martes, 15 de octubre de 2024

Laura (2° parte)

 




Se deshizo del occiso. Caminó a su domicilio y su mente tormentosa le recordó su condición de renegada. Laura existía desde antes del inicio de los tiempos. El Señor Oscuro, su amo a perpetuidad, la mentaba entre sus favoritas. Si bien, su condición de súcubo la ubicaba entre los seres inferiores de la corte, el mandamás le reservaba un lugar de privilegio entre los suyos. Con la irrupción y cruento desarrollo de la Gran Guerra Celestial, los caídos se contaron por miles y los capturados eran preciados botines. Gabriel, el mensajero Del Que Todo Lo Puede, fue capturado y tratado brutalmente como un prisionero estelar. Laura, presa de una morbosa curiosidad, visitó a los reos con el propósito de burlarse de ellos, pero al ver a Gabriel su temperamento incandescente se activo en el acto. Observarlo derrotado y encadenado, pero con su actitud altiva y aura de incomparable belleza varonil la dejó clavada al piso cual torre de ajedrez. De ahí en más, buscó cualquier excusa para visitarlo. Incluso arribaba a inusuales horas de la noche. En un comienzo solo lo miraba por largas horas. Luego, intentó hablarle en vano. Gabriel, presa de una profunda tristeza, oía sin escuchar. El tiempo mítico se sucedía inexorablemente. Laura se obsesionaba aún más por el silente ser de alas caídas. Un día los carceleros de Gabriel en un descuido, dejaron mal cerrada la puerta del calabozo y la beldad ingresó resueltamente. Esta vez sus ojos retrataron al detalle a Gabriel. Un apolíneo cuerpo, magullado y herido. Un hermoso rostro que acababa en una quijada cuadriculada. Musculatura proporcionada y perfecta, en donde destacaban unas manos grandes y poderosas. Laura tuvo que reprimirse para no arrojarse encima de él. Monologó hasta que la roja mañana llegó. En una de las tantas visitas, Gabriel le contestó una de sus preguntas. Su voz atronó en sus oídos y Laura se dedicó a admirarlo. Sus novedosos puntos de vista calaron hondo en ella. Al borde de la desesperación, se acercó con decisión y lo besó apasionadamente. El alado ser sintió por primera vez una sensación de placer interno inédito. Le propuso la huida conjunta de aquella mazmorra. Gabriel accedió.  

Volaron muy lejos del averno y se fondearon donde creían, ningún ser celestial, ni infernal podrían alcanzarlos. Intimaron como los perritos, luego como los conejos y acabaron cual depredadores salvajes y desbocados. Para Gabriel fue el non plus ultra sexual, jamás experimentado en su inmaculada vida. Para Laura significó descubrir el sentimiento máximo. Se había enamorado perdidamente y por primera vez. Cada encuentro íntimo removía la tierra que los rodeaba. Sin embargo, ambos eran cartas marcadas. El Perfecto envió a Azrael, el Ángel de la Muerte para encontrar y castigar a ese advenedizo. El sancionador los descubrió escapando por el este del paraíso. Un oscuro lugar que les sirvió de un momentáneo, pero precario escondite. Azrael fue poseído por la ira de Dios, dirigió sus dos dedos índices hacia Gabriel y un rayo cegador impactó de lleno en su pecho. Sintió que ardía por dentro y su piel comenzó a enrojecer y luego a supurar una viscosa materia color oro opaco. Seguidamente, todo su cuerpo se encendió en un inmenso fogonazo para quedar solo una mancha oscura en la tierra. Laura temió lo peor, pero el sicario se alejó, sin prestar la más mínima atención a su persona. Lloró desconsoladamente la pérdida del que sería su único amor. Volvió a su realidad infernal y sintió pavor por su existencia. Sabía que el Príncipe de las Tinieblas enviaría a alguno de sus huestes para acabarla, por ello, escapó hacia el planeta tierra, ocultándose, intentando pasar desapercibida y esperando su muerte a la vuelta de cualquier esquina. Por su condición de súcubo, se decidió por la profesión más antigua del mundo. Mataba dos pájaros de un tiro. Con la energía sexual arrebatada a cada víctima se mantenía joven y bella, sin descartar que su endiablada naturaleza era saciada, aunque sea con simples mortales. Fue sacerdotisa en un templo de la ciudad de Uruk en la Sumeria del 2.400 A.C.,  el mismo rol lo cumplió en el puerto de Erice en Sicilia, destacó como una excelente hetaira en la Grecia de Pericles, una perfecta Oirán en el el Japón medieval, Taiwaf en la India milenaria y cortesana en variados reinos de la Europa Moderna. En el siglo XX recala en el continente americano y fue una prostituta de bajo perfil, escogiendo de preferencia países caribeños para sus eróticas y mortales actividades. Sus asesinatos ya se contaban por miles, sin embargo, en ninguno de esos encuentros íntimos volvió a sentir la pasión y desenfreno que experimentó con Gabriel. Como inmigrante colombiana, arriba a Santiago de Chile a comienzos del siglo XXI y los cafés con piernas se convierten en su refugio ideal.

