viernes, 22 de septiembre de 2023
Presencia masónica en el Club Social y Deportivo Colo Colo (II parte).
miércoles, 20 de septiembre de 2023
Presencia masónica en el Club Social y Deportivo Colo Colo (I parte)
Un objeto bizarro
Lo que se encuentra oculto y vive entre en las sombras, manipulando los hilos y controlando los destinos de las personas, sin que estas siquiera se percaten de esta situación es el gran logro de las agrupaciones secretas. Mientras menos se les perciba triunfan en grande, ya que sus conexiones se extienden por prácticamente todo el globo terráqueo.
La Francmasonería (o derechamente la Masonería) es una de estas hermandades. Por descontado se da que sus redes se encuentran en nuestro país desde la época posterior a la Patria Vieja. Algunos de nuestros connotados próceres fueron enrolados en sus filas y destacaron por lo alto. Aún en nuestros días se reconocen símbolos e íconos de la logia en símbolos patrios, monumentos e inscripciones y estos últimos se encuentran presentes en nuestro casco histórico santiaguino, dando cuenta de su impronta y presencia.
Ahora al punto. Paseando por el Persa Bío Bío, y expuesto en uno de los pequeños negocios efímeros del lugar, mis ojos clavaron su dirección en un objeto pequeño, plano, ovalado y gris, con una pequeña argolla adosada a él (seguramente su propósito era para reconocer mascotas extraviadas). Leí las inscripciones que contenía y, si bien, estaban escritas en ingles, reconocí la dirección de un domicilio de la ciudad de Leadville, en el Condado de Lake, Estado de Colorado, Estados Unidos.
Sin embargo, dos símbolos y una leyenda llamaron poderosamente mi atención. Las dos primeras, el inconfundible ícono de los masones con su compás y escuadra y las tres estrellas, encontrándose esta última al lado de la palabra COLO. Recordé que Texas era el estado de solo una estrella solitaria, por lo que no hacía sentido para mi las dos restantes. El dependiente, que detectó el vivo interés en mí me explicó que esta era una extraña y costosa pieza, que perteneció a Richard Oliver, hermano de Elsie, la madre de Jorge Robledo, ídolo del Colo Colo de los cincuentas e hincha acérrimo del cacique.
Había un posible juego de palabras y de símbolos con doble significado del objeto. Acortar el nombre de Colorado por Colo y tallar varias estrellas, haciendo alusión a algunos de los variados torneos ganados por el equipo albo era una conclusión plausible. Aparte que su antiguo dueño poseía una alguna vinculación con el club deportivo, al ser pariente de la madre de unos de los jugadores históricos del plantel. No puedo negar que aquello me motivó grandemente.
Sin embargo, y demás está decir, que puse en duda las palabras del dependiente. Empero, volvió a la carga. Extrajo de un desvencijado cajón un documento que acreditarían sus palabras. Era un certificado de autenticidad, aparentemente con todas las de la ley y para convencerme más aún, me dijo que podía pagarle el costo de la pieza en cuotas mensuales. A pesar del posible gato encerrado de la negociación, cerré trato y ordené a mi banco darle el importe mensual requerido. Fue solo el comienzo de una extraña travesía investigativa que me depararía algunas sorpresas.
viernes, 1 de julio de 2022
El buscador de estrellas.
Ella es sencillamente impresionanteElla corrió a mi lado con sus jeans pintadosy todas las cabezas se volvieron, porque ella era un sueño...(Caribbean Queen, Billy Ocean)
Piénsame un poquito… dijo Andrea al despedirme del
café ubicado en Matías Cousiño.
Lo que ella no sabía era que pesaba sobre mis hombros una misión de la más alta importancia. La Orden de los Observadores, a la que le debo fidelidad insoluta, me había encomendado el seguimiento de Andrea, en el más estricto secreto y confidencialidad. Nuestro hermano en Colombia había llevado su misión con singular éxito, estando a punto de lograr el pleno, cuando la bella decidió emigrar a Santiago de Chile.
