jueves, 20 de agosto de 2015

Una prestación para Mario Hugo

                                                                                                        
  A Manacho (por darme, inconscientemente, la idea) 

Ella entra en el departamento puntualmente. Buena señal de la empresa prestadora. La visitadora cumple, a primera vista, las expectativas de Mario Hugo, el abonado. Se cancela por anticipado. Tarjeta de crédito, débito, o algún plástico legalizado de cualquier casa comercial y ni por nada efectivo. Los mandamases del holding despedirían a la profesional en el acto si incurriera en ese desaguisado. Él, impaciente, extrae de su billetera regalona el tarjetón correcto. La damisela lo desliza por la ranura de la máquina tecnológica de última generación. Secretamente, él digita la secreta clave, de secreto modo. El recibo impreso da cuenta de la (ahora ya no secreta) transacción.

Ella, una vez empoderada, explica el protocolo a seguir:
- entre en el baño.
- desvístase.
- dése una ducha rápida.
- tiéndase en la cama.
- conserve la calma.
- coloque su mano derecha acá.
- su mano izquierda debe mantenerla quieta.
- suba y baje, inhale y exhale.
- retire el receptáculo y deséchelo en el papelero correspondiente.

Ella se retira del domicilio satisfecha por el deber cumplido,ya que se apegó religiosamente al standar establecido por sus empleadores.

Mario Hugo..., Mario Hugo se resigna y mientras se da una nueva ducha, reflexiona tristemente acerca de cómo ha mutado la prostitución en Chile.
 

sábado, 25 de enero de 2014

Fabián y el puzzle de las hetairas.


Fabián siempre se consideró un caso perdido, una carta marcada por la mala suerte. Eso era al menos lo que él creía. Pruebas para ello le sobraban. En su cajón del velador abundaba un recetario en pastillas que ya lo desearía un poeta maldito en el peor de sus días. Su trabajo era un prodigio del concepto de la paradoja, ya que gestionaba una empresa de seguridad, cuando ni el mismo encontraba seguridad en su vida y, para rematar, sus relaciones amorosas brillaban por su ausencia. Es en ese punto que su negra visión era de corto alcance. Si bien el día representaba la oscuridad, la noche, antitéticamente, era su soma. Los clubes para caballeros de la ribera  p(l)utónica de las comunas de Ñuñoa y Santiago Oriente eran La Isla de la Tortuga para un pirata noctámbulo como él.

Follaba por 40.000 pesos, luego, 30, bajaba a 20 y, por último, las damiselas de la noche lo dejaban incursionar gratis por sus generosas anatomías. Su secreto... la galantería. Las hacía sentir amadas en todo el sentido de la palabra, incluso se daba el lujo de decir que -le era fiel a cada una - en presencia de las bellas y estas le celebraban ruidosamente la ocurrencia.

Mas Fabián sabía en su interior que todo era una mentira, porque el amor no golpeaba a su puerta hacía demasiado rato. De noche en noche y de encuentro en encuentro, perdía la esperanza. Pagaba su consumo a la cajera y se retiraba apesadumbrado a su hogar. Sin embargo, una noche, al llegar a su dormitorio y luego de una juerga descomunal, registró sus bolsillos buscando sus pastillas y sólo encontró la boleta del nigth club. Iba a deshacerse de ella cuando miró el reverso del papel en donde se garabateaba un número de celular y una inicial, E.

Digitó los guarismos y presionó la tecla "llamar". Del otro lado contestó la voz baja y dulce de una mujer.
- Sí, diga...
- Me dejó este número en la boleta.
- ...
- Aló, ¿me escucha?
- Sí, te escucho. Al fin me llamaste.
- Pero, ¿quién eres?
- Soy Eva, la cajera del nigth club.
- Te llamas Eva, ¡qué hermoso nombre!

 Eran Fabián y Eva. El vividor desconsolado y la cajera vigilante en las sombras, el caballero oscuro y la dama paciente, el primer ser de la nueva era y su compañera ideal. Su maravillosa unión se celebró en todos los planos de existencia, ya que los desterrados del paraíso por fin se habían reencontrado en una tierra olvidada por los dioses y entregada al más brutal de los comercios.

