miércoles, 17 de junio de 2026

Mayra vs Alejandra (3° parte)

 


En casi exactamente una hora me narró su periplo. Su niñez fue apacible, rodeada de su familia en un pequeño y acogedor pueblito colombiano. Sin embargo, con el advenimiento de la primera juventud y la llegada de su menarquia, apareció intempestivamente Alejandra. Mayra creyó que era su propio monólogo interno que la distraía de su inmediata realidad. ¡Qué equivocada estaba! Era su socías, su gemela malvada, la bad cop que irrumpía como un geiser fuera de control.

En su etapa escolar adolescente, Alejandra, alojada en su interior, la instaba a realizar cimarras, fumar marihuana, beber alcohol y conquistar jóvenes guapos. Una vez realizadas las pilatunadas, Alejandra desaparecía y dejaba a la conservadora Mayra con un triste sentimiento de culpa, acompañada de jaquecas, boca pastosa y oliendo a muchachos ansiosos y sudorosos. - La vida es una sola y solo sirve para devorarla-. La sentencia de Alejandra resultaba imperiosa e irresistible, para luego desaparecer hasta nuevo aviso. 

El buen juicio y las tradiciones comenzaban a consolidarse con la mayoría de edad en Mayra, mas el alter ego, ubicada en las antípodas y agazapada en algún recodo de su mente esperaba cualquier situación para reaparecer de improviso. Mayra, junto a su hermano, deciden cambiar su estrella y se convierten en migrantes, viajando a Santiago de Chile, la nueva meca de Latinoamérica que, supuestamente, les ofrecería lo que su terruño natal les negaba. 

Alejandra no necesitó un boleto de viaje, ya que en calidad de polizona, arribó junto con Mayra. El hermano consiguió con una rapidez inusitada, un trabajo de delivery que apenas le alcanzaba para vivir. Sin embargo, Mayra transitaba por las calles de la capital de tumbo en tumbo y las puertas se cerraban frente a su bello rostro. Comenzaba la cuarta semana de estadía en el austral país y la desesperación hacía presa de ella.

Su hermano le comentó que su jefe lo había invitado a beber unos tintos colombianos, conociendo, de paso, un café con piernas. El big boss, con la seguridad de sentirse en una cima, precaria por lo demás, le dio pormenores de este bizarro y lucrativo negocio de impronta absolutamente chilena. Al anochecer compartió estos contenidos con su hermana. - Es la oportunidad que buscabas. Posees todo lo necesario para ser garzona en esos lugares. Y las ganancias no son para nada despreciables-.  Bastó que él acabara su exposición para que Alejandra reapareciera por sus fueros.

                                             (Continuará)

jueves, 28 de mayo de 2026

Mayra vs Alejandra (2° parte)

 



Con la preselección ad portas, me aguardaba la titánica tarea de abordar a la bella muchacha. Miré con desesperación a Manuel, implorando un salvavidas. El maestro, sacándole brillo a ese concepto, me contactó con Mayra, quien presta, nos atendió ese día. Luego de varios capuchinos, Manuel me allanó el camino y, sacando fuerzas de flaqueza, entablé una conversación con ella, delatándome como un peón que tiembla ante una reina.

Pasaron los días y había logrado unos adelantos que en mi vida creí alcanzar. Visitaba solo La Caverna y ya sociabilizaba con Mayra, utilizando algo más que monosílabos. Ella, no solamente era un sexi y hermoso ángel,  sino que se manejaba a la perfección en el difícil arte de tratar chilenos con TEA. Le caí en gracia, creo que más por mi condición de fragilidad psico - social, que por algún perdido atractivo que podría poseer. 

A las dos semanas, me atreví a confesarle mis propósitos. Mayra rio de buena gana. - Tus propinas deberán ser más generosas-. Su sonrisa de dientes perfectos parecía extraída de un comercial del dentífrico de moda. Aceptó de muy buen talante, aunque me advirtió que si deseaba que me dedicara más tiempo para probables entrevistas o cuestionarios, estas deberían llevarse a cabo fuera de La Caverna.

 Le expliqué al profesor Manuel de mis avances y que debería desembolsar más morlacos, que cubrieran algo más que mis consumos de café. - ¿De que monto estamos hablando, joven?-. Al saberlo, el experimentado pedagogo comprobó que su dinero cubriría las costas del trabajo y no otros menesteres. Accedió y, con una socarrona sonrisa, me conminó a que el trabajo lograra un alto nivel.

El turno de Mayra en su labor comenzaba después del mediodía. Por lo que nos citamos en un cafetería de la calle Mosqueto, cerca del museo de Bellas Artes, a las diez de  la mañana. Llegué puntual a la cita y me senté en una de las mesitas de la terraza. Al ingresar, Mayra atrajo de inmediato la vista de moros y cristianos. Vestía una parka corta que le llegaba a su cintura. Una blusa rosada escotada y calzas que dibujaban su exquisita anatomía. Su bello rostro iluminó el lugar. Se sentó frente a mi y, por algunos minutos, fui el centro de las miradas de la concurrencia. ¿Cómo ese tipo se cita con ese monumento?

Mayra rompió el hielo. - Vine porque te tomé confianza y debo confesarle a alguien lo que me he guardado por mucho tiempo. Supongo que te servirá para tu tarea de la universidad y a mi como una expiación de lo que me aflige desde la adolescencia.

(Continuará) 

miércoles, 27 de mayo de 2026

Mayra vs Alejandra (1° parte)


"Por doble que fuera, no he sido nunca lo que se dice un hipócrita. Los dos lados de mi carácter estaban igualmente afirmados: cuando me abandonaba sin freno a mis placeres vergonzosos, era exactamente el mismo que cuando, a la luz del día, trabajaba por el progreso de la ciencia y el bien del prójimo."

(El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. R.L. Stevenson)

Me encontraba cursando el segundo semestre del Magister en Estudios de Género,  Intervención Psicosocial y Psicología Clínica en una universidad que no mencionaré, con el propósito de proteger a las inocentes personas que pululan ese mundo irreal y alternativo. La profesora del ramo de Psicología Afirmativa y Diversidades (LGBTQ+) nos dio como tarea final de la asignatura un trabajo que abarcara algún aspecto psico-social de una persona real, pero que desempeñara un trabajo u oficio fuera de lo común.

Yo siempre he sido un anacoreta y me he refugiado en los libros y en disfrazarme de eterno estudiante. Ya friso los cuarenta años y poseo menos calle que una pantufla. Por ende, la encomienda de la docente me sustrajo violentamente de mi zona de confort. Intenté asomar mi cabeza para solicitar pronta ayuda a cualquier integrantes de mi curso y di con el profesor Manuel. 

Este personaje era un bonachón docente de unos sesenta y cuatro años, quien por tedio a su trabajo se había conseguido una beca y la dispensa de su colegio por dos años con el fin de estudiar lo más impracticable e inservible de este mundo, según sus propias palabras. Percibió mi condición de refugiado de la sociedad y decidió prestarme ropa, aunque retrospectivamente, me cedió un ropero entero. 

Me enteré que era un asiduo visitante de los cafés con piernas del casco histórico de la capital, cuando me invitó a visitar uno de ellos con fines que comprendí rápidamente. Ingresamos a La Caverna, un local que se ubica en el Paseo Huérfanos, casi esquina Amunátegui. Al entrar saludó a casi toda la concurrencia y las ondinas, enfundadas en coquetos uniformes lo recibieron de besos y abrazos. 