Con la mayoría de edad obtuvo el divorcio y escapó lo más lejos posible. Destino: Esta ciudad capital sobrepoblada, contaminada y depresiva, que le abría las puertas masculinas de par en par, mas no las femeninas. A poco andar, su fina estampa brilló, destacó y triunfó en las redes sociales de este alicaído país. Aquí es donde aparezco yo, tomando el relevo del hermano colombiano. Haciendo gala del nombre de la Orden, he observado sigilosamente a Andrea y he entablado una relación parroquiano – moza con ella. He seguido sus maniobras desde el café peatonal en donde trabaja, para que, una vez ganada su confianza, me permita ser el que le dé la buena nueva.
Mientras tanto, Andrea se vio inmiscuida, sin proponérselo y a causa de su hermosura, en una guerra de bandas de narcos. Érica, la temible jefa de un naciente cartel de cocaína, ingresó al café y al no ser atendida rápidamente por mi preciado objetivo, la insultó violentamente. Janis, otro mafioso que se encontraba en el lugar y embelesado por la moza, intercedió por ella (cobrándose antiguas cuitas con aquella Madrina), dando comienzo a una guerra que aún perdura. Ella se libró a duras penas de aquel tormento inesperado, fondeándose por un largo tiempo.
Ahora es mi momento. Debo llevar a cabo mi celestial misión, que no es otra que convencer a Andrea que se dé cuenta quién es realmente ella y que se encuentra viviendo una y otra vez la misma existencia que comenzó en los albores de un tiempo lejano y mágico, ya olvidado por la humanidad, en donde Dioses y Diosas reinaban este mundo, sin contrapeso y a total voluntad. La humanidad, al olvidarlos, los castigaron a reencarnar una y otra vez, reiterando incesante y tortuosamente los hechos ya vividos antaño. Creo que comenzaré por convencerla que la primera letra de su nombre es la misma de la Diosa del amor y la belleza. Nunca tuve un mandato más encantador, el que llevaré a cabo con el mayor de los placeres. Compadezco al hermano que debe convencer a Ares.
FIN
(*) Mis agradecimientos a Alberto Vivanco por "prestarme" a su carismático personaje, sin que él se dé por enterado y a mi hijo Felipe, por generar la imagen del personaje principal por medio de una inteligencia artificial, a partir de las palabras de esta narración.
miércoles, 23 de febrero de 2022
Moonwalker (El Marcha Atrás)
Se le ha denominado de variadas maneras. El cine lo menciona como flash back y racconto. La psicología como regresión mental. Carpentier fue creativo y la mentó como Viaje a la semilla y otros sesudos literatos con el nombre del Mito del Eterno Retorno. Sea cual sea el caso, mi experiencia de volver a lo original me ha ocurrido de una manera desusada.
Me crie en una familia disfuncional, pero de un
nivel cultural bastante respetable para el entorno, que era el barrio Matadero
Franklin de los ’60 y ’70. Mi padre insistía en que debía educarme bien y
completar mi secundaria, que para mi pandilla de amigos y amigotes era una
empresa casi inalcanzable, ya que debían abandonar sus estudios porque debían
entrar al mundo del trabajo tempranamente, ya sea para aportar al escaso erario
del hogar, sus parejas ocasionales esperaban un hijo o entraban al mundo del
hampa.
Creo que divagué un tanto. Sirva la mención
anterior, para explicar que, si bien recibí una buena educación escolar formal,
mi entorno, del cual yo era parte diaria, no iba a la par. Como hijo casi único
(mi hermana me lleva 13 años más de diferencia), pasaba demasiado tiempo solo.
Ahí es donde entra a nuestra casa el año 1968 una televisión. Los detractores
de la denominada caja estúpida (sentencia ochentera, conste.), han hecho su agosto
analizando cómo ese medio de comunicación idiotizó a varias generaciones y las
condenó a la ramplonería y al conformismo. Mi caso fue distinto.