Cuando él entró en ella una titánica ráfaga de energía invadió la materia y la anti-materia. Era el advenimiento del nuevo tiempo y, de las cenizas del anterior, el surgimiento del hombre nuevo. Ya los sagrados escritos podían agregar una nueva línea divisoria a las otras célebres. A saber: antes y después de Cristo, antes y después de los Beatles, antes y después de El ciudadano Kane, antes y después de Watchmen, antes y después de Pelé y Maradona y, finalmente, antes y después de Fabíán y Eva.

sábado, 23 de enero de 2010

El rey que agoniza

Esa noche me arrepentí de mis diatribas y de mis abyectos pensamientos hacia Sebastían. La congoja se albergaba en mi corazón y el sueño no llegaba a mi para poder descansar y alejarme de tanta barbarie cometida durante un año.
El hombre lo había hecho bien, que digo bien... espectacular. No llevaba ni seis meses al mando de la nación cuando ya remecía el ambiente con medidas que a sus aliados espantaba, a sus detractores sorprendía y al resto nos descolocaba. Eliminó la UF, creó una AFP estatal, aplicó un plan de rediseño de impuestos y con la ley Nº4593, prácticamente relanzó a las PYMES, en desmedro del gran empresariado. Al terminar su primer año de mandato y en las oficinas del Congreso dormían el sueño de los justos varios proyectos de ley que devolvían la educación pública al estado, nacionalizaban definitivamente el cobre y mejoraban sustantivamente la ley laboral. Sin embargo, lo que marcó su ruina fue el proyecto que resolvía de manera taxativa y noble las desapariciones de personas durante la dictadura militar de Pinochet.
El resto ya es historia... su limosina descapotada atravesando esa mañana del 21 de mayo de 2011 lentamente por calle Manuel Montt. El hombre saludando a los miles de adherentes que lo vitoreaban y antes que llegara al frontis del edificio parlamantario los tres disparos que acabaron con su vida. La Comisión Longueira realizó de manera puntillosa su trabajo y sus conclusiones aplastantes acallaron cualquier sombra de duda. El anarquista loco que asesinó al presidente, disparando desde una ventanilla del segundo piso del Rodoviario de Valparaíso, poseía un impresionante currículo. Ingresó al FPMR en los '80 en donde fue expulsado por sicótico, luego merodeó como asaltante de bancos en los '90 y militó en las huestes anárquicas nacionales. Sin mencionar que no poseía familia (sus padres estaban muertos), sin hermanos y apenas una relación de pareja la cual era golpeada constantemente.
Modred, que era la chapa del magnicida, ignoraba su destino inmediato, ya que al salir fuertemente custodiado por la policía en un estacionamiento subterráneo de los tribunales de justicia, recibió un mortal disparo en el estómago propinado por un mafioso de poca monta, quien declararía luego que lo hacía en nombre del pueblo que lloraba a su rey muerto.
Demás está decir que se llamó a elecciones y ganó, en primera vuelta, el abanderado de la derecha más dura. Esta vez contando con los votos de una aplastante mayoría de los ilustres ciudadanos de este país.

miércoles, 20 de enero de 2010

La alegría que nunca llegó...

Ese domingo me dirigía a la casa del Toto Miguez, sintiendo que el peso de la noche, paradojalmente a pleno día, hacía sentir sus insondables pasos. La inquietud, traducida en un dolor de estómago, no me había abandonado desde que dejé la cama esa mañana. El cuarto de pollo con papas fritas y las frutillas ya eran, a esas alturas, un bolo que que no alimentaba, más bien laceraba mis paredes intestinales.
Toto me recibió con su acostumbrado ceño fruncido y me advirtió que no hablara de la soga en la casa del ahorcado, en abierta alusión al inminente triunfo del candidato de la derecha pospinochetista y la consecuente pesadumbre de su núcleo familiar. Los rostros de aparente calma sólo presagiaban la debacle. Los tacos preparados con maestría y amor por la esposa del dueño de casa, apenas mitigaban el aciago momento.
Nos enteramos por la televisión de lo que, hasta ahora, era el rumbo que ya estaba trazado por los dioses, que no era otra cosa que el triunfo del abanderado conservador. Cuando estaban por comenzar los discursos conciliadores y las palmaditas aparentemente de perdonavidas en la espalda, fue cuando ocurrió...
Toto, su esposa, un amigo y yo no dábamos crédito a lo que nuestros ojos percibían. Las arrugas desaparecían, la piel se tornaba tersa, las incipientes canas se volvían negras azabaches y la energía perdida volvía en gloría y majestad. Miramos a la calle y sentimos las sirenas policiales y el hedor de los gases lacrimógenos penetró el departamento. No cabían dudas. El largo, medroso , tutelado y aburrido sueño de veinte años concluía y el despertar era aterrador. Los otros no habían ganado, ni nosotros habíamos recuperado nada. Las hojas del calendario permanecían intactas e inamovibles.
Los cuatro comprendimos en el acto. Cargamos nuestras mochilas con bolsas de sal, limones y una ardiente paciencia y salimos a la calle. El lugar que ya no abandonaríamos jamás.