- Para el trabajo que nos encomendaron necesitamos a una persona con un laburo excéntrico, ¿no es verdad? Aquí hay superabundancia de niñas en ese predicamento-. Las palabras del profesor poseían una irresistible lógica.

Volví a mi centro de eterno estudiante nerd y encaré suavemente a Manuel -¿Nos encomendaron?

- No pretenderás realizar el trabajo solo. Somos socios en este predicamento. Yo te guío hasta aquí, te proveo de tu conejilla de indias, te solvento tus consumos y tú haces el trabajo. Me parece un trato justo-. El profesor era veterano de mil batallas.

Iba a renegociar el trato, que me parecía un tanto draconiano, cuando Mayra irrumpió en escena. Una caribeña extraída de un pueblito mágico llamado Santa Elena, cerca de Cali. Un metro sesenta y ocho de incomparable belleza exótica. Poseedora de  unas curvas rotundamente pronunciadas, una cara de pimpollo que dejaba sin aliento, rematando en una ígnea caballera roja. Semejaba una de las musas del afamado y underground dibujante Robert Crumb, solo que ella llevaba a la perfección ese arquetipo de mujer.

Manuel, al ver mi estupefacta expresión olfateó el buen negocio. - Creo que ya encontramos a nuestra cobaya.

(Continuará).

lunes, 25 de mayo de 2026

La bella del café y la bestia del barrio (5° parte y final)

 


El automóvil se detuvo en la esquina de Teatinos con el Paseo Huérfanos y Yerko le lanzó un billete de diez mil pesos al chofer y, con su camisa y chaqueta ensangrentada, bajó del carro. Con paso lastimoso se dirigió a la entrada del Café y empujó una de sus mamparas empavonadas. Cayó de bruces al interior del establecimiento y una de las sirenas lanzó un aterrador grito al ver su vientre teñido profusamente del color rojo furioso. 

Cielo lo reconoció en el acto y se abalanzó sobre él. 

- Lo hice por ti, mi amor-. Las palabras de Yerko sonaban apenas audibles para ella. - A todos los que te hicieron daño los maté. Perdóname, por favor.

Cielo lo acomodó en su regazo y con lágrimas en los ojos conminó a la cajera que llamara a una ambulancia. Yerko, ya agonizante y con una mirada que pertenecía a otro espacio la disuadió. En ese preciso momento, tres matones, que venían siguiendo de cerca al moribundo, irrumpieron en el lugar armados con pistolas ametralladoras ASMI y sin dilación, acribillaron a la pareja a sangre fría, escapando raudamente del Ángeles y Diosas.

Los cuerpos inertes de ambos amantes, semejaban una imagen violenta de El beso de Gustav Klimt, cuyos dorados colores, esta vez se teñían de sangre carmesí.

Al caer la noche en Santiago de Chile, los noticiarios televisivos, mayoritariamente populistas e imprecisos a sabiendas, titulaban "Violenta balacera entre hampones venezolanos y chilenos en un Café con piernas del centro de la capital".

Los nombres de Cielo Rivera, la maracucha que soñó con torcer su destino, y Yerko Catalán, quien siguió los tristes pasos del Benjamín Otálora de Borges, ya eran parte de la intrahistoria. Aquella que ocurre en aguas abisales, que es donde se gesta realmente la vida.


FIN

sábado, 23 de mayo de 2026

La bella del café y la bestia del barrio (4° parte)

 


Se sentó en un sillón que enfrentaba directamente al Big Boss. A sus costados los tres restantes jefes se dispusieron a escuchar la propuesta de este hamponcillo chileno, no sin antes recibir una explicación que sonaba más a burla que un perdón dicha por el dueño de la situación.

- Yerko, lo sucedido la otra noche es el precio que debes pagar por tu lealtad. Es duro, pero así probamos a los  nuevos reclutas.

La palabra recluta caló hondo en las fibras de Yerko. Empero, se debía atener a su plan y ni un músculo de su faz delató su ira interna. Prosiguió explicando el asalto a esa joyería. Tanto la estrategia, el botín y su labia se volvieron irresistibles para la selecta concurrencia. Una vez que percibió la guardia baja de los energúmenos, verificar que los carcamales mayores no poseían armas y memorizar el lugar exacto de los dos guardaespaldas en la habitación, decidió asumir su destino.

  Extrajo la parabellum y de un tiro a quemarropa destrozó el rostro del cabecilla, cuya sangre salpicó en abundancia. De inmediato, descargó dos balazos a ambos espalderos, realizando fama en la frente de uno e hiriendo en el muslo derecho al otro. Se abalanzó sobre el segundo de abordo y la ACP que se alojaba en su tobillo, era descargada en la sien derecha, derramando su masa cerebral por doquier. Los otros dos tunantes intentaron un torpe escape. Uno de de ellos resbaló en la mullida alfombra y Yerko lo asió de la cabellera y lo degolló con un certero cuchillazo de la siniestra karambit. El último  de su lista negra estaba por alcanzar el botón del ascensor del penthouse cundo Yerko le lanzó la shuriken y una de sus afiladas puntas ingresó por su nuca, penetrando completamente por el músculo semiespinoso.

En ese momento, el guardaespaldas herido de un muslo lo cogió con ambos manos y le propinó un cabezazo que le fracturó su nariz. Yerko, inmovilizado, atinó a dar una patada descendente en el muslo herido y ensangrentado del mastodonte. El animal cayó sobre él y extrajo una pistola de su faltriquera y alojó dos balazos en el vientre del desafortunado chileno. Con la última munición que se hallaba en su ACP dio blanco en el cuello de toro del sicario, dando este con el suelo y agonizando por breves segundos.

Yerko, con su nariz fracturada y con dos proyectiles alojados en su vientre, bajó los veinticinco pisos, sentado en el piso del ascensor. Ya en la calle, detuvo un taxi que transitaba en ese momento y, apuntando al conductor,  le dio la dirección del Ángeles y Diosas.  

(Continuará)

viernes, 22 de mayo de 2026

La bella del café y la bestia del barrio (3° parte)


 Luego de unos escasos minutos, ambos amantes confirmaron que los malsanos hombres deseaban a Cielo aquí y ahora. Así, de manera tosca e irreverente, se lo expusieron a Yerko. Entre la espada y la pared, el otrora Don, convertido en un iniciado sottocapo del cartel caribeño, intentó una tibia defensa de su dama. Dos gorilas que custodiaba al capo di tutti capi lo levantaron en vilo y lo arrojaron violentamente en un sillón y lo conminaron a permanecer quieto como torre de ajedrez. Condujeron a Cielo a una alcoba y se encerraron con ella los cuatro líderes.

Una vez consumado el capote, Cielo se encontraba tumbada en el amplio tálamo, semidesnuda, moreteada, llorando y recogida en su bella anatomía. Los pérfidos mafiosos abandonaron el lugar, dejando tras de sí a una pareja sumida en la rabia y la impotencia. 

- ¡Para esto me trajiste a este lugar, malparido! ¡Crees que soy un animal que puedes sacrificar para el gusto de tus jefes¡  ¡No quiero verte nunca más!

En vano intentó Yerko explicar lo inexplicable. Cielo cerro todas sus puertas al malevo venido a menos. Si bien, el ingreso al Ángeles y Demonias lo tenía asegurado, debido a la abultada cuenta que dejaba cada vez que consumía en ese lugar, la bella le aplicó una feroz ley del hielo. Sin embargo, el amor que comenzó a carcomer su corazón le conminó a un acto reparatorio y ejemplar. Planeó durante varios días las acciones que llevaría a cabo. Cual Travis frente al espejo, recitó varias veces frente la osada estrategia como si fuera un mantra.