jueves, 10 de octubre de 2024

Laura (1° parte)


Pareces un ángel,
caminas como un ángel
hablas como un ángel,
pero me volví sabio.
Eres el diablo disfrazado.
         ("Devil in desguise". Elvis Presley)


Laura ingresó a la habitación proveniente del tocador. Vestía un negligé transparente que exhibía plenamente sus encantos. Un porte de un metro y ochenta centímetros. Cabellera azabache que caía graciosamente por su nívea espalda. Unos ojos verdes gatunos y embrujadores que adornaban un rostro perturbadoramente adolescente. Su figura rayaba en la perfección. Senos eréctiles y turgentes. Caderas anchas. Cola erguida y unas piernas largas y torneadas. Se deslizó lentamente hacia la cama que ocupaba, ya desnudo, un impresionado y nervioso oficinista de edad mediana. Dejó que el incauto se apoderara torpemente de unos de sus pechos y cuando intentó penetrarla, la bella cambió de un tirón la postura, quedando sobre su víctima. Con el control total sobre la situación, bombeó lentamente en un principio, para luego intensificar el ritmo. El hombre se regocijó, sintiendo que solo ella y él existían en este mundo. Sin embargo, comenzó a sentir que el aire escaseaba en su pulmones y unas terribles convulsiones se apoderaban de su persona. Con sus ojos vidriosos alcanzó a observar por última vez a Laura y su penetrante mirada, que en ese preciso momento encandilaba todo la pieza del motel. Sintió que algo extraño abandonaba su persona para siempre. La bella extrajo de su cartera un bolsa negra plegable. Con una extraña fuerza y pericia embutió el cuerpo sin vida del desgraciado en ella y lo lanzó por la ventana. Abandonó la pieza. Se dirigió hacia su pequeño celerio del color ámbar. Abrió la cajuela y dejó caer el bulto dentro de ella, alejándose, sin prisa, de aquel nido de amores fugaces.

Dirigió su coche a la comuna de Maipú, ubicada al poniente de Santiago de Chile. La rutina la había vuelto una experta. Extrajo la bolsa. Recorrió un corto trecho del vertedero ilegal y depositó el bagayo entre unos escombros. El cadáver podría permanecer por largo tiempo descomponiéndose en ese inmundo lugar y, si era descubierto, absolutamente nada podría relacionar a ese desdichado con Laura. Había perdido la cuenta de la cantidad de víctimas a su haber. Solo en esta tierra del fin del mundo se contaban por decenas. Volvió a su coqueto departamento ubicado en pleno centro de la ciudad. Se dio una reparadora ducha y se preparó para ir a su trabajo de medio tiempo. Sus provocadoras prendas íntimas le calzaban a la perfección. Enfundó sus firmes muslos en una medias caladas blancas. Luego se sentó frente a su espejo iluminado del dormitorio y se acicaló diestramente su cara y cuerpo, convirtiéndose en una sensual mezcla de niña terrible y muñeca finísima. Dirigió sus pasos hacia el Mahal Kita, un café con piernas del paseo peatonal de la calle Estado.  Puntualmente llegó y marcó su ingreso a las trece horas. El uniforme del día era un mini vestido negro con la espalda descubierta, rematando en unos zapatos de taco aguja que estilizaban aún más su imponente figura. Aquel antro era su centro de operaciones. Reinaba sin contrapeso y las otras ninfas eran su corte. Los parroquianos se perdían por una atención suya, una mirada o un beso en la mejilla de despedida. Laura los analizaba detalladamente, buscando a su próxima víctima. Demoraba entre tres a cuatro semanas en lograr su objetivo. Los escogía, los seducía discretamente al inicio y desenfadadamente al final. Se consumaba la cita junto con el pago y, fuera del turno laboral, se ejecutaba el flamígero crimen.  
 
