martes, 7 de febrero de 2017

Una jauría de lobos



 De cómo un grupo de jóvenes futbolistas, mayormente de extracción social modesta, se agrupó y cambió el hambre literal, por el de triunfos, se dejó conducir por estudiosos entrenadores y asombró al planeta fútbol, dejando mal parados a encopetados rivales del primer mundo, formando parte de planteles estelares europeos y conquistando sendos campeonatos en América, era para las generaciones antiguas de hinchas del balompié criollo solo una quimera.

Sin embargo, la espera de cien años de sequía de triunfos llegó a su fin y he aquí que en nuestro palmarés se encuentran dos copas América, no solamente ganadas de manera consecutiva, sino que venciendo a la Argentina de Messi, el mejor jugador del mundo en la actualidad según los entendidos, y nada menos que por la infartante tanda de los penales. Expediente que en el pasado nos traía dolores de cabeza, ya que las perdíamos todas.

El diario inglés The Guardian, publicó una crónica dedicada a nuestros muchachos en donde los calificaba de Jauría de lobos (Pack of wolves), debido a la intensidad del juego en equipo, su velocidad enloquecedora y su hambre depredadora al encarar a los rivales y atacar al arco contrario. Era el sueño realizado, los deseos concebidos y la senda del camino amarillo por fin encontrada.

¿Por qué tanta alegría desatada? ¿A qué se debe la hiperbólica reacción ante un hecho deportivo? 

Remontémonos a nuestro pasado para comprender el contexto y las ocasiones que se llegó a instancias finales sin éxito…




Corría el año de 1955. Después de desafortunadas participaciones en Campeonatos Sudamericanos de 1916 a esa fecha, por fin se llegaba a instancias finales y el Estadio Nacional era el escenario. Los nuestros llegaban a la final con Argentina. Los nombres de Misael Escuti, los hermanos Robledo, René Meléndez y Enrique Hormazábal, brillaron a alturas insospechadas, pero lamentablemente se pierde la final con la albiceleste 1 a 0 con gol de trasandino Mecheli en el minuto ’56. Un hecho luctuoso enluta la final. Mueren seis personas aplastadas por la multitud al desear ingresar al recinto deportivo y quince resultan heridas.



Al año siguiente, el de 1956, se organiza la cita sudamericana en Uruguay, quien resulta ser el flamante campeón. La desgracia es que el combinado nacional, manteniendo casi la misma base del año anterior, vuelve a ocupar el segundo lugar, desplazando a Argentina por diferencia de goles y por primera vez golea a Brasil por 4 a 1, con goles de René Melendéz, Leonel Sánchez y dos de Enrique Hormazábal. Este último gana el título de goleador del torneo. La anécdota bizarra es que Guido Vallejos, creador del inmortal cómic Barrabases, crea una historieta imaginaria, en esa época, en donde el seleccionado chileno obtiene el título de campeón sudamericano y en una de las fechas golea a Brasil 5 a 1, siendo la sede el país de La Celeste. Resultado y locación similar al del equipo real.

 La paciencia e inocencia del espectador nacional resiste cualquier prueba, por ello se tuvo que esperar hasta 1979. El campeonato había cambiado de nombre y de formato. Era la flamante Copa América y los equipos se dividían por grupos y se enfrentaban en duelos de ida y vuelta. El seleccionado fue sorteando rivales, entre ellos, Perú y Colombia. Especial mención merece una leyenda no comprobada del lance en Santiago, frente a los cafeteros. Se necesitaba ganar por una diferencia de dos goles para seguir en carrera, lo que se consiguió. Sin embargo, se cuenta que, unos días antes del encuentro, ingresaron unas prostitutas al hotel de los colombianos y se sacaron fotos con varios jugadores en situaciones poco decorosas. Al iniciar el partido, se las entregaron a los deportistas involucrados y jugaron el peor partido de sus vidas. La final se jugó a un máximo de tres juegos con Paraguay. Se pierde 3 a 1 de visita y se gana 1 a 0 de local (gol de Carlos Rivas) y la final se juega en Argentina con resultado 0 a 0. Raya para la suma: Paraguay campeón por mejor diferencia de goles. Destacaron, entre otros, “El gato” Osbén, Mario Galindo, Elías Figueroa y Carlos Caszely. La revista cómica argentina Humor registrado, festina con que absolutamente todos los ataques de Chile y Paraguay se realizaban por la derecha, haciendo alusión a las cruentas dictaduras de Augusto Pinochet y Alfredo Stroessner, que gobernaban en esos años.