Armándose de un valor que lo había extraviado en sus años mozos de pendenciero del Barrio Franklin, dirigió sus pasos hacia el penthouse del hampón mayor. Poseía una considerable suma de dinero en su cuenta corriente y adquirió en varias armerías del Paseo Bulnes un arsenal que emulaba a sus héroes cinematográficos. Iba armado de una parabellum de 9mm, una 380 ACP de 9mm corta, discretamente guardada en su tobillo derecho, un shuriquen alojado en el bolsillo falso del pantalón y un cuchillo karambit táctico que lo adosó a su barriga con una cinta adhesiva común.

Yerko Catalán subió los veinticinco pisos de lujoso edificio y las puertas de ascensor se abrieron de par en par, mientras los gánsteres  lo esperaban arrellenados  en sillones de cuero, esperando las buenas nuevas que les traía este asomado pistolero, respecto a una joyería que, debido a su escasa protección, se encontraba gritando a los cuatro vientos ser asaltada.

(Continuará)

lunes, 18 de mayo de 2026

La bella del café y la bestia del barrio (2° parte)


 El Yerko había nacido en una maloliente cama de un añoso cité de la calle San Francisco, ubicado en el populoso Barrio Franklin. Sus escuelas fueron las sucias y pedregosas calles y las pandillas de pelusas carteristas de poca monta, quienes solo conocieron la escuela por fuera. Sin embargo, se les mentaba como diestros en el arte de la apropiación indebida. Al llegar a su primavera temprana se erigió como indiscutido líder, derrotando a cuanto Fagin se le cruzara en su camino. Al cumplir la mayoría de edad, reinaba, sin contrapeso, el perímetro comprendido entre las calles San Isidro, Placer, Nataniel Cox y Ñuble. El poder lo ejercía con mano dura y con la repartija de ganancias del botín que eran similares a las del Cid Campeador, aseguraba cierta fidelidad de sus mesnadas. Se hizo fanático del cine de acción y asistía periódicamente al cine Prat, ubicado en la calle San Diego y presenciaba maratones de Sylvester Stallone,  Arnold Schwarzenegger y Jean Claude Van Damme, a los que admiraba y soñaba con convertirse en uno de ellos.  

Las autoridades chilenas realizaron, hace algunos años atrás, una invitación a venezolanos que deseaban emigrar de su terruño, ya que las papas de la vida no se se encontraban dándose bien en esas tierras y, en masa, arribaron a distintas ciudades chilenas. Lamentablemente, entre esos miles de hombres y mujeres de bien, se colaron unos facinerosos que, aprovechando la cándida invitación, arribaron con una maletas repletas de malas intenciones. Esos cacos caribeños mostraron de inmediato sus aviesas intenciones cometiendo atracos y sicariatos nunca vistos en suelo andino, debido a su ferocidad y sangre fría. Yerko fue reclutado por ellos, por efecto de su posición de relativo poder en su feudo y sobrevivió a las duras encomiendas de los nuevos mandamases.

Cielo y Yerko al entrar en conocimiento, luego de una visita del capo de Franklin al Ángeles y Diosas, percibieron que la mezcla química que amalgamaron de inmediato era poderosa. Ese fin de semana ella yacía en el pecho de su amante, luego de unos tórridos encuentros. Los primeros escarceos fueron generosamente desembolsados por este. Sin embargo, las citas siguientes eran del deleite de ambos, con un tufillo sospechoso y muy parecido al amor, quedando fuera el estipendio. Sin embargo, el lado oscuro y fantoche del tunante reclamaba su lugar de privilegio y presentó en sociedad a su nueva adquisición. Los líderes del cartel ya habían posesionado sus libidinosos ojos en las pronunciadas curvas de Cielo y reclamaron su derecho a pernada. El necio de Yerko, esperando congraciarse con sus nuevos compañeros de fechorías, llevó a una reunión privada de malevos a su princesa.

Al ingresar al lujoso departamento y observar que ella era la única sirena entre unos tritones sedientos de una sed malsana, Cielo temió por su integridad y Yerko olfateó el torcido curso de los acontecimientos que se avecinaban. 

(Continuará) 

viernes, 15 de mayo de 2026

La bella del café y la bestia del barrio (1° parte)



"Esta carta comprueba las palabras del monje; el relato del mutuo amor, la comunicación de la muerte de Julieta. Dice Romeo que adquirió el veneno de un pobre boticario y asimismo que vino a morir a este panteón y a reposar al lado de ella. ¿Dónde están esos contrarios? ¡Capuleto! ¡Montesco!"
                              (Romeo y Julieta. William Shakespeare) 


- Yo así engaño al sistema- , dijo la bella cuando el cliente, al saludarla con un abrazo, percibió su teléfono celular discretamente escondido bajo la pretina de la diminuta minifalda que se ceñía a su cintura de avispa. Cielo Rivera, una beldad originaria de Maracaibo, residía solo hace dos meses en Santiago de Chile y confiaba en que le prorrogarían la visa de turista por segunda vez, ya que los tiempos y las urgencias monetarias apremiaban.

Su trabajo de garzona sexi en el Café con piernas Ángeles y Demonias del centro cívico, le reportaba un sueldo mínimo precario, pero que se aumentaba generosamente con las propinas de los habitués del aromático lugar. Hacía ya varios años que venezolanas y colombianas se tomaron por asalto estos bizarros establecimientos. Sus dueños percibieron rápidamente la sideral diferencia entre las bellas nacionales y las coquetas, curvilíneas, mimosas y dóciles caribeñas que coparon estos seudo templos del placer fantasioso. Cielo encajaba a la perfección en ese mundillo.

El celular que guardaba precavidamente en su falda era la conexión con su nuevo trabajo de medio tiempo. La severa dueña del local no permitía el uso de este aparato durante la jornada y las obligaba a entregarlo a la cajera, porque se distraían de la atención a los parroquianos. Cielo entregaba el suyo, pero poseía un pequeñísimo segundo celular. Una de las trabajadores del Café la había iniciado en la profesión más antigua del mundo. La maracucha cobraba un alto emolumento por sus servicios, seleccionaba a su clientela, generalmente, hombres de mediana edad, de posición económica aceptable y con deseos de una hermosa compañía femenina que los escuchara, luego de un breve encuentro íntimo.

Hasta que apareció en el Ángeles y Demonias el Yerko Catalán.

                                               (Continuará)

martes, 10 de febrero de 2026

Fernanda es adictiva (V parte y final)

 

Con obvias dudas y un millón de pesos en sus bolsillos, decidió confesarse con su madre. Esta, al enterarse de lo ocurrido a su hija, la conminó a sentarse en el sofá del departamento  y le solicitó que la escuchase atentamente, sin interrumpirla.

Fernanda, nuestra familia posee un secreto que solo se devela si a una de nuestras mujeres le ocurre lo que te aconteció a ti. Tu tatarabuela Eufemia llegó a Macondo de la mano de una mujer llamada Pilar Ternera, hace ya dos siglos. Tanto tiempo atrás que casi solo algunas de nosotras lo recordamos. Su primer trabajo fue atender machacantes en la tienda de un tal Catarino. Ya en ese tiempo, tu, entonces, joven pariente era diestra en las dotes de la hechicería. Junto a su hermana Clotilde preparaban brebajes para atraer a sus clientes. En una ocasión, bebieron de una pócima que les entregó el don de la seducción. Al nacer sus hijas Waldina y Gertrudis, cayeron en cuenta que una de ellas había heredado el don de la atracción varonil, sin necesidad de consumir el bebedizo. Bastaba que los hombres estuvieran en contacto con algunos de sus fluidos corporales para que perdieran la razón, con consecuencias insospechadas. De ahí en más, la familia  estaba con el ojo avizor. Cada descendiente era observada, ya que la magia se manifestaba de tarde en tarde en alguna de nosotras.  