martes, 15 de septiembre de 2009

Síndrome de Personalidad Múltiple

Este extraño suceso ocurrió en el Santiago de fines de los sesentas, es decir, cuando aún vivíamos la edad de lo inocencia. El programa de TV se llamaba "¿Quién soy yo?". Era conducido por Enrique Bravo Menadier. Algunos de sus panelistas eran Marta Blanco, María Eugenia Oyarzún y Jorge Romero "Firulete". El segmento publicitario se encontraba a cargo del "Tío Agustín" y nosotros, cándidamente, sintonizamos el show que se emitía todos los jueves. Básicamente, se proponían concursos de cultura general, sin embargo, lo más esperado por todos era un juego que consistía en detectar la identidad de una persona por parte de los panelistas. Para ello se disponía de dos señuelos y el titular. El jurado les hacía preguntas acerca de su vida para finalmente intentar dar con el "ser" correcto.
Recalco la palabra "ser" ya que es ahí donde comienza la verdadera historia.
"Seres" de otros planetas llevaban siglos visitándonos y nuestra capital no escapaba a ello. Una noche, un grupo de Sepimeritas recogían evidencias en el Parque Metropolitano y, al igual que en la película ET, olvidaron a una tripulante, remontando el vuelo en una fantástica nave. La Sepimerita vio aterrada como sus compañeros la dejaban a su suerte en un planeta desconocido. Vagó por horas, hasta que encontró un paradero de comidas abierto. Al ingresar y ver la verdadera forma de los humanos, rápidamente adaptó su estructura ósea y carnal. Al sentarse en unas de las mesas los parroquianos admiraron a una hermosa mujer de baja estatura, de interesantes curvas, ojos almendrados y de copiosas pecas en su rostro.
No faltó el varón que la invitó a cenar, pero al tenorio le duro poco su conquista, ya que su mujer irrumpió en el local para llevarse al tunante. La alienígena mutó rápidamente su cuerpo a una señorona mal aspectada con pésimo humor, lo que inmediatamente bajó la guardia de la esposa. Descubrió que esa era nuestra debilidad. Había que darnos por nuestro lado y así se aseguraría una estadía placentera en nuestra metrópolis. Fingió ser varias personas a la vez, aunque la que más le resultaba era la de amiga leal de sus amigas y la tía bonachona de las familias que frecuentaba, mas en el terreno sentimental no lograba dar en el clavo. Se metamorfoseaba e iba de fracaso en fracaso con los hombres que le atraían.
Finalmente la tenemos instalada en el antiguo set de Televisión Nacional, ubicado en la calle San Martín, concursando en el programa "¿Quién soy yo?" como uno de los señuelos e intentando ganar unos cuantos escudos, que era la moneda de aquella época. Eran tantas las ganas que tenía de agradar que no captó la esencia del juego. Cada vez que le preguntaban por su identidad cambiaba su voz y su estructura y se posesionaba para ser quien no era. Ya los conductores, equipo y público en la sala, observaban espantados como la bella cambiaba su esencia cual camaleón con sobredosis. Enrique Bravo Menadier, para salir del paso quiso zanjar el desaguizado y pronunció las esperadas palabras:
- Señorita Marcela Paz Osorio Berríos... ¿quién es realmente usted?
Pero la atribulada viajera estelar se levantó de su asiento, junto a la verdadera señorita Osorio y calcó con una exactitud terrorífica todo la fisonomía de Marcela. La estantería al fin se vino abajo y la sepimerita salió como pudo de aquel lugar para perderse definitivamente entre las calles santiaguinas.
Obviamente, el programa no era en vivo y jamás salió al aire. La cinta fue guardada bajo siete llaves y no se habló más del asunto... hasta ahora. Lo único que no he aclarado, ya que esta historia queda registrada en este blog, es la respuesta que debía haber dado nuestra hermosa alienígena a la pregunta de Enrique Bravo Menadier. Creo que hasta el día de hoy ella no ha logrado darla... lo llaman problemas de autoconocimiento.