Laura sabía que ya caminaba por caminos pedregosos en su actual trabajo. Su vastísima experiencia le indicaba que no más de seis meses era el tiempo máximo que debía permanecer en cada establecimiento. Luego del tercer cliente habitual que desaparecía para nunca más volver, podrían atarse cabos y vincularla. Por ello, le comunicó al administrador que dimitía. Que su bella rock star se fuera era una herida en la economía del café que costaría sanar. Este le suplicó en vano. Ya era una decisión irrevocable. A los pocos días se encontraba laburando en el Diosas y Gatas. Los cafés con piernas se habían convertido en su trampa ideal. Ingresaban una mayoría de hombres solitarios, cincuentones, con poder adquisitivo no menor y, la guinda del postre, con escasa red de apoyo social. Laura los olía a la distancia y comenzaba a tejer los hilos que, lentamente, amarrarían mortalmente al incauto de turno. Los impactaba con su belleza que cortaba el aliento. Se les acercaba y les rozaba levemente sus senos y sus muslos en un abrazo de bienvenida. Les hablaba al oído y los despedía con un beso en la mejilla que cada vez se acercaba, día a día, a la comisura de los labios del futuro finado. Esta vez demoró escaso tiempo en el ritual. Era un hombre alto, de carnes magras y de rostro afilado. En los días preliminares, Laura lo sedujo implacablemente. Se citaron en el motel Azul, en horas de colación. Ya en la habitación, desanudó su corbata y con lentos movimientos desabotonó su alba camisa. Le dio un leve empujón que lo depositó en la ancha cama. Luego, Laura encendió un parlante y comenzó a desnudarse al son de una música insinuante. El cliente había cancelado por un servicio completo, que incluía candentes preliminares. Acabó de desvestirse. El proyecto de desaparecido se puso de pie y ella se arrodilló, abriendo la bragueta del pantalón y cumpliendo con fruición el segundo acto de la macabra comedia. Seguido de un breve descanso, lo invitó a una ducha tibia. Se abalanzó sobre su cuerpo y a horcajadas, rodeando sus brazos en su cuello, se insertó en él. Mientras el agua caía sobre sus cuerpos el hombre conocía la gloria. Sin embargo, unos ahogos espantosos dificultaban su respiración. Sintió que el corazón le estallaba y un calor insoportable invadía su humanidad. Antes de dar su postrero suspiro, observó con estupor que Laura mutaba su tersa piel de alabastro en una roja y corrugada y que su aliento le abrasaba sus entrañas, ya que los labios de aquella monstruosidad se pegaron a los de él extrayéndole hasta la última energía que ese varón podía almacenar.

sábado, 24 de agosto de 2024

María José no les cree a los hombres del planeta tierra.

                 For here am I sitting in a tin can
                 Far above the world
                 Planet Earth is blue
                 and there's nothing I can do...
                                  (Space Oddity, David Bowie)                                 

      A comienzos del siglo XXI, específicamente en el año 2002 (según registros temporales terrestres), una colosal nave proveniente de la constelación Deacus, cuya estrella principal es Kepler - 90, se detuvo a escasa distancia de nuestro mundo. Era uno de los miles de vehículos interestelares que viajaban por el espacio conocido y que la precaria tecnología humana no podía detectar. La Federación de Planetas Unidos hacía eones que visitaba distintas estrellas. El armatoste que se ubicó a una distancia prudente del globo terráqueo azul poseía como objetivo principal el enviar a nóveles tripulantes a estos alejados lugares para realizar estudios de campo muy específicos.

 

Nimda An Dor era una joven originaria de la raza Ashtar, seres que se comunicaban canalizándose con el prójimo. Era parte integrante de la tripulación y una de las aspirantes adelantadas. El líder de su destacamento reunió a sus discípulos y les impartió sus misiones por los próximos 2.000.000 cronos (en tiempo de Planck), similar a un mes terrestre. Nimda y sus compañeros debían permanecer ese tiempo empapándose de la realidad, circunstancias y reacciones del primate macho de la especie dominante del planeta tierra y entregar su monografía para cerrar su largo periplo académico. Cada tripulante se ubicó en los cubículos de teletransportación. Recibieron su destino, locación y nueva identidad directamente en uno de sus cinco troncos encefálicos, junto a la que sería su novedosa estructura humanoide. Así, Nimda llegó a Santiago de Chile, siendo su radio de acción el denominado Barrio Cívico de la urbe. Su nueva estampa se caracterizaba por poseer un metro sesenta, piel canela, pelo azabache que caía sensualmente por sus hombros, ojos negros almendrados, un coqueto lunar bajo la barbilla y todo ello acompañado de una curvilínea figura. Su alias o chapa, María José.