Desfilaron Petronila y Natividad, que sobrevivieron a las Guerras Civiles, con un pequeña tienda de costureras. Prudencia y Serafina, que gozaron del auge bananero y se salvaron por un pelo de la gran masacre y el diluvio, mantuvieron el negocio a duras penas. Afortunadamente, Teodora y Rufina abandonaron esa ciudad maldita y decadente, que según crónicas, desapareció de la memoria de los hombres, mas no de algunas mujeres. Ni tu abuela Rufina, ni yo heredamos la maldición, disfrazada de privilegio. Nos establecimos en Pereira y el resto de la historia ya la conoces. Lo que te sucedió en tu trabajo es prueba de que esta abominación recayó en tu persona. Fernanda, cuídate y recibe con cautela este legado, ya que posee doble filo.

La beldad no reflexionó y el mensaje de su madre le resultó exagerado. El gran botín logrado en tan poco tiempo y el respaldo de la mandamás del café le dio unas alas de cartón. De ahí en más, la bella se creyó la abeja reina del Embajadoras y mandó al traste a sus compañeras de trabajo. La sedujo la desusada cantidad de dinero recaudado en una semana de trabajo. En esta ocasión, pinchó uno de sus dedos e introdujo gotas de su sangre en los capuchinos, cortados, lates y machiatos, sirviéndoles a cuanto cliente pudo. Si en cinco días logró lo inesperado con solo la leve transpiración de sus dedos, ni se imaginaba lo que lograría ahora con su líquido vital.

En el local, trece, de un total de veintidós parroquianos, bebieron de su esencia, esperando la atención total de esa concurrencia hacia su persona. Sin embargo, esta vez no era un leve trasudor de su mano. Sus fluidos más concentrados eran consumidos por parte de la concurrencia. Uno de los clientes se abalanzó sobre Fernanda, intentando besarla apasionadamente. Seguidamente, cinco trogloditas se la arrancaron de sus manos e intentaron desnudarla, rajando su sensual y breve vestimenta. Los siete machos otoñales restantes fueron en defensa de la dama en apuros y se trenzaron en una batalla campal, que incluía golpes de puño y patadas por doquier. Volaron sillas, mesas, vajillas y vasos. Los mozos de limpieza y cocineros intentaron interceder, fracasando totalmente. La sangre de los gladiadores ocasionales regaba el piso y el local se destruía por dentro. Todas las mozas se asilaron en el camerino y cuando la cocina ardía peligrosamente, porque la batalla se había trasladado allí, apareció la policía. Pero, los hombres seguían golpeándose salvajemente. Uno de los uniformados disparó varios tiros al aire y fue la señal divina que despertó de la pesadilla a la concurrencia.

Se necesitó un bus de Carabineros para llevar detenidos a veintidós energúmenos, quienes sufrieron heridas y fracturas de consideración, Además se necesitó del concurso de bomberos, para aplacar el incendio que amenazaba con desbordarse. La dueña del Embajadoras sopesó todo el gran estropicio, después del pandemónium ocurrido. Se encerró con Fernanda en su chamuscada oficina y, con asombro, se enteró de la verdad. La sirena era una bomba de tiempo ambulante y difícilmente lograría el control de su don para su beneficio. La despidió con el dolor de dejar ir a un tesoro preciado. Ya lo había profetizado el vidente Lord Acton, expresando que el poder corrompe y el poder total, corrompe totalmente. Lenin, el severo, agregó que, salvo el poder, todo es una ilusión. Para finalmente, el excelso Stan Lee rematar con que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. 

                                                 FIN 

lunes, 9 de febrero de 2026

Fernanda es adictiva (IV parte)

 


Al día siguiente, Fernanda apostó por su buena estrella. Ingresaron dos clientes habituales de su corral al café. Introdujo uno de sus dedos en los vasos de soda y se los sirvió. A los pocos minutos, aquellos hombres solicitaron la presencia de ella para tenerla lo más cerca posible. Ya era un hecho. Sus dedos eran mágicos y provocaban a los sentidos de los hombres que bebían agua, que previamente había estado en contacto con su pulgar, índice, corazón, anular o meñique. Al retirarse, los veteranos depositaron en su mano el billete más preciado.

Pasaron los días y la cartera completa de clientes se rendía ante sus pies y las propinas acumuladas, solo en una semana, ya alcanzaba el millón de pesos. El récord se rompía y de manera espectacular. Empero, Fernanda, imposibilitada de comprender las señales de ese mal lunes pasado, también desolló las evidentes marcas actuales que se encontraban ante sus bellos ojos ahora y que le suplicaban prudencia. Comenzó a introducir, subrepticiamente, sus dedos en varios consumidores que no pertenecían a su redil.  

Se precipitó la causa y el efecto. Todos los parroquianos intoxicados con la esencia de Fernanda requirieron con insistencia su presencia y atención exclusiva. Al finalizar el día de trabajo y con unas sustanciosas propinas en su bolsillo entró al camerino para cambiarse de ropa. El resto de las ninfas la esperaban en pie de guerra.

Rosita abrió los fuegos. - ¡No nos interesa que ganes mucha plata con tus clientes, pero que nos quites los nuestros es algo que no te lo aguantaremos! ¡No tenemos idea cómo lo haces, pero esto debe acabar!-. Acto seguido, una bofetada en una de las mejillas de Fernanda resonó. Las garzonas que hasta el momento era solo espectadoras rompieron en un sonoro aplauso, celebrando, tanto las palabras, como la acción de la ocasional líder. El temperamento de Fernanda se encendió y saltó sobre su rival y comenzó a darle fieros tortazos, acabando ambas en el piso. 

El barista y un aseador ingresaron raudamente y separaron a las leonas. La dueña del café confrontó a ambas y con autoridad las conminó a nunca volver a repetir esta escena, caso contrario, las pondría de patitas en la calle. La jefa conocía su negocio y sabía que la presencia de Fernanda era la principal razón del gran repunte de las ventas del café. Despedirla sería un craso error.  

                                                                 (Continuará)

viernes, 6 de febrero de 2026

Fernanda es adictiva (III parte)

 

Los tiempos en el café Embajadoras transitaban pausadamente. El conflicto entre Rosita y Fernanda aparentemente parecía olvidado, aunque el cliente de la apetitosa propina solo deseaba atenderse con esta última. Era una piedrecilla en el estilizado calzado de ella. Un día lunes amaneció con inequívocas señales imposibles de leer por Fernanda. La alarma de su despertador no sonó, por lo que llegó atrasada al trabajo; se le olvidó embellecer sus labios con el lápiz labial que tanto le gustaba; un peatón le dedicó un grosería, disfrazada de piropo y se le corrió un punto de sus costosas medias elasticadas. Su cartera de clientes esa mañana prometían una visita masiva. 