Nuevamente una larga espera. Corría el año de 1987 y se había vuelto al campeonato con sede única. Esta vez era Argentina el país local y gran candidato, ya que contaban con uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol mundial, Diego Maradona. Además, el seleccionado trasandino se había coronado campeón del orbe en México el año anterior. Chile, con jugadores como “El Cóndor” Rojas, Fernando Astengo, Jorge Contreras y Jaime Pizarro, por nombrar algunos, iba con la ilusión de sortear alguna ronda. Pero los hados, por lo menos al comienzo se encontraban al lado de la roja. El seleccionado gana sorpresivamente su grupo y golea nada menos que a Brasil, en la ciudad de Rosario. Los tantos de Ivo Basay y de Juan Carlos Letelier quedaron en la retina de los hinchas de la época y se estructuró el 4 a 0. En la semifinal se derrota a la Colombia del “Pibe” Valderrama por 2 a 1 y se choca con Uruguay, equipo que dejó en el camino a los campeones mundiales trasandinos. La historia se repite, cual sino garciamarquiano. La Celeste nos derrota por la cuenta mínima. El “Condor” Rojas, en un potente tiro da rebote y Bengoechea anota el gol del campeonato. Se supo que el mismo día de la final, los jugadores intentaron realizar una nueva negociación con los dirigentes, con respecto de los premios económicos por ganar el campeonato. Nunca se encarnaron mejor los dichos populares de: “No se reparte el chancho, si no lo has comprado”, o bien,  “nunca se limpia el trasero, antes de haber cagado”.

Dicen que no hay mal que dure cien años…en este caso, duró 99. Ya son parte del imaginario deportivo nacional los partidos de Chile en la Copa América de 2015 y, en especial, los penales convertidos en el duelo final entre Chile y Argentina por Matías Fernández, Arturo Vidal, Charles Aránguiz, el perdido por Higuaín y el atajado por Claudio Bravo a Banega. Como corolario, Alexis Sánchez enfrenta desde los doce pasos al “Chiquito” Romero y la pica con una sangre fría nunca vista en canchas chilenas. Por fin podíamos gritar a todo pulmón: ¡Chile campeón!



Aún asombrados por la hazaña lograda y con la resaca de la fiesta a cuestas, este jauría nos tenía reservada otra sorpresa de inmensas proporciones. Se decidió organizar una Copa América Centenario a disputarse en Estados Unidos. La razón obedecía a la conmemoración de los cien años de la creación de torneo de selecciones de fútbol más antiguo del planeta. Nuestro equipo llegaba con el cartel del campeón. Si bien, los primeros partidos no dejaron un buen sabor de boca, se logró a llegar a instancias finales. Fue el 7 a 0 a México el que asombró al continente. La semifinal con Colombia arrojaría un 2 a 0, con la espera más larga que se tenga memoria, ya que una apocalítica tormenta no dejó jugar por casi una hora. Y nuevamente la final con la Argentina de Messi.Quedarán grabadas a fuego las imágenes de los penales perdidos por la mismísima "Pulga" y Arturo Vidal y el que Claudio Bravo le atajó a Biglia, como también los convertidos por Nicolás Castillo, Charles Aranguiz, Jean Beausejour y el tanto del campeonato que convirtió el "Gato" Silva. ¡Chile Bicampeón de América!


 Esperamos con ansias, que una nueva conjunción de astros se alinien en el firmamento y nos entreguen una nueva generación de destacadísimos futbolistas como esta jauría de lobos. Mientras esto no ocurra, sigamos disfrutando ahora y para siempre de esta señalada camada de deportistas, que ya son leyenda.

sábado, 28 de enero de 2017

Una sirena fuera de programa




Ocurrió hace varios años atrás.

Mi hijo mayor cursaba el tercer año de secundaria y el menor despuntaba en la preadolescencia. Las visitas de ambos a Santiago eran recurrentes, en especial en plena canícula. Las salidas al cine, museos interactivos y tocatas callejeras daban un sabor inigualable a las vacaciones, sin embargo, lo que ellos valoraban sobremanera eran las salidas a las piscinas de la Región Metropolitana.