 

El programa de la Federación de Planetas se caracterizaba por ser uno de los mejores y más ordenados de las galaxias conocidas. El objetivo era que sus cadetes experimentaran situaciones reales desde una vivencia educativa integral. El propósito asignado a María José era interactuar con el habitante varón de las capas sociales medias de esa capital para, posteriormente, exponer sus conclusiones a los líderes. Se le asignó un pequeño departamento colindante con el casco histórico de aquella metrópolis y una ocupación de garzona premium en un "café con piernas" ubicado en la calle Moneda, a pocos pasos de la Avenida San Antonio. El local se llamaba "El Barón Rojo", haciendo una alusión cuasi erótica al piloto de caza Manfred Von Richthofen, héroe alemán de la Primera Guerra Mundial, quien derribó a más de 88 aviones enemigos, con su amado biplano Albatros, cuya característica distintiva era su color escarlata. María José se enteró, por medio de un extenso dossier llegado a su cerebelo recientemente que su rol sería encarnar a una atractiva joven que reproduciría el estereotipo de mujer alegre, sumisa, servicial, doméstica y que se encuentra dispuesta a escuchar al prójimo a todo evento. El primer día de trabajo la recibió Miguel Ángel Morales, dueño del negocio y creador intelectual del "minuto feliz", que se estrenó el año 1994 y consistía en que las mozas exhibieran, durante 60 segundos y una sola vez al día, sus turgentes senos desnudos a los encantados parroquianos, cuya suerte los ubicaba en el lugar y momento oportuno. El mandamás al ver a la pequeña beldad, ordenó que, junto al provocativo uniforme, le asignaran unos bellos zapatos de estilo glam y con altísimos tacones, para optimizar su diminuto, pero encantador porte.

 

Su primer día de trabajo fue el puntapié inicial de un mes que la moza deseó olvidar para siempre. Llamó su atención los vidrios polarizados de las puertas de entrada al recinto. Algunos años antes, el ex - alcalde de la comuna, Jaime Ravinet, obligó a estos lugares a encubrir sus puertas, otrora transparentes, por púdicos diseños que impedían a mirones, en especial a menores de edad, a fisgonear a las mujeres que vestían con lencería fina en el interior. María José entró al camerino del café y pidió asesoría a otras sirenas de cómo maquillar su bello rostro. Se enfundó el diminuto atuendo que ocultaba solo lo esencial y que dejaba al descubierto todo lo demás. Aquello le hizo gracia, ya que no experimentó la inicial vergüenza de las primerizas. Más bien, sintió comodidad, ya que el traje oficial de la Federación pecaba de incómodo. Solo el calzado le molestaba al caminar. Inició su turno que cubría de lunes a viernes desde las dos de la tarde hasta las nueve de la noche. La primera semana los clientes que se le acercaban eran variopintos. Unos solicitaban el expreso, el cortado o el capuchino de manera cortés, pero con una timidez galopante. Otros se hacían los cancheros y trataban con una fingida seguridad a las jóvenes, aunque sabían que la procesión vacilante iba por dentro. Los menos, intentaban una insulsa conversación que apenas podían sostener, ya que sus ojos se les desviaban hacia las sinuosas curvas y generosa anatomía de las ninfas. Las propinas oscilaban entre unas méndigas monedas, pasando por billetes de números bajos, hasta los clientes encantados que dejaban suculentas cantidades de dinero. En medio de esa primigenia semana María José fue testigo de intempestivas visitas por parte de funcionarios de la Inspección del Trabajo y Policías, respectivamente, quienes multaban a los locatarios por absurdas razones, que escondían una presión de grupos ultraconservadores que mentaban de inmorales e indecorosos estos lugares, intentando recrear una caza de brujas. Más, todo esto lo zanjó Joaquín Lavín, alcalde en ejercicio de la época, que dictaminó una ordenanza que incluía solo horarios diurnos de funcionamiento, prohibición de venta de bebidas alcohólicas y la nula posibilidad de ejercer la prostitución por parte de las bellas. Los conservadores asintieron las medidas de su correligionario. Que esos lupanares se encerraran en sí mismos y se condenaran solos, argumentaban. Ni el más pintado sospecharía que en el 2005, el mismo alcalde, ya en campaña presidencial, se fotografiaría con un ramillete de sensuales garzonas del lugar y estamparía su firma en uno de los muslos de una de ellas, olvidando de una plumada sus convicciones, con el objetivo de lograr votos esquivos.