Fernanda los atendía con su acostumbrado trato almibarado y ese acento paisa que no dejaba indiferente a los varones del lugar. Al servir una agua soda, mirando en otra dirección, apretó el botón sin darse cuenta que el chorrito del liquido se escurrió por sus dedos antes de ingresar al vaso. El local se encontraba abarrotado y ella no se encontraba para remilgos y se lo sirvió, prontamente, a su sesentón cliente, junto al humeante capuchino. Una vez que el rabo verde bebió la soda, comenzó a llamarla insistentemente con el fin de que conversara con él. Fernanda echó mano a todo su oficio para atender los requerimientos del tunante, sin dejar de lado a los demás. Al costear la cuenta le dejó una propina de veinte mil pesos en sus manos.

Tanto la cajera y las demás chicas del lugar se sorprendieron, ya que ese billete era el de más alta denominación y en escasísimas ocasiones algún usuario lo regalaba por alguna atención especial de las garzonas. Era la segunda vez que Fernanda recibía una pingüe e insólita retribución por servir un par de sodas y un capuchino. Esa noche, en su dormitorio, repasó el día de trabajo. Caviló brevemente y unió los acontecimientos. El agua regó sus dedos antes de ingresar a los dos vasos y , posteriormente, cuando ambos hombres bebieron de ese cáliz centraron una insistente fijación únicamente en su persona.

                                                                         (Continuará)

jueves, 5 de febrero de 2026

Fernanda es adictiva (II parte)

 


Fernanda era oriunda de Pereira, Colombia. Cuando despuntó su adolescencia se convirtió en un bello cisne blanco. Poseía una cara de muñeca, en el que destacaban unos ojos gatunos de color café oscuros. Medía un metro y sesenta y dos de absoluta sensualidad. Senos firmes, cintura de avispa y caderas generosas que eran sostenidas por una exquisitas y torneadas piernas. Junto con su madre y su hermano optaron por probar suerte en la República de Chile, la nueva Xanadú latinoamericana tercermundista. El país que dejaban atrás con suma tristeza ya no les entregaba unas mínimas garantías para prosperar.

La visa de turista les daba solo tres meses de estadía en el austral país. Ella, su madre y hermano, deambularon por variopintos empleos ocasionales y abandonando Chile, cuando expiraba el permiso legal. La ciudad de Mendoza, Argentina, fue el cercano destino habitual y garita de reparo para, de inmediato, volver a Santiago de Chile. Una conocida compatriota de Fernanda le confidenció que el trabajo de garzona en los cafés con piernas de la capital era un destino preciado para colombianas y venezolanas hermosas como ella. El sueldo era el mínimo, pero las propinas de los parroquianos eran suculentas, bordeando en un mes ideal, casi el millón de pesos. 

Si bien estos establecimientos databan sus comienzos desde los años del fin de la dictadura cívico - militar de Pinochet, la llegada masiva de la armada caribeña a Chile, ya despuntando el siglo XXI, le entregó un aire vivificador. La belleza, sensualidad, trato meloso y la comunicación efectiva de las ninfas acabó por cautivar a un numeroso público varonil que vivía sus últimos años de vida útil. Habían desplazado a las chilenas, quienes se encontraban muy por debajo de las cualidades de esas extranjeras. Fernanda le comunicó a su familia la intención de probar suerte en esas bizarras cafeterías. 

- Pero, Fernanda, esos lugares ejercen la prostitución encubierta-. La madre se percibía cumpliendo su rol.

- Mamá, eso será si yo lo permito-. La hija optó por la autonomía.

                                                             (Continuará)

Fernanda es adictiva (I parte)

 

Todo el brillo de mil focos

Todas las estrellas que robamos del cielo nocturno

Nunca serán suficientes

Las torres de oro todavía son demasiado pequeñas.

("Never enough", Justin Paul y Benj Pasek. The Greatest Showman)


El cliente habitual del café Embajadoras llamó a Fernanda y le solicitó un vaso de agua soda, pedido que le incomodó, ya que Rosita era la moza que atendía a ese parroquiano. El código interno y no escrito rezaba que los habituales del establecimiento eran atendidos solo por una niña, ya que las propinas eran exclusivas y si el sujeto era un asiduo penitente y se atendía únicamente con una garzona, los emolumentos eran significativos. El cincuentón volvió a solicitar lo pedido y Fernanda miró desesperadamente a la cajera del lugar.

-Rosita se encuentra en hora de colación en este momento.

No quedó de otra. Fernanda se dirigió a la máquina expendedora y escanció una agua de soda en un pequeño vaso de vidrio. Lo iba a coger y accidentalmente uno de sus dedos penetró en el cubilete transparente. La incomodidad y la premura le indicaron que debía apurar el paso y no cambió el contenido. Rosita podría aparecer en cualquier momento. Le sirvió lo pedido al hombre y se alejó inmediatamente de él. Al unísono, el cliente bebió un sorbo de soda y Rosita se hizo presente. La bella se acercó a su cliente habitual contoneando sus caderas, sin embargo, y de ahí en adelante, el hombre no le despegó los ojos a Fernanda, siguiéndola con la mirada a donde ella se dirigía. Fue una hora embarazosa, ya que Rosita no entendía un carajo de lo que ocurría. Al despedirse, el marchante le entregó la propina habitual de tres mil pesos y luego se dirigió hacia Fernanda y dejó en sus manos un billete de diez mil y un sonoro beso en su mejilla. 

-¿Qué le hiciste a ese hijueputa, malparido?-.  Rosita confrontó a una perpleja Fernanda.

 -No lo sé... yo sólo le serví un vaso de soda. Él me lo pidió a mí, porque tú estabas almorzando.

Demás estar decir que Rosita no creyó ni media palabra de Fernanda, ya que había roto la normativa interna de las ninfas del café de manera abrupta. Pasaron algunos días y mientras las sirenas se maquillaban y se ataviaban sus sexis uniformes en el camerino, Fernanda resentía el castigo del que era objeto. La ley del hielo de Rosita y algunas de las preciosas garzonas del café con piernas, que solidarizaron con la supuesta víctima.   

                                                                (Continuará)


sábado, 24 de mayo de 2025

Depredadores tóxicos (5° parte y final)


 Vimos a un enorme simio de largos brazos, sosteniendo la cabeza ensangrentada de Fernando, ya arrancada del cuerpo de nuestro compañero y un oscuro felino de descomunales proporciones que, a salvajes dentelladas, destrozaba gran parte del tronco del desdichado. La sargento López emitió un alarido de horror que remeció la habitación. Ambos extrajimos nuestras armas de servicio. La pantera dio un ágil salto y se abalanzó  hacia mi compañera, quien descargó toda la munición sobre el monstruo, el que cayó estrepitosamente al piso. Yo, aún temblando, disparé todo mis cartuchos hacia el primate que miraba amenazante. Lo tumbé de espaldas. 

Sin embargo, el oscuro cuadrúpedo, aparentemente sin heridas, recuperó su postura y comenzó a acercarse lentamente hacia la sargento. Macarena, al igual que yo, extrajo de uno de sus botines la pequeña Sig Sauer de 9 mm., mientras el terrible mono me asestaba un cachetazo con el que me envió volando hacia un espejo de pared, cuyos vidrios explotaron a mi contacto. El felino se abalanzó presto hacia la mujer. La sargento volvió a disparar a quemarropa, hiriendo de muerte al depredador. -¡La mancha blanca, Peñaloza!- Gritó desesperadamente la sargento. 

Cuando el horrible peludo me aprisionaba entre sus largos brazos, divisé una pequeña mancha blanca al costado derecho de su hombro. Disparé todos los tiros hacia ese objetivo, causándole heridas mortales. Lo que ocurrió a continuación rayó en la locura. Ambos animales salvajes comenzaron una metamorfosis. El negro animal abandonó su forma y se convirtió en Pardal, quien llorando emocionadamente, abandonó el mundo de los vivos. 