La que visitábamos con frecuencia, en ese entonces, era la alberca del Parque O'Higgins. Centro de diversión de la clase proletaria de la urbe capitalina. Almorzábamos con prontitud y dirigíamos nuestros raudos pasos hacia ese populoso lugar, intentando capear el implacable calor que atontaba los sentidos de los ya atribulados habitantes de esta caótica ciudad.

Al ingresar al recinto, nuestro único objetivo era zambullirnos en las refrescantes y, aún diáfanas aguas, de la pileta. Por razones estrictamente higiénicas, visitábamos el recinto solo los martes. Los días lunes permanecía cerrado y el líquido elemento era tratado con desconocidos desinfectantes, para que el resto de la semana los infantes, y otros inconscientes, lo emporcaran con sus non santos fluidos corporales.

Nadábamos en el lugar en que la profundidad de la piscina era mayor, ya que el resto se encontraba atestada de gente que únicamente chapoteaba y jugaba, porque todavía no habían dominado el oscuro arte del nado sincronizado. En ese preciso momento, una despampanante mujer desfiló frente a nuestros atónitos ojos. Seguimos con avidez, sus provocativas curvas, su breve cintura y su hermoso derriere. Debo hacer notar que en este tipo de recintos, las jóvenes féminas, en especial la que se encuentran en edad de merecer, escapan con largueza al ideal de belleza, a saber, prominentes abdómenes, grandes y desproporcionados senos, culos eternamente alicaídos y muslos semejantes a perniles de cerdos, todo lo anterior resultado de tanto consumo indiscriminado de comida chatarra e ingesta de alcohol de dudosa calidad. La calidad de vida ofrecida por el sistema imperante en el país les dejaba escasas opciones.

Tratando de conseguir una mejor vista de esta inusual visión, mis hijos y yo seguimos a hurtadillas a la beldad y contemplamos cómo se zambullía en las celestes aguas. José Manuel, que en esa época era de espíritu más arrojado, debido a su corta edad, se ofreció como carne de cañón y realizar una inspección ocular. Al volver de su acuática misión su mirada delataba un grado de confusión. - ¿Qué pasó? ¿Era más rica de cerca?-,inquirió Felipe, mi adolescente hijo, cuyas hormonas ya trabajaban a toda su capacidad. - No sé, había algo extraño en ella…-, fue la escueta respuesta de J.M.

Mi curiosidad venció a la prudencia y nadé en dirección a la mujer, intrigado por las palabras de uno de mis hijos. A una peligrosa distancia la observé a mis anchas y lo comprendí todo. Felipe, motivado por la inusual acción de su padre, también se acercó y, al verla, quedó inmóvil como torre de ajedrez. Ambos regresamos apesadumbrados, emulando a esas ovejas que van por lana y vuelven tristemente trasquilados. Era hora de retirarnos y silenciosamente nos vestimos en el camarín. Ya  en camino, J.M. no aguantó más e inquirió una respuesta plausible.
-Hijo-, dije con tristeza de tango, - no era una "ella", era un "él". Pero, si tenía buen culo y tetas ricas-, expresó con decepción mi preadolescente hijo. El resto del viaje la conversación se centró en términos tales como androginia, transexualidad, bisexualidad y todo concepto que llegó a la mente de Felipe, quien hacía gala de sus recientes lecturas. Una vez que acabó la tortuosa conversación, mis hijos y yo nos miramos a los ojos y, sabiendo que nuestra virilidad quedaba intacta y con la mayor sinceridad posible, concluimos que esa sirena era, por lejos, la criatura más hermosa que habíamos visto en la piscina ese acalorado día de enero.

martes, 12 de julio de 2016

Santiago sin santiaguinos.



Un día sencillamente ocurrió. La ciudad de Santiago de Chile quedó despoblada. Las razones hasta hoy se desconocen, sin embargo, las teorías de tan singular acontecimiento abundan. No es el objetivo ahondar en ellas al comienzo de esta narración. Sólo asumiremos el hecho de que ningún ser humano fue nunca más visto por aquella urbe.

El primer indicio de la ausencia masiva, fue el silencio natural que invadió la cuenca por completo. Atrás quedaron los molestos ruidos de toda capital, por pequeña que ésta sea. Luego se sucedieron los suaves sonidos del aletear de las aves, el rumor del viento primaveral y los tímidos ecos del pisar de los perros callejeros por las abandonadas calles.

