real y escenario de importantes acuerdos internacionales en el siglo pasado.
Nuestros muchachos y muchachas visitaron este imponente lugar enclavado al sureste de Maidston, Condado de Kent. Se enteraron que sus primeros dueños fueron los reyes Eduardo I y Leonor de Castilla en 1728. Enrique VIII, reconstruyó el lugar para una de sus esposas, Catalina de Aragón. La reina Isabel I fue encarcelada un tiempo, antes de ser coronada. Lady Baille lo compró en 1926 y creó la fundación “Castillo de Leeds” y es quien lo abre para visita de todo público en 1976. En 1978, el castillo sirvió de sede para las conversaciones preparatorias entre Anwar Sadat y Moshé Dayán, presidente de Egipto y ministro de relaciones exteriores israelí, respectivamente, lo que finalizó con el acuerdo de Camp David. Como broche de oro musical, Sir Elton John ofreció dos conciertos en este singular y espectacular escenario. Es un privilegio el haber visitado un delicioso trozo de historia viviente de ayer, de hoy y de siempre.
No podemos despedirnos  el día de hoy sin mencionar que la visita acabó literalmente en un maze (laberinto) y un grotto (gruta), aledaños al Castillo Leeds. Nos adentramos y nos confundimos en sus interiores, emulando las narraciones de Borges y perdiéndonos en sus recovecos, esperando no encontrarnos con algún Minotauro y siguiendo la ruta del astuto Teseo, para lograr salir con bien y poder contar esta historia en tierras bretonas.

viernes, 2 de octubre de 2015

Un profesor chileno en Inglaterra (IV parte)


Brighton, un balneario costero de la nobleza.

La realeza, cuando disfruta de los variados placeres a los que están acostumbrados, los efectúa con estilo. Con estilo real, se entiende. Y se agasajan con opíparas cenas, suntuosos bailes y regadas tertulias, en donde se habla de política y se juega con el poder.
El domingo, el itinerario nos marcaba la ciudad de Brighton, un bello lugar costero al sur de Londres. La primera parada y, por cierto, la de mayor peso específico fue la residencia del rey Jorge VI, llamado The Royal Pavillion. Una magnífica construcción del siglo XVIII, edificaba al estilo oriental y con una fuerte presencia de la estética francesa en su interior. Nuestros muchachos y muchachas recorrieron en detalle este mágico palacete que sirvió de refugio veraniego del monarca y su corte y en donde se vivía, literalmente, a lo rey. Cada cuarto, por inmenso o mínimo que fuera se encontraba adornado con elegantísimos mobiliarios, paredes y techumbres recubiertas con exquisito gusto. Un imperdible del programa de Kingswood.
Es turno de almorzar y la oferta es variada. Desde un sándwich, bebida, papas y fruta de la “bolsita feliz” suministrada por nuestros monitores, la “chatarra dinner” o la cocina local. Luego, una de las actividades más preciadas por los alumnos: el tiempo libre para ir de compras. Peluches, dulces, encargos y camisetas deportivas hacen las delicias de ellos, que ya se manejan a la perfección con el cambio de moneda británica.
Finalmente, un paseo por el borde costero del Canal de la Mancha y la diversión, que esta vez a cargo de unos juegos que se encuentran en un pintoresco muelle, en donde transitan despreocupadamente familias, jóvenes enamorados y amigos, tal vez despidiéndose del verano que quema sus últimos cartuchos en esta parte del planeta, pero que promete volver con nuevos bríos la temporada siguiente.

jueves, 1 de octubre de 2015

Un profesor chileno en Inglaterra (III parte)



Talca, Docencia y Londres.

Londres, la capital del Imperio Británico. La de la monarquía parlamentaria. Esa mixtura política que funciona como un reloj bien temperado desde hace siglos y que le da una identidad. en donde confluyen el respeto hacia el otro como norma de vida, la civilidad aplicada en su diario vivir y el multiculturalismo. Londres, nuestra segunda visita a esta capital primermundista se realiza con todos los protocolos que los nuestros bisoños alumnos lo requieren.
El miércoles pasado, los muchachos y muchachas asistieron a sus clases mañaneras y, por la tarde, sudaron “la gota gorda” con las actividades outdoor, que esta vez incluyeron escalada, tombo, esgrima y piscina recreativa. Al día siguiente, la capital del imperio británico nos esperaba. La primera estación, el impresionante London Eye. Una gigantesca rueda que gira sobre su eje y que contiene cómodas cabinas en donde se puede observar gran parte de Londres desde una privilegiada y aérea vista. El río Támesis y su tráfico fluvial es la conexión visual con los emblemáticos lugares que conoceremos a la brevedad. Nos trasladamos por un puente, no sin antes advertir que a vista y paciencia del transeúnte, varios personajes han montado un tinglado de un juego de supuesto azar, que en Chile lo conocemos con el curioso apelativo de “Pepito paga doble”. Se viene a la mente el refrán popular que amerita la situación: “en todas partes se cuecen habas”.
La segunda estación del recorrido nos llevó al Parlamento y el eterno Big Ben. Corrimos con suerte y el carillón nos da el toque británico, ya que su melodía brota parsimoniosamente. Al costado de esta postal mundial nos topamos con otro emblema, la Abadía de Westminster, aquella que entronizó a gran parte de la realeza inglesa y unió en santo matrimonio a varias parejas de reyes, príncipes e infantas, aunque algunos de estos personajes que usaron la pompa para casarse, invocaron la incompatibilidad para incumplir la palabra empeñada. El tercer paradero era un imperdible. Recorrido por los amplios jardines de St. Jame’s Park, caminata por la Vereda del Jubileo y cita con el epicentro de la Monarquía Británica, el Palacio de Buckingham. Si bien, ni Isabel, ni Carlos, ni William se dignaron a abrirnos las puertas (ellos se lo pierden) observamos con condescendencia  esa añosa estructura y nos retratamos, para enviar por el wasapp las fotos a algún chambelán, no sin antes advertir que si van a Chile si serán recibidos como reyes (porque parecen que lo son).
Nuestros pasos nos encaminaron a Trafalgar Square y al monumento al Almirante Nelson, insigne marino que derrotó a la no tan Invencible Armada española. Finalmente, nos fuimos de schopping a Coven Garden, tal vez los adultos esperando secretamente  encontrarnos con Eliza Doolittle (la florista de My fair lady, la clásica película basada en la obra Pigmalión de G.B. Shaw). Es un exquisito lugar para “vitrinear”, degustar la cocina local y empaparse de la variopinta vida londinense. Llega la hora del retorno, no sin antes percibir que Londres permanecerá para siempre en un rinconcito oculto de nuestra mente, esperando el momento de asomar en cuanto volvamos la vista atrás y recordemos de manera laudatoria nuestro pasado.