El salvaje coloso, quien había intentado acabarme, daba paso a Machín. Escuché sus últimas palabras.-Bendito extraño, por más de cuatro siglos, distintos hombres han intentado infructuosamente cazarnos y esta mujer y tú por fin lo lograron. Acabaron con la terrible maldición que pesaba sobre  nuestros cuerpos. Dejamos de vagar para siempre como una pareja codiciosa y mal avenida, quienes desafiaron a Manoa o El Dorado, como ustedes lo conocen. La condena recae ahora en ustedes. 

Observé que cerraba sus ojos para siempre y Macarena López mutaba en una gigantesca bestia de pelaje oscuro, mientras mis brazos se alargaban y largos pelos rojizos brotaban de ellos.

                                        ****************

Un escuadrón de la Policía de Investigaciones, que llegaba en calidad de refuerzo, juró por lo más sagrado, que esa noche vieron emerger de la terraza del departamento 1014 de Fernando Villagrán, malogrado compañero de armas, una pantera y un orangután de dimensiones inusualmente descomunales, dando saltos inverosímiles hacia el vacío y perdiéndose en la noche de Santiago de Chile.

                                                  FIN

miércoles, 14 de mayo de 2025

Depredadores tóxicos (4° parte)



Por las dudas, le solicitamos a dos nóveles agentes que vigilaran a la pareja. Uno de ellos, Matías, trabajaría encubierto de pordiosero y el otro, Fernando, de vendedor callejero de cigarros de dudosa calidad. La idea sería ver los movimientos de ambos, con quienes se relacionaban y sus hábitos durante el período de trabajo.

los primeros días no se avanzó significativamente. Tanto él, como su pareja se dedicaron a su negocio de venta de ropa usada. El hombre asumiendo el rol principal y la mujer, sentada por horas al fondo, adosada abúlicamente a su celular. Los siguieron a distancia a su domicilio, pero nada significativo que reportar, salvo el tedio de la bella y el malhumor de él. Les llamó la atención la pequeña casa en donde la pareja habitaba. Era sólida y totalmente cercada por muros y alambres de púas que rodeaban todo el perímetro. Daba la impresión que no deseaban visitantes y que los transeúntes no se enteraran de lo que ocurría en su interior. Consultados algunos vecinos del lugar, nos comentaron que llegaban siempre a la hora del crepúsculo y se encerraban hasta el amanecer. No interactuaban con nadie, especialmente el hombre y en ciertas noches del mes se sentían extraños ruidos, que en sordina, semejaban a gruñidos y chillidos indefinibles.

las hipótesis surgían en un desorden propio de la rareza de la situación.¿ Al interior de ese domicilio se dedicaban a la crianza de animales salvajes? (que era descartada por inverosímil). ¿Realizaban rituales ancestrales? (esa dio como consecuencia la risotada generalizada de la legación policial). ¿Posesiones, vudú? Y otras variopintas conclusiones bizarras que daban cuenta de lo extraviados que nos encontrábamos. Sin embargo, hubo un avance. Fernando, nuestro agente encubierto, logró establecer una conexión con la mujer, ya que esta comenzó a comprarle cigarrillos. Nos enteramos que se llamaba Pardal y era oriunda de Maracaibo. Aunque gran parte de su infancia la vivió en la Amazonía venezolana y pertenecía a la etnia de los Yanomamis, al igual que su pareja, cuyo patronímico era Machín, con quien sus padres la emparejaron por una conveniencia económica que se fue diluyendo, ya que era una promesa de barro.

Felicitamos a Fernando por su acucioso trabajo policíaco y lo instamos a profundizar el vínculo. En los días siguientes, la relación de contertulio con Pardal se solidificó. Pero sucedió lo inevitable. El pequeño hombre apareció de improviso y sorprendió a nuestro agente conversando animadamente con ella. Machín insultó a nuestro agente y de un empellón lo expulsó del pequeño local.  Fernando se rehízo y de un solo golpe de puño lo tumbó, dejándolo aturdido. El agente nos dio un detallado reporte de lo acontecido y, lamentablemente, quedaba descartado como elemento encubierto. Llegó el anochecer de ese ajetreado día. Cuando estaba a punto de retirarme del cuartel, una llamada de Fernando, en un estado de sobresalto extremo, daba gritos a través del celular. Unas gigantescas sombras lo acechaban desde su terraza e intentaban ingresar a su departamento, ubicado en el piso diez del condominio, según sus atropelladas palabras. Con la sargento López nos dirigimos raudos al domicilio del colega, mientras reportábamos la situación, pidiendo refuerzos.

El ascensor nos llevó al piso de Fernando. Se escuchaban horrorosos alaridos al interior del departamento y unos bramidos que aterraron a sus vecinos. La puerta de entrada se encontraba cerrada con pestillo. Disparé dos tiros a la cerradura y de un puntapié la abrí de par en par. Lo que vimos con la Sargento López nos heló la sangre y nos paralizó por algunos segundos.

sábado, 10 de mayo de 2025

Depredadores tóxicos (3° parte)

 

                                                                                                                                                                    

Los laboratoristas habían recibido el cuerpo inerte del desaparecido y los peritajes arrojaban novedosos resultados que podrían aportar alguna luz al interior del túnel en donde nos encontrábamos extraviados con la sargento. Se comprobaba la edad de la joven víctima y las terribles heridas encontradas en su piel. Llamaba la atención que en su costado abdominal derecho, gran parte de su carne y huesos no estaban, dando la impresión que habían sido arrancados a feroces dentadas. Más bizarro aún. Al interior de sus restos estomacales unos pelillos de color marrón rojizo, largos, fluidos y densos se encontraban entrelazados con unos pelos pardos, muy oscuros. Los expertos agregaron en su informe que en las viseras del profesor asesinado se encontraron los mismos mechones. El cuerpo hallado en el canal, debido a la cantidad de agua que contenían sus restos no daban los mismos indicios, salvo que le faltaba gran parte de su espaldar, dejando al descubierto parte de su columna vertebral.

Decidimos volver a los locales aledaños a la Estación Ñuble, con la secreta esperanza de hallar algunos bizarros empleados fornidos gimnastas y colorines o unos alpinistas desquiciados de cabellera color pardo. Nada de nada. Nos encontrábamos prestos a abandonar el pequeño y austero centro comercial, cuando una pareja de migrantes llegó a abrir su pequeño local número 24. Ellos no estaban en el primer interrogatorio que hicimos con la sargento López. Según las preguntas que les realizamos, eran venezolanos que habían arribado hacían apenas dos años a Chile. Él era de baja estatura, espaldas anchas, brazos largos y un rostro de disgusto permanente que parecía adosado a su rostro. Ella, bella, alta y morena. De figura delgada y armoniosa. Permanecía largo tiempo sentada al interior del local, sin soltar en momento alguno su teléfono celular. Su silencio permanente le daba un aire misterioso. Los menté como hermanos. Esa sola mención disgustó al hombre, espetándome que eran pareja desde la adolescencia. Confesaron desconocer a los asesinados. 