Transcurrieron dos años terrestres y la última de las centrales hidroeléctricas dejó de funcionar dando paso a la primera noche prehistórica, después de varios siglos de contaminación lumínica. Las jaurías de canes y las piaras de cerdos, que a la sazón eran las formas de vida dominantes de la otrora ciudad, no se dieron por enteradas de tan maravilloso espectáculo. Las formaciones estelares, los brillantes luceros y el manto de polvo de estrellas daban la sensación de encontrase tan próximos, que se podían palpar con las yemas de los dedos.

En los siguientes cien años terrestres, y debido al inexorable abandono, las construcciones emblemáticas de Santiago comenzaron su lento y lastimero derrumbe. Fue así que un edificio de dos pisos, aparentemente de los líderes del lugar, una amplia biblioteca con cúpulas, un santuario ubicado frente a una plaza y, al parecer, una casa de estudios de un otrora color amarillo, colapsaron y se precipitaron a tierra junto a otras extrañas edificaciones que, suponemos, eran de construcción de vidrio y hormigón feble, cuyas dimensiones son imposibles de clasificar.

Al cumplir quinientos años de  la desaparición de humanos, en medición de este planeta, la vegetación cubría en su totalidad el territorio. Las grandes alamedas,  un río de cristalinas aguas con sus brazos torrentosos y las montañas que señoreaban imponentes el lugar, daban el marco perfecto a nuestra llegada. Mi equipo explorador solicitó esta destinación, ya que de todo este tercer planeta, después de la estrella solar, Chile, y en especial su capital, nos llamó poderosamente la atención. En el resto de los continentes, los humanos se aniquilaron unos a otros. Cruentas guerras nucleares y bacteriológicas dieron cuenta de la muerte de billones, sin embargo, aquí y hasta la fecha, se ignoran los reales motivos de la masiva y total desaparición de personas.

Los viajeros a mi cargo, después de concienzudos estudios de campo, que incluyeron travesías, excavaciones y análisis de ensayo y error, llegaron a la conclusión (y es el informe que leo atentamente en este preciso momento), que una enfermedad mental desconocida hasta ahora afectó a esta población. Sus síntomas, entre otros, fueron el individualismo, el tedio, la constante disconformidad y la consecuente pérdida del sentido de vivir. Decidimos asentarnos por un tiempo en esta cuenca para continuar los estudios de tan interesante fenómeno.

(Extracto del informe enviado por ondas neuro-cuánticas al Comando Central de la Federación Unida).

martes, 16 de febrero de 2016

Una encuesta que confirma lo ¿inevitable?.

Desde el lunes pasado se encuentra a nuestra disposición en la web los resultados de la encuesta Cadem, acerca de nuestros gustos futbolísticos recientes. Dicha muestra podría pasar desapercibida para el público en general, a no mediar por ciertas inquietantes revelaciones que nos arroja sobre nuestro comportamiento como chilenos.

Comencemos por lo obvio. El equipo más popular para los mayores de 18 años es Colo Colo (43%) y lo sigue de lejos la Universidad de Chile (23%). Es ahora cuando comienza lo preocupante. El tercer lugar lo posee la Universidad Católica (16%) y, ¡oh, sorpresa!, el cuarto, Barcelona (15%), siendo el quinto el Real Madrid (7%) ¿De qué me perdí? El cuadro catalán, si bien es uno de los más poderosos del mundo y posee una delantera soñada (Messi, Neymar y Suárez) está en otro continente y no posee arraigo alguno con nosotros, salvo para la colonia residente y sus vástagos descendientes. De igual manera, Cristiano Ronaldo y Cía. hacen las delicias de los hinchas en Europa, pero el Real Madrid ha visitado nuestras tierras sólo una vez en  lo que va de vida. Para colmo, el mentado Messi es más popular que Arturo Vidal entre los encuestados. Afortunadamente, los anteceden Alexis, Bravo y Medel, respectivamente.

Dirán que la TV por cable e Internet acortaron las distancias, que el campeonato chileno es de un nivel paupérrimo (y de entradas carísimas, por cierto) y que la violencia en los estadios espanta a cualquiera. Todas razones bastantes atendibles por ser absolutamente ciertas. Sin embargo, ¿son razones para abandonar lo propio en tan corto tiempo e identificarse con símbolos cuya historia, tradiciones y ritos desconocemos?.