sábado, 22 de agosto de 2009

Un problema de semántica


Siempre he preferido dar el nombre correcto a las cosas. La precisión idiomática es una de mis pasiones. Si la gente expresara con exactitud lo que desea comunicar se solucionarían bastantes problemas en este mundo. Todo se encontraría en su lugar y no habría cabida a malas interpretaciones, que nos han costado irremediables malos entendidos o sobrentendidos, incluso terribles diferencias, cuyas asperezas tardan años en limarse.
Les expongo como ejemplo la palabra "femicidio". La encierro entre comillas no por capricho, sino para resaltar que es una palabra que no existe formalmente. La Real Academia Española no la ha incluido en ninguna de sus recientes ediciones, sin embargo los medios de comunicación, a quienes odio con todo el alma por el fomento espantoso a la incultura y deformación de la realidad, la usan con un desparpajo exasperante.
Para darle un peso específico a mis argumentos, le consulté a una respetada profesora de lenguaje de un colegio del sector oriente de la capital respecto al concepto de marras. Me confirmó lo que ya sabía. "Femicidio" como concepto no existe. Aún más, agregó que si se quiere conceptualizar el hecho de matar a una pareja femenina, este palabreja no lo explica correctamente. Más bien, "femicidio" (de existir realmente tal palabra) significaría matar a una mujer por el sólo hecho de serlo, que no es la verdadera intención de los agresores.
Como les explicaba al comienzo, siento pasión por denominar correctamente las cosas, así que no tengo otra salida que aguardar el bendito momento en que los señores académicos den su venia al exacto nombre de tan repudiable acto y los restos de Raquel, dispersos por Santiago tengan al fin un merecido descanso ya que apareció el vocablo preciso.

sábado, 15 de agosto de 2009

La Paila

A Samuel le precedía su fama, en especial desde que adquirió un auto propio. Frente a sus amigos se jactaba denominando al vehículo como "la paila".
-¿Por qué?, preguntaban socarronamente sus amigos.
- Porque la mujer que sube a mi cacharro esta "frita", respondía riendo con todo su cuerpo.
La pandilla amplificaba la imagen de Samuel por todo el vecindario:
-Es un monstruo con las mujeres.
-Se "ha comido" a todas las lolas que ha deseado.
-Ahora que compró un "tocomocho" nada lo detiene.
Beatriz no creía en imágenes de cartón. Luego de haber puesto en su lugar, cachetada mediante, a Carlos, por atreverse a decir públicamente que ella estaba interesada en su persona (nada más falso, ya que la bella joven, de un sólo papirote, lo había devuelto a la realidad) pensaba poner orden a tanto machismo imperante. Era el turno de Samuel. Era hora que alguien le revelara unas cuantas verdades a ese insolente seductor de pacotilla.
La cita no se hizo esperar. Era un jueves en la noche y Beatriz subía mansamente al carro de Samuel. Deambularon por República, La Alameda, Providencia y Pedro de Valdivia. La conversación era trivial y aburrida. Samuel estacionó su juguete con ruedas en una oscura calle.
-Es el momento, se dijo a sí misma Beatriz.
-Pasa al asiento trasero, dijo Samuel, con un tono de voz que imitaba malamante a un seductor.
La joven cambió de asiento y se aprestó para darle la lección de su vida al farsante.
-Ya verás si esta chatarra se sigue llamando la "paila". ¿"Así que estoy frita"? ¿Vas a comerme al igual que las otras?, pensaba con ira la damisela, mientras se acomodaba en el asiento. -Ponme un dedo encima y verás lo que te espera.
En ese momento unas finas manos de metal con unos terminales de tenazas aparecieron de las sombras y desvistieron en segundos a la mujer. Acto seguido, tanto el asiento posterior como el resto de la cabina se convirtieron en metal y de unas diminutas troneras fueron lanzadas salsas, aceites, ajo molido y cebollines picados, para finalmente subir la tempertura de las planchas a un calor insoportable.
Beatriz, al borde del pánico supremo, del dolor insoportable y la muerte inminente, observó cómo Samuel la miraba con ojos lascivos tras la ventanilla, al tiempo que sus manos empuñaban firmemente un cuchillo y un tenedor, regalo de su piadosa madre, que ya en paz descansaba en la corriente sanguínea de su hijo único.