Cuando estábamos a punto de subir al auto, una mujer que poseía una venta de flores nos alcanzó. Dijo haber escuchado la información que el pequeño hombre nos había entregado y que había imprecisiones. La pareja conocía a los dos jóvenes asesinados. Es más, ella, cuando se encontraba sola en el local, conversaba por separado y por largos minutos con los dos varones, quienes se sentían atraídos por aquella sensual mujer. En cuanto al docente, la mujer le solicitó clases particulares, ya que deseaba acabar su secundaria interrumpida. Pero, una vez que llegaba su hombre, eran expelidos groseramente por él. Su pequeña estatura no acompañaba a sus amenazas y la mayoría de los locatarios se reían a sus espaldas. Si bien, las descripciones de los testigos los sindicaban como posibles sospechosos, el peritaje de los de criminalística destruían esa posibilidad. ¿Cómo un homúnculo treparía varios pisos; ingresaría, desde alturas considerables, a un departamento; asesinaría salvajemente a unos hombres, practicando incluso la antropofagia; bajaría por las paredes muchos pisos, dejando pelos anaranjados y negros en sus estómagos, para luego desaparecer, sin ser visto por nadie? El móvil podrían ser los celos, sin embargo, por la envergadura de los crímenes, el migrante no calificaba ni tangencialmente como un potencial asesino serial. 

miércoles, 7 de mayo de 2025

Depredadores tóxicos (2° parte)


 Con Macarena López establecimos un pacto de camaradería, curtido por los años de ser una pareja de policías que se conocen mejor que a sus cónyuges, por lo que mi chascarro pasó a mejor vida y se archivo como un descuido propio de un agente que se sabe pronto a su retiro. Averiguamos que los dos asesinatos anteriores no reportados, mantenían similares características al del condominio de San Eugenio, es decir, cruentos crímenes de hombres, departamentos destartalados y sanguinolentos y con las cerraduras activadas desde dentro.

A ello, se agregaban aspectos que yo, luego de mi reciente y triste reacción con la sargento López, no dejaría pasar. Las locaciones eran departamentos que se ubicaban entre los pisos quinto al décimo cuarto. Los tres asesinatos se situaban en la comuna de Ñuñoa, más bien el perímetro ubicado entre las calles Vicuña Mackena, Guillermo Mann, Pedro de Valdivia y José Domingo Cañas. Los crímenes anteriores no habían sido denunciados, por temor de los vecinos de verse involucrados, ya que, según ellos, los policías de la Comisaría  de Guillermo Mann esquina de Maratón y otras, no destacaban por su trato afable y su desconfianza hacia los vecinos era moneda de cambio.

 Con la Sargento visitamos los dos departamentos donde ocurrieron los otros hechos violentos. Como no hubo denuncia los sitios ya se encontraban intervenidos por terceros y uno de los cuerpos se hallaba desaparecido y el otro arrojado al Canal San Carlos, el que se encontró apenas hace dos días atrás. Solo restaba interrogar a los vecinos. Una anciana del Block 80 ubicada en la Villa Olímpica nos comentó que el hombre asesinado vivía solo en su dúplex  y que trabajaba de dependiente en unos locales ubicados al costado de la Estación Ñuble del Tren Metropolitano de la capital y que la noche del siniestro sintió ruidos de forcejeos y un desgarrador grito, seguido de silencio absoluto.

La otra víctima, cuyo cuerpo se encontraba desaparecido, habitaba un departamento de la calle Orrego Luco. Los testigos lo calificaron de un joven huraño y solitario. Algunas vecinas, por lo bajo, destacaron lo buenmozo que era. Agregaron que se encontraba cuidando el departamento de una hermana y que laboraba en un quiosco aledaño a la Estación del Metro Ñuble. Las coincidencias se hacían presentes. Mismo barrio, iguales ocupaciones de dos de los occisos y los singulares y desconcertantes asesinatos realizados a puertas cerradas con cerraduras accionadas desde el interior y en pisos de alturas considerables. ¿El criminal (o los criminales) poseían alas? ¿Eran alpinistas expertos? ¿Levitaban?. 

Así de desconcertados nos encontrábamos con la sargento López. Volvimos a la realidad y decidimos realizar trabajo policíaco de verdad y nos apersonamos en las afueras  de la estación Ñuble e interrogamos a los dependientes de las pequeñas tiendas, mostrándoles las fotos de los occisos. La mayoría los reconocía y daban muestras de pesadumbre por sus aciagos destinos. Hombres jóvenes, serviciales y muy bien plantados. Respecto a la víctima del piso catorce de San Eugenio, era un profesor a punto de jubilar y, salvo el rasgo de vivir cercano a las otros desgraciados, no concordaba con el perfil de ellos. Aún sin una pista significativa que nos encaminara de manera decidida, tanto al móvil, como a los posibles culpables, una llamada urgente a mi celular de parte del equipo de criminalística nos sobresaltó.  

martes, 22 de abril de 2025

Depredadores tóxicos (1° parte)


 
Esta mañana, hacia las tres, los habitantes del quartier Saint-Roch fueron arrancados de su sueño por los espantosos alaridos procedentes del cuarto piso de una casa situada en la rue Morgue, ocupada por madame L'Espanaye y su hija, mademoiselle Camile L'Espanaye. 
                 ("Los crímenes de la calle Morgue". Edgard Allan Poe)                                                                                                        

Mi nombre es Ramiro Peñaloza y trabajo hace ya cuarenta años en la Brigada de homicidios (BH) de la Policía de Investigaciones de Santiago de Chile. Me encuentro ad portas de mi retiro voluntario y mis superiores me acaban de encargar la misión de aclarar una serie de homicidios ocurridos en la comuna de Ñuñoa. Un sector apacible, que no califica ni de lejos para acontecimientos de sangre. 

Con la sargento López recibimos el dossier y nos enteramos que los occisos ya se contaban en tres. Solo en el último evento un vecino estampó la demanda ante fiscalía, razón por la cual los laboratoristas del Departamento de Medicina Criminalística ya habían realizado su trabajo pericial en un departamento de un condominio de la Avenida San Eugenio, frente al parque del mismo nombre. 

Al ingresar hubo que utilizar mascarillas, ya que el hedor era insoportable. Un desorden que semejaba al paso de  un temporal que había arrasado aquel lugar nos dio la bienvenida. Grandes manchones del vital y carmesí elemento diseminados por paredes y pisos y un cadáver en tal estado de deterioro que aborrecía la vista y completaba el macabro cuadro. Las facciones humanas de su rostro se encontraban desfiguradas. Sus extremidades fracturadas y magulladas y su esternón, salvajemente a la vista, recubierto de cartílagos y trozos de carne daban una visión de pesadilla no recomendable para almas sensibles.