No es que desee apelar a un chovinismo barato y realizar un llamado a retomar nuestra chilenidad (que el fútbol no nos conduce a ella, necesariamente). Más bien, es llamar la atención acerca de lo feble de nuestro carácter e impronta. En vez de afrontar la situación y preguntarse qué sucedió y cómo llegamos a este punto, nos comportamos como clientes insatisfechos y pasamos a la siguiente vitrina, desechando la anterior.

Concuerdo que el fútbol es un negocio (y muy lucrativo, que duda cabe), empero nació, y creo, aún permanece en nuestros corazones (la de los hinchas), ese gusto romántico por el club de nuestros amores. Ese que nuestro viejo nos presentó cuando niños y que acortaba la brecha generacional de la manera más hermosa. ¡Cuántas idas al estadio! ¡Cuántos almuerzos familiares en espera del partido final! ¡Cuánta vida simple y despreocupadamente feliz en torno a un balón! Y todo se pierde de la forma más abyecta y vacua.

Tenemos claro ya la problemática. Y para que no parezca este comentario un llanto de un hombre acodado en el muro de los lamentos, humildemente ofrezco algunas solucionáticas, que nos permitan recobrar ese bien tan preciado que es el sano gusto por una actividad que nos hace tan felices:

- Asumir una verdadera actitud proactiva de cliente maduro y empoderado. Exigir el cobro justo de una entrada, acorde al espectáculo que se entrega y al ingreso real de nuestros sueldos (no cobrar precios de ABC1 en tribuna Andes y galerías y dar facilidades para adquirirlas). De no ser así, realizar una protesta pacífica, pero resuelta de no ir a ningún recinto deportivo mientras aquello no ocurra.

- Exigir una disolución inmediata de las barras bravas y posterior empadronamiento veraz de los barristas de cada equipo, pera detectar a los violentos. Si esto no se cumple, utilizar cuanto medio virtual tengamos a nuestro alcance para dar los nombres de los integrantes del lumpen (dejémonos de eufemismos, todos sabemos quienes son).

- Obligar a las directivas de los clubes a publicar periódicamente por cualquier medio escrito o virtual una cuenta detallada de su gestión. De no llevarla a cabo o malversarla, denunciarlos masivamente en las redes sociales las veces que sea necesario. Esta cuenta debe dar información oportuna del destino de los dineros que reciben por el Canal del Fútbol (la nueva gallina de los huevos de oro de los dirigentes). De paso, estos mandamases se verían obligados a realizar buenas gestiones en sus clubes. De igual manera, debemos estar atentos a la manera en que desarrollan el fútbol de las canteras y supervigilar las nuevas contrataciones de jugadores, para así funarles el negocio a los dirigentes y representantes corruptos.

-  Volver a los estadios una vez que se cumplan las medidas razonables para un espectáculo deportivo. Es decir, asientos que den comodidad al espectador, recintos limpios (en especial los baños públicos), estadio de fácil acceso y egreso, seguridad visible (pero no invasiva), horarios razonables de los partidos, entre otros...Y sobretodo, un espectáculo que si bien se encuentra por ahora, alejado del nivel de las grandes ligas, sea una motivación ir a verlo, ya que los entrenadores darían preponderancia al espectáculo, queriendo ganar cada encuentro y exigiéndoles a sus pupilos que dejen el alma en la cancha (sin importar sus limitaciones), demostrando actitud de superación, valentía, orden táctico y buen trato de balón.

- Por último, y no menos importante, comportarnos, nosotros como público, de manera alegre, responsable y ejemplar. No olvidemos que todos debemos volver a los estadios, y con todos, me refiero no sólo a los varones mayores de 18 años, sino que a los niños que nos reemplazarán en las gradas cuando no estemos en este mundo, a nuestros padres que no deben, bajo circunstancia alguna, sufrir zozobras innecesarias y nuestras parejas (que si les gusta de verdad el fútbol y no van obligadas) y, parafraseando a Luis Omar Tapia, gocen de 90 minutos del deporte más hermoso del mundo.

Titus Wayne
Comentarista.