 

La segunda y tercera semana María José fue objeto de numerosas insinuaciones e invitaciones directas por algunos parroquianos que se fueron acostumbrando a su presencia arrolladora. Inventaban rupturas amorosas con sus parejas o se erigían como prósperos emprendedores para conseguir el favor de ella, cuando a todas luces eran ídolos con pies de barro. La invitaban a salir de noche, pero se saltaban el galanteo previo. Intentaban tocaciones indebidas, que eran rápidamente detenidas por personal de seguridad del café. Incluso le ofrecieron dinero por sus servicios sexuales. Esto último le pareció insólito e impráctico. Cada sábado, ella realizaba un estado de avance de sus investigaciones y experiencias a sus superiores por medio de una avanzada red neuronal que la conectaban con su comandante por impulsos de energía cerebral. El análisis era obvio. En ese lugar de dominio varonil predominaban en estos simios la chapucería, la simulación y la ignorancia arrogante. María José enfrentó sus últimos siete días de pasantía en la tierra con un sentimiento que jamás había experimentado, la desilusión. Atendió a toda su clientela que ya había aumentado en gran número con la simpatía y diligencia acostumbrada, sin embargo, internamente el desencanto y rechazo por aquellos terrícolas falsarios se encontraban enquistados en sus quinientos mil millones de neuronas. Ese domingo en su departamento esperó la teletransportación a la nave madre, en donde debía comparecer ante la comisión que evaluaría su monografía. La bella sabía que en ese trabajo intelectual omitiría una parte que, de saberlo, esos bravucones habrían repensado respecto a sus fallidas y torpes artimañas seductoras. Si alguno de ellos se hubiera acercado a Nimda An Dor siendo él mismo, demostrando un corazón verdadero y destacando por ser empático, habría logrado la fidelidad absoluta de ella y recibido el amor pleno e integral, en especial el físico, ya que las Ashtar son reconocidas como las mejores amantes en la mayoría de las galaxias gobernadas por la Federación.

 

                                                   FIN                               

lunes, 29 de julio de 2024

Godzilla destruye Santiago de Chile (V parte y final)

 

El teaser solo duró 30 segundos. Ya todo el país esperaba ver esta última entrega, como también millones de personas en el mundo, relacionadas directa, indirecta o tangencialmente con el mundo del cine, debido al revuelo causado. Ubicaron a Godzilla en el barrio cívico de la capital. El descomunal lagarto ingresó por el Paseo Bulnes, emitiendo ruidos ensordecedores y dirigió sus enormes pasos hacia el Palacio de la Moneda, la construcción más significativa de la república y sede del poder ejecutivo. Se ubicó en el frontis del señero edificio y en ese momento sus placas dorsales comenzaron a brillar desde la punta de su larguísima cola hasta llegar a su garganta. Acto seguido, un devastador rayo nuclear azulado salió expelido de sus fauces y dio de pleno en ese histórico edificio, incendiándolo por completo y luego de unos segundos se consumió, derrumbándolo estrepitosamente y levantando una nube inmensa de humo.

 Esta vez, las autoridades fueron acorraladas por los progresistas y la izquierda unida. La altísima inconveniencia de retrotraer el tiempo y recordar aquel 11 de septiembre de 1973 cuando el Palacio de La Moneda fue bombardeado e incendiado por aviones de la Fuerza Aérea de Chile, iniciando el golpe de estado, hecho histórico que aún divide a sus habitantes y recreándolo en una película de Ciencia Ficción les pareció de un mal gusto de marca mayor. Miles de personas se agolparon en el hotel que alojaba a los cineastas, pidiendo su expulsión. Los parlamentarios citaron a una reunión extraordinaria para tratar el caso. Los partidos políticos de todos los colores, una vez finalizada la sesión, decidieron deportar a Takashi Yamazaki y su equipo y declararlos personas non gratas. El presidente de la nación, con el agua que ya rozaba su cuello, firmó el decreto de expulsión y ordenó al Servicio Nacional de Migraciones la misión administrativa y logística de la acción. Todo lo anterior transmitido a todo el mundo por todas las vías de medios de comunicación masivos interesados en este singular espectáculo. Takeshi y su gente salieron escoltados del hotel, bajo una numerosa comitiva policial de automóviles y motocicletas con destino al aeropuerto. Una vez en el avión, el cineasta sonreía pletórico. Había triunfado por todo lo alto, emulando a su mentor Orson Welles. Lo recibirían en su país como un verdadero ganador y su fama se multiplicaría por mil.

Dejaba tras sí a este pequeño país, que pese a que llevaba más de trescientos años de formación y doscientos de vida institucional, aún se conservaba crédulo, inocente, susceptible y sin siquiera percatarse de ello, nuevamente hacía el ridículo a la vista de la comunidad internacional.