Como ya dije, fui el niño sesentero y el
adolescente de los setentas, siendo un gran consumidor de programas televisivos
de la época y sirviendo de contexto histórico los últimos años del gobierno de
Frei Montalva, la Unidad Popular de Allende, el golpe de estado de 1973 y la
posterior dictadura cívico-militar de Pinochet (¡Vaya períodos!). Dejando de
lado esos tumultuosos años (tarea casi imposible), vi cuanto programa pasaba
por la TV. Una desmesurada cantidad de animaciones norteamericanas y luego
japonesas, sitcoms refritas gringas que eran repetidas hasta el hartazgo y
películas al por mayor. Un día, y estando en primer año de la universidad,
acompañé a unos compañeros a un concierto de cámara en la Santa María de
Valparaíso, sin saber en lo que me estaba metiendo. Mayor fue mi asombro
cuando, avanzado el espectáculo, la mayoría de las melodías las había escuchado
y las tarareaba por lo bajo e inocentemente. Mis amigos, muy complacidos, me
alabaron mi cultura musical. Reconozco que, en ese momento, me dio vergüenza
reconocer que las había escuchado en cortos animados en mi infancia y que no
sabía el nombre de cada una. Ni pensar en sus autores.
Y así comenzó. Películas de cine arte y de
culto, usaban como soundtrack música reconocida por mí, pero que había escuchado
previamente en los Loony Tunes, el Show del Pájaro Loco, Cortos de Disney, etc.
Solo a modo de ejemplos la filmografía de Kubrick (2001 Una odisea espacial, La naranja mecánica) que reclutó, entre
otros, a J. Straus, R. Straus, L.W. Beethoven. O a Coppola (La saga de El Padrino y Apocalipsis now) que realizó lo mismo con Wagner y Nino Rota,
siendo inmortales piezas musicales de arte que habían llegado a mi por medio de la
cultura pop de la televisión. Mención aparte merece la película Fantasía de Disney. Mis padres me
llevaron a verla cuando tenía 8 o 9 años. Como niño de esa época, me
interesaron las escenas en donde aparecían dinosaurios (¡obvio!), para luego
dormirme gran parte de esa joya y despertar en el momento en que aparecía el
mismísimo diablo en la secuencia musicalizada por Mussorgsky. Esta pieza artística de
la animación paso por mi como una lágrima en una noche de lluvia intensa.
Son misteriosos los caminos que toma el
conocimiento significativo para llegar a algún buen puerto. Agradezco, de todo corazón, esas largas
horas que me senté frente al televisor, siendo un niño y presencié toneladas de
cultura pop, que en esa época y hace no pocas décadas atrás, mi entorno
más próximo creyó que fueron una vulgar e inútil pérdida de tiempo. ¡Qué
equivocación supina! Infinitas gracias a Chuck Jones, Friz Freleng, Walter Lantz, Hanna y Barbera, Tex Avery, Tatsuo Yoshida, Osamu Tezuka, el equipo creativo de Disney de los ‘30 a los ’60 y varios
maestros que se me escapan, no solo por alegrar mi niñez, sino por legarme
melodías inmortales de clásicos musicales de todos los tiempos y de manera tan divertida e inesperada.
martes, 15 de febrero de 2022
The Big Bang Theory. La droga legalizada de principios del siglo XXI. Seudo - crítica televisiva.
La situación era simple. Dos físicos teóricos jóvenes e inocentes del Calltech, cohabitan un departamento y su vida transcurre apacible hasta que se instala Penny (Kelly Cuoco), una bella y extrovertida vecina, que llegaría a alterar las hormonas de Leonard (Johnny Galleky) y las rutinas demenciales de Sheldon (Jim Parsons). El equipo inicial lo conformaron Raj (Kunal Nayyiar), un hindú que se encontraba imposibilitado de hablar con mujeres, debido a una extraña enfermedad mental y Howard (Simon Helberg), un judío perdedor y patético, pero con la calentura de una termita.
Demás está decir que fue una de las comedias más brillantes de los últimos tiempos. No en vano duró doce temporadas, que habrían sido más, si Jim Parsons no hubiere decidido abandonar la serie. Las posibilidades temáticas era casi infinitas. Desde el proceso de enamoramiento entre Penny y Leonard, con los imprecisos vaivenes que podrían existir entre un perdedor espectacular y una beldad, inalcanzable para cualquier cerebrito; transitando por las variopintas vicisitudes de una pandilla de perdedores espectaculares, hasta la hilarante madurez de todos los personajes de la serie.
Al revisar el perfil predominante del grupo, se entiende gran parte del éxito:
- Cándidos enfrentados a una realidad inestable.
- Perdedores en el campo social y, en especial, en el amoroso.