(Texto extraído de la revista FútbolUcrónico)

lunes, 15 de febrero de 2016

Una aterradora pieza de arte. From Hell. Seudo - crítica literaria.



Título: From hell (Desde el infierno).
Autor: Moore, Alan y Campbell, Eddie
Editorial: Planeta De Agostini.


Asumo que la crítica que presento es acerca de una obra que vio a la luz hace bastante tiempo, pero vale una aclaración. Corría el año de 2006 y un compañero de trabajo, que extraño mucho por su sabiduría y humildad y cuyo patronímico es Michael Wilson, luego de haber presenciado el film Desde el infierno con nuestros alumnos (dirigida por los hermanos Hughes e intrepretada por Johnny Deep), me sopló al oído que la película se encontraba basada en un cómic. 

Mi absoluta predilección por el noveno arte me llevó a buscar y rebuscar por cuanta librería hubiera, el periplo de Jack, el Destripador. Nada. Sólo la cantaleta de: Se encuentra agotado, quizás para el próximo año y ya no lo editan en Chile. Así  fueron transcurriendo los días, semanas, meses y años, dejando en el baúl de las esperanzas tantas ansias acumuladas. Llegó el año de 2015. Acompañé a un curso en su maravillosa gira de estudios a Inglaterra y deambulando por la ciudad de Cambridge ingresé a una comiquería y tuve durante algunos segundos el ejemplar de From hell en mis manos. ¡Mala suerte! Por obvias razones estaba escrito en inglés y yo... no me manejo cabalmente en el idioma de los bretones. 

Abandonando toda posibilidad, un día de octubre del mismo año, llevé a cabo mis rutinarias visitas anuales a la Feria Internacional del Libro de Santiago de Chile. ¡Ahí se encontraba en uno de los stands! Saqué mi polvorienta tarjeta de débito y ... pequé. Creo que la lujuria es el concepto que más se acerca a lo experimentado por mi, ya que fue un placer cuasiorgásmico el comprar y, posteriormente, leer esta portentosa obra. He aquí el porqué:

Los asesinatos de Jack, el Destripador, es una historia que trasciende su tiempo y se instala en el imaginario colectivo de la humanidad. Es por ello que quien asuma o intente crear una fábula, recreando sus circunstancias, sabe que ha asumido una magna empresa, que será objeto de comparación, denostación y, lo peor aún, si falla será condenado al olvido, es decir, una víctima literaria post-mortem del famoso asesino.

Moore y Campbell enfrentan este reto y dan una vuelta de tuerca original, estética e innovadora, entregándonos una novela gráfica escrita y dibujada con mayúsculas. Intentar dar con la identidad del asesino serial que cometió el crimen perfecto y dotarlo de una irresistible verosimilitud es un mérito notable. Realizar, en la pre-producción, un profundo estudio de la Inglaterra de la época, como también de su historia y su intra-historia es otro gran acierto que logran los autores.

La gráfica expresionista y la elección del blanco y negro como colores predominantes, dotan a la obra de un halo misterioso que nos muestra un Londres acosado por sus miedos a la pobreza, a la  misoginia, a los poderosos y a las mentes desquiciadas que no trepidan en actuar violentamente, mostrando la cara más infame de la condición humana.

 From hell, ese aterrador remitente que dio Jack, el Destripador a Scotland Yard en uno de sus macabros envíos, sirve de apropiadísimo título a este magna narración que rompe y hace pedazos una vez más, la odiosa separación entre arte canónico y arte popular y que sitúa a la obra de Moore y Campbell en su justiciera medida, es decir, una obra de arte... a secas.


Titus Wayne.


                    (Comentario extraído de la revista SimulacroChile)

jueves, 11 de febrero de 2016

Los secretos incómodos de un Chile olvidado. Seudo - crítica literaria.


Titulo: Historia secreta de Chile.
Autor: Baradit, Jorge
Editorial: Sudamericana.

Este notabilísimo y sincero ejercicio histórico - literario, ya posee logros que pocos autores nacionales alcanzan. A saber: Es un best - seller nacional, se encuentra abundantemente en copias no autorizadas en el Persa Bío - Bío y le ha extraido roncha a ciertos personajes pertenecientes a la clase poderosa nacional. Algo no menor en este singular autor que, desde su novela Igdrasil, da que hablar en el mundo de las letras chilenas.