Revisé en detalle los cuartos restantes, en donde se reproducía el dantesco pandemonium de la habitación principal. Fue en ese momento que la sargento López se acercó y me susurró al oído: 
-Peñaloza, los de criminalista me acaban de informar que testigos escucharon gritos y ruidos intensos, luego de un silencio sepulcral. Lo extraño es que cuando llegaron los primeros agentes tuvieron que forzar la puerta de entrada, que se encontraba  asegurada desde dentro.
- La escuché y, sin realizar un juicio preliminar de sus palabras, le retruqué torpemente - ¿Y que hay con aquello Sargento? 
Me miró con una rictus burlón en su boca y sabiéndose, por unos instantes, superior a su comandante, me arrastró por el suelo diciéndome: - Peñaloza... estamos en el piso catorce.     

viernes, 8 de noviembre de 2024

La rebelión de las sirenas (4° parte y final)

 


El dossier de Macarena es convenientemente filtrado a los medios de comunicación hegemónicos chilenos de tendencia conservadora y exponen a la ninfa al escrutinio popular, tanto en canales de televisión de alcance nacional, como la prensa escrita amarillista. Fueron cuarenta y ocho horas de noticias y contenidos ininterrumpidos en que la masa crítica vio con aviesos ojos la filiación política de la moza. Nieta de terrorista, comunista y prostituta eran los epítetos que el vulgo comenzaba a mentar en la vía pública. Macarena recibió una llamada de los máximos líderes de la izquierda chilena y en los días siguientes se ventiló el perfil de Lucía Klement en las redes sociales, en varios portales de internet y unos periodistas que trabajaban en dos canales televisivos y aprovechando la primicia, exhibieron el currículo de la nieta del fallecido jerarca y asesino nazi. La opinión pública recibía un nuevo estímulo explosivo. A pesar que desde la lógica, ninguna de las dos mujeres debía cargar con el peso de sus familiares, la sentencia de la calle, inducida por los mass media se polarizó. Sorprendentemente, los jerarcas de las extremas derechas e izquierdas, quienes eran minoría, gozaban de claridad meridiana. Ambos apoyarían a todo evento a sus eventuales estrellitas ocasionales. Sin embargo, el resto del poder político se replegó en un misterioso mutismo. Los tradicionalistas moderados, si bien, veían con buenos ojos defender a una mujer emprendedora y exitosa, les dificultaba aparecer junto a una persona que recordaba un pasado ominoso para la humanidad. Los liberales, por su parte, salvaguardar a una mujer que se oponía abiertamente al poder omnímodo y sin contrapeso era un deber moral, pero las críticas de las feministas respecto a que Macarena perpetuaba el machismo al trabajar en un café con piernas y que su abuelo paterno buscara una solución armada y confrontacional en vez de una pacífica y reflexiva (que era la imagen que deseaban proyectar), les incomodaba. Incluso, al mismísimo gobierno chileno de jóvenes líderes de una supuesta izquierda renovada, tal incordio los superaba. Sin un acuerdo previo, apostaron todos y al unísono por desentenderse del quemante problema y apostar a la curva del olvido del populacho, cuya memoria padecía de un déficit atencional galopante. Los medios de comunicación dejaron de exhibir cualquier contenido siquiera tangencial del affaire Pellegrin - Klement y la llama se consumió lentamente. No así para la prensa mundial que siguió a distancia, pero con suma atención este singular conflicto criollo.

Macarena Pellegrin, aprovechando su incipiente fama, se radicó en Cuba y comenzó una carrera de embajadora y representante de la nueva juventud izquierdista libertaria. Lucía Klement optó por el ostracismo momentáneo, ya que los ultra derechistas la sacarían a la luz para probarla en una carrera política a futuro. Empero, en sus fueros internos, la bella tuvo que guardar en el baúl de sus sueños el convertirse en una modelo que exhibiría sofisticadas creaciones de diseñadores de alta costura en las más importantes pasarelas mundiales, ya que la familia Pellegrin debía mantener los ideales a todo evento. En cuanto a Lucía, su vocación de servicio había sido interrumpida abruptamente en su juventud, ya que secretamente viajó a Etiopía en los ochentas, con el fin de trabajar en el voluntariado, sin embargo, sus padres la trajeron de vuelta de un ala, mostrándole el futuro de empresaria ya trazado. Ambas intentaron una sublimación de sus vocaciones. Macarena llenando ese vacío con una breve estadía en un café con piernas. Lucía, con una cortísimo e interrumpido compromiso social en África. Dos monedas de oro, que las circunstancias y las contradicciones de la existencia habían confundido para siempre.

                                                  FIN   

miércoles, 6 de noviembre de 2024

La rebelión de las sirenas (3° parte)


 Fue una semana de intensa persuasión hacia la clientela por parte de la bella líder. Les informó del escaso sueldo recibido y los pésimos e ilegales tratos de la dueña con las sexis garzonas. Cuando reunió una masa crítica y previo acuerdo con el personal y en la hora de mayor asistencia al café, las mozas dejaron de atender y quedaron a pie firme, junto a cada mesa, pero sin ejecutar el menor movimiento. Unos segundos después, extrajeron unos kazoo de sus cinturones y provocaron ruidos estridentes. La mayoría de los clientes, que eran parte de la manifestación, corearon al unísono consignas que daban cuenta de la precaria situación de las empleadas. Lucía Klement miró fijamente a Macarena, pero su larga experiencia le indicó que el silencio era lo recomendable, aunque internamente se consumía en rabia. Se reunió con su administrador y luego de dos horas de intensos conciliábulos, aprovecharon la hora de cierre del local, reuniendo a la muchachada. Con asombro, las meseras escucharon que sus demandas serían estudiadas y que, por ahora, nadie sería despedida. El testaferro había convencido a la carcamal que la partida de Macarena resentiría significativamente las arcas del negocio y la actuación de los parroquianos suponía una simpatía hacia la causa de las cafeteras. La estrategia consistiría en dilatar cuanto sea posible y disparar hacia el córner las peticiones. Los siguientes días el aire tensionado dificultaba la respiración de todos. Si bien, el negocio funcionaba, en apariencia y sin sobresaltos, la procesión iba por dentro. Cualquier error, por mínimo que fuera, una acción demás o una palabra desafortunada, se creía que encendería una peligrosa mecha. Las semanas se sucedieron y el plan de Lucía, que tenía a la inacción como bandera de lucha, corría con ventaja. Macarena captó esta estrategia y activo la siguiente fase de la contraofensiva. Se contactó con varios populares influencers nacionales y un amigo periodista que trabajaba en un medio de alcance masivo moderado.  Era el mediodía del 22 de octubre y las mozas dejaron abandonados sus puestos de trabajo y salieron a la calle con sus atrevidos uniformes tocando sus kazoos, golpeando una olla, que sirvió de improvisado tambor y gritando consignas que reivindicaban sus derechos laborales. Afuera los esperaban el periodista con una cameraman y cuatro estrellitas de las redes sociales chilensis. Macarena y sus compañeras fueron entrevistadas por el reportero y los influencers y grabadas por todos, incluso por los transeúntes que se apostaron allí. Apenas habían transcurrido una media hora del hecho y Lucía despedía a todo el personal, mas su consiglieri  le aconsejo parar su tren desbocado, ya que en varios sitios virtuales los acontecido era trending topic y dos canales de televisión mostraban a las bellas protestando y mostrando sus arrebatadoras anatomías. 

Las trabajadoras ya se habían cambiado de ropas e iban a abandonar el café cuando la patrona las llamó a sentarse alrededor de un mesón del local cerrado tempranamente. Les reiteró la misma monserga del "estamos estudiando sus propuestas" y que todo volvía a fojas cero. Lucía había entendido que la publicidad para el Férula no tenía precio y que, si se deshacía siquiera de una niña, la clientela se le iría en su contra. Lo que Macarena no previó y sucedió en solo tres días, es que la noticia se esparció por varios medios de difusión y por las redes sociales más importantes. Entonces fue el conflicto. Un número no menor de personas empatizó con la causa de las muchachas. La prensa hegemónica aprovechó el momento y en sus programas televisivos faranduleros mostraban el lado morboso de la protesta y destacaban en sus imágenes la cantidad de piel mostrada por las sirenas, logrando un altísimo rating. La denominaron "La libertad de pierna", mofándose de paso. Sin embargo, Lucía poseía variados ases bajo la manga. Echó mano a sus contactos  del más alto nivel y pidió que investigaran a Macarena Pellegrin y que la noticia, que se encontraba alcanzando ribetes insospechados, la televisión lo manejara como un chascarro entretenido y