                                             FIN


sábado, 27 de julio de 2024

Godzilla destruye Santiago de Chile (IV parte)

 


La troup de Takeshi arribó al aeropuerto Comodoro Arturo Merino Benítez de Santiago de Chile el lunes primero de abril. Previamente, el cineasta realizó magia con el escualido presupuesto, ya que no solo confeccionaron ocho brillantes y espectaculares teaser del mockumentary que denominaron Godzilla Destroyer (Gojiradesutoroiya), (título que, según sus propios sondeos, les pareció altisonante y a prueba del entendimiento de cualesquiera hispano hablante que no dominara el idioma británico), sino que también, los morlacos les habían alcanzado para una agresiva campaña publicitaria en Japón y en Chile, en donde asentaban que el radioactivo dinosaurio realizaría estragos al por mayor en la principal urbe del austral país. La suerte ya estaba echada y Takeshi se la jugaría hasta las últimas consecuencias. El primer efecto del accionar de la maquinaria nipona fue una multitudinaria conferencia de prensa en el salón VIP del aeropuerto. Una gran masa de otakus desbordaron las dependencias del terminal aéreo y amenazaron a guardias y personal de seguridad, si el cineasta y su equipo, a lo menos, realizaran una aparición siquiera fugaz para inmortalizarlos en sus cámaras de celulares. En el trayecto del aeródromo al hotel la limosina que llevaba a los orientales estuvo a punto de colisionar, porque los fanáticos los acosaron durante gran parte de la travesía. Medios de comunicación locales y algunos extranjeros, cubrieron el apoteósico arribo. Takeshi sonrió satisfactoriamente. El elaborado plan ya les entregaba los primeros réditos.     

La segunda parte de este periplo del engaño sofisticado consistió en visitar a cuanto medio de comunicación masivo de Chile los invitara. En canales de televisión, radios y podcast de altísimo rating cacarearon a los cuatro vientos que la Película Godzilla Destroyer sería la versión definitiva del monstruo y marcaría toda una época y nada menos que usando Santiago como locación. Se venía la fase decisiva del proyecto. Se liberaron cuatro teaser por la mayoría de las plataformas virtuales y un expectante publico nacional visionó como el lagarto hiperdesarrollado destruía violentamente el Paseo Ahumada, arrasando a las edificaciones más señeras del lugar con sus temibles mandíbulas y garras. Con su aliento atómico gravitacional hizo desaparecer en una gran explosión una tercera parte del cerro Santa Lucía. Con un potente rayo espiral aniquiló de una plumada el Estadio Nacional. Finalmente se posó en la torre del Costanera Center, la edificación más alta de Sudamérica, causándole gran daño. Esta imagen de Godzilla encaramado y abrazando esa monumental construcción sería el ícono que recorrería el orbe. Las reacciones no se hicieron esperar. Los otakus chilensis levitaban y se les entornaban los ojos a blanco con las secuencias liberadas en las redes sociales, mientras que los dueños de locales comerciales en donde el gigantesco ser arrasó, causando estropicio total, se sobaban las manos, debido a la gran afluencia de público que se agolpó en esas locaciones.

Sin embargo, una montonera de vehículos fueron detectados abandonando la urbe, asustados por la presencia de tamaño ser. Otros, de tendencias conservadoras y con poder económico y comunicacional declaraban en televisión el inconveniente para el turismo, ya que una ciudad amenazada virtualmente les estropearía el negocio. Los objetivos del plan cumplía con creces la fase en curso. Takeshi apuró la continuación de lo planeado. Se liberarían tres teaser esta vez. Los santiaguinos observaron con estupor a Godzilla y Rodán en combate y arrasando con sus violentos movimientos los modernos edificios del sector financiero exclusivo, denominado Sanhattan (Santiago + Manhattan). Un segundo colosal encuentro entre el dinosaurio radioactivo y Gamera dejó un cráter de dimensiones monumentales, donde se encontraba previamente el Parque Forestal (una copia pequeña de los jardines parisinos). Empero, Takeshi subió a internet el penúltimo teaser, con el explícito objetivo de rizar el rizo. Godzilla, esta vez acompañado de Motra acababan con la Plaza de Armas, sirviéndose como plato principal la Catedral de Santiago, derrumbándola con gran estrépito. La temperatura de varios chilenos subió a los cuarenta grados. Grupos religiosos conservadores y de ideología derechista salieron a las calles a protestar airadamente, a los que sumaron otros grupos espirituales de otras opciones, realizando causa común. Sus líderes realizaban llamados a las autoridades a tomar cartas en el asunto por el agravio. Los gobernantes de turno llamaron a la calma a la población, indicando que lo acontecido era solo una invención cinematográfica. Aún así, la efervescencia crecía peligrosamente. Un grupo de Otakus fueron salvajemente golpeados en la calle por pandillas de neonazis y los inmigrantes y escasos turistas que poseían rasgos asiáticos, temiendo por sus vidas, prefirieron encerrarse en sus casas y hoteles. La televisión nacional cubría todo aquello, con el morbo acostumbrado y el resto del mundo observaba con asombro este espectáculo en vivo que se ofrecía en esta Finis Terrae. Takeshi preparaba su última jugada del plan maestro y liberaría su último teaser que, a propósito, lo guardaba como gran final. 