Baradit intenta escarbar en los silencios que nuestra historia oficial ha soslayado, ya sea por que esta última y nuestro establishment temen al veredicto popular, o bien, el que reescribe el pasado debe ser el vencedor y los contenidos deben ser edificantes para las futuras generaciones. El autor se ubica en un punto contrario al de los todopoderosos.

Con rigor histórico y una pluma ágil e inquisitiva, La historia secreta... nos devela personajes, momentos y motivos desconocidos para los legos (que somos una gran mayoría). De ahí radica el sólido pilar en que sostienen estos relatos. ¿Prat espiritista? ¿Qué sucedio realmente con el cadáver de Manuel Rodriguez? Allende, ¿un adelantado a su época?, entre otros interesantísimos temas, que llevan al lector a cuestionarse acerca de la información que ha recibido de su país a la fecha.

El mismo Baradit, en una de sus presentaciones, aclara que no pretende poseer la verdad o detentar la última palabra, sino que aportar más elementos de juicio para debatir sobre nuestro pasado arcano y próximo, lo que se hace absolutamente necesario en el Chile actual. Ese contaminado por las colusiones, tráficos de influencias y poderosos operando casi con total impunidad. Porque sólo un intercambio veraz de opiniones, dará como resultado  la vida comunitaria que deseamos de aquí en adelante.

El autor, líder y guía mentor de la generación freak nacional, esta vez vuela aún más alto que sus anteriores trabajos y nos proporciona una obra que en un intento de futurismo y delirio de mi parte, me la imagino como lectura obligatoria escolar de los adolescentes de mediados del siglo XXI, siempre y cuando nuestros mandamases de siempre lo permitan.


Titus Wayne
Profesor.

                                (Texto extraído de la revista SimulacroChile)

viernes, 5 de febrero de 2016

Sicario de mascotas (III parte)

La mencionada señora me entregó valiosa información que podría servirme en un futuro cercano. Además, ya me encontraba jugando el partido a fondo.

Realicé unas cuantas llamadas. verifiqué nombres y relacioné pistas. Con la satisfacción de una correcta investigación, me dirigí  a la casa de mi bella y exótica clienta. Al llegar, me recibió con talante ansioso (la había llamado previamente advirtiéndole de mi visita) y me presentó a su madre y a un extraño personaje, quien era el peluquero de la occisa mascota (me corrigió que la palabra correcta de su labor era de "esteticista")

Les informé que el asesinato de Almendra no era tal, ya que había fallecido a causa de un aborto mal ejecutado. Mi clienta rompió en llanto, mientras la madre y el afeminado esteticista se sorprendieron en un principio y luego me espetaron la posibilidad de que la perrita estuviera preñada era nula, ya que estaba recluída en su gran jardín y salía a pasear exclusivamente con la dueña o la madre de esta. Y ellas cuidaban que ningún pulgoso quiltro siquiera se acercara a su adorada y defenestrada mascota.

Les retruqué que el pulgoso perro poseía nombre... Arrabalero. Éste que había intentado por varios medios liberar a su gran amor. Estos caninos adorables habían consumado su relación, luego de increíbles posturas circenses. El problema era que los separaba una reja de jardín, sin embargo las mascotas lo habían logrado. Una vez preñada, Almendra y Arrabalero habían decidido escapar, para ello, un trabajador del aseo callejero los recogería y se los llevaría lejos. Y los culpables de todo, mi queridíma dama, dije con vehemencia, son su madre y este asqueroso esteticista.

El amujerado se me lanzó, uñas en ristre y directo a mi cara. De un solo mamporro en el mentón lo mandé directo a piso y sin escalas. La veterana madre intentó balbucear algo, sin embargo mi clienta no le dio oportunidad. Con los ojos vidriosos me extendió su bella mano. Se la estreché y en su palma se encontraba doblado el cheque que cubría, con creces, mis honorarios. Me susurró al oído que sospechaba de su madre y del maniquí. Sólo necesitaba pruebas concretas de un profesional.

Me despidió, sollozando, en el dintel de la puerta. Sentí deseos de abrazarla y consolarla, pero ocupé mi lugar en esta comedia negra. Las últimas luces del ocaso ya se desvanecían en lontananza y ya era hora de volver a mi cubículo y esperar que la vida no me siga gastando estas desagradables bromas.


                                                                       FIN