domingo, 7 de julio de 2024

Godzilla destruye Santiago de Chile (III parte)

 

Los adláteres de Takashi, convertidos en ratones de bibliotecas virtuales, extrajeron la mayor cantidad de información posible del carácter y personalidad de los habitantes de la República de Chile para comprobar si serían presa fácil de un pánico colectivo. En la actualidad registraban una estadística menor de hurtos simples, robos a mano armada y asesinatos. Todo aquello comparado con sus vecinos próximos y distantes del continente americano. Sin embargo, su percepción de inseguridad era uno de los más altos de la región. Tal contradicción se explicaba por variadas razones, aunque predominaban las que apuntaban a que la mayoría de los medios de comunicación masiva le pertenecían a un grupo de empresarios con una ideología muy definida, los que usaban el miedo, la desconfianza y el tremendismo como efectivas armas de manipulación, sumado a la triste realidad que un numeroso contingente de sus habitantes mayores de edad no comprendían bien lo que leían. Más aún, los cineastas nipones, perfeccionistas en todo lo que realizaban, descubrieron que esta singular cualidad recelosa, acompañada del escaso capital cultural por falta de lectura se sustentaba en varias décadas atrás. 

Los japoneses reconstruyeron una línea de tiempo en retrospectiva que daba cuenta de la susceptibilidad de chilenas y chilenos. En enero del 2007 y agosto del 2006, respectivamente, en canales de televisión nacionales se proyectaron dos documentales. Uno de ellos llamado Último minuto, que recreaba un tsunami que destruía Iquique, una ciudad del norte del país y en 2006 la National Geografic, un terremoto ficticio en el puerto de Valparaíso. Las reacciones no se hicieron esperar. Desde los crédulos que comulgaron con ruedas de carreta y se tragaron todo, pasando por connotados habitantes de ambos puertos que deseaban demandar a los directores de los documentales por el daño causado a la imagen turística de ambas localidades. Incluso, la fecha la consideraron altamente inapropiada, debido a que se conmemoraban cien años del gran terremoto de 1906 que dejó terribles daños y miles de muertos en la Joya del Pacífico. Takeshi, demostrando que caminaba varios pasos más adelante que su gente, les platicó a los suyos que en plena dictadura cívico - militar, específicamente en el año de 1986, una operación comunicacional ideada por un ministro de apellido Cuadra, intentó, con gran éxito, convencer a sus compatriotas que el cometa Halley surcaría los cielos de ese ingenuo país y se detectaría en todo su esplendor y a simple vista, acción imposible a todas luces. Chilenas y chilenos se congregaron en distintos lugares prestos a vivir un momento épico de sus vidas, experimentando una gran decepción, debido a que el Halley brilló por su ausencia. Muchos años después se develó el fraude. Los habitantes de ese lugar pasaron por alto la efervescencia social por el descontento contra el dictador y las protestas callejeras disminuyeron en su convocatoria, el tiempo que ese objeto espacial supuestamente surcaría los cielos de Chile.

El corolario de esa retrospectiva los remontó al 2 de junio de 1962. Día que que ocurrió la Batalla de Santiago (Battaglia di Santiago para los italianos). Unos cuantos años antes, dirigentes deportivos chilenos presentaban en Lisboa su candidatura oficial para convertirse en sede del Mundial de Fútbol, adjudicándoselo con una gestión que fue considerada una hazaña. Los periodistas tanos del diario Il resto del Carlino de Bolonia, Antonio Ghirelli y Corrado Pizzinelli viajaron a Chile una cuantas semanas antes de la justa deportiva y se empaparon del sabor local.  Sus impresiones las publicaron en una nota que se tituló : Santiago, i confini del mondo: l'infinita tristezza della capitale cilena, mostrando a sus compatriotas un ciudad subdesarrollada y melancólica, en donde la prostitución, la pobreza, el analfabetismo y la miseria la convertían en su marca de fábrica. Aún más, el escrito se preguntaba si ese contexto no afectaría gravemente el ánimo y la producción futbolística de los deportistas de la azzurra. El Mercurio, un conservador diario local, reprodujo el contenido de este artículo que indignó a la población. Ambos periodistas bachichas se vieron obligados a abandonar el país. En una calle de Santiago unos sujetos agredieron a un periodista argentino, confundiéndolo con Guirelli o Pizzinelli y un pasquín llamado Las Últimas Noticias trato a los italianos de fascistas, mafiosos, drogadictos e hipersexualizados,  ¿El resultado? Ese 2 de junio se llevó a cabo uno de los partidos de fútbol más violentos de los que se tengan memoria. Los equipos chilenos e italianos entraron al campo de juego en un ambiente de hostilidad insoportable. En largos minutos del encuentro se dedicaron a darse de alevosos puntapiés y golpes de puño. El árbitro superado totalmente por la situación, intentaba vanamente controlar lo incontrolable. Espectadores del viejo continente observaban asombrados ese dantesco espectáculo, ya que era el primer mundial de fútbol que se transmitía en directo a los que poseían la tecnología para verlo. Los tiffosi aún hoy recuerdan el izquierdazo que el jugador chileno Leonel Sánchez le propinó en pleno rostro al italiano David, luego que este último lo pateara en el suelo. El encuentro acabó con dos jugadores italianos expulsados y los locales imponiéndose por dos goles a cero. El revuelo futbolístico fue de tales proporciones que se convirtió en el crisol de las actuales tarjetas amarillas y rojas, que sancionarían cualesquiera incidente dentro del campo de juego.

Takeshi Yamazaky había reunido toda la información requerida. Los habitantes del austral país, en especial los de de su capital Santiago, eran definitiva e históricamente crédulos, cándidos, alarmistas y la cualidad que adoró el cineasta... susceptibles. El escenario se encontraba dispuesto. Godzilla se acercaba a pasos agigantados a Santiago de Chile.

miércoles, 3 de julio de 2024

Godzilla destruye Santiago de Chile (II parte)


Takashi reunió a su equipo de trabajo y les propuso su idea. Las mentes pensantes la evaluaron con la distancia que les daba el camino recorrido. Sorprender a una audiencia en el siglo XXI, que había sobrevivido a la turbulenta centuria anterior y que ya no comía vidrio no era recomendable. Más aún, cuando los dueños de la franquicia de los estudios Toho lo acicateaban con una pronta secuela de Godzilla. Pero Takashi se caracterizaba por su tozudez y obstinación. Urgió a su gente y los congregó para una lluvia de ideas. Durante cuarenta y ocho horas seguidas torturó a su equipo, hasta que a Masahiro Ishiyam, el colorista del grupo, se le iluminó la sabiola y propuso una búsqueda de un grupo numeroso de personas crédulas, inocentes y susceptibles de un país, región o localidad a las que se les aterrara con un mockumentary o falso documental, usando al abominable monstruo nipón y emulando el estilo inicial del gran maestro Welles.
 

El equipo completo compareció ante Mitsuru Shimada, Presidente de Toho Estudios, con la propuesta plasmada en una primorosa presentación audiovisual de alto estándar. El mandamás nada más escuchó la propuesta y estuvo al punto de enviar a Takashi y su corte a la mismísima cima del monte Fuji. El carcamal les espetó que la idea carecía de sentido comercial, la intrascendencia le invadía y el agua le entraba por todos los costados. El joven cineasta no se amilanó y usó su cuenta corriente cuyos fondos se sustentaban en la fama reciente. Además le recordó que poseían un contrato de, a lo menos, tres proyectos de  films de la saga de Godzilla. Shimada reflexionó y su sentido empresarial oportunista surgió en ese momento. Accedió a aprobar unos 790 millones de yenes (un poco más de cinco millones de dólares) y que Takashi se las arreglara como pudiera. Esa exigua cantidad poseía como objetivo que desistiera de su peregrina idea y que volviera a la cordura de un proyecto comercial masivo y altamente rentable. Sin embargo, la contumacia de galardonado oriental lo consumía por dentro. Aceptó el reto. Una nueva y desgastante junta creativa era convocada. Un semana completa de propuestas y contrapuestas, de gritos y nervios alterados se llevaba a cabo. Pero apareció una tenue luz al final del túnel. Con el risible presupuesto asignado realizarían varios teaser, que predecirían a un supuesto mockumentary que no se realizaría nunca, debido a que estos cortos consumirían todo el dinero. El objetivo siguiente consistiría en hallar un grupo numeroso de gente que armara un lio bárbaro al ver en pantalla imágenes del descomunal dinosaurio destruyendo alguna de sus ciudades, creando la ilusión que efectivamente sucedería. Takashi ya poseía alguna información preliminar. Se adelantó a su equipo y les ordenó que realizara un urgente y efectivo estudio del comportamiento de unos singulares habitantes de un país que se encontraba en las antípodas del primer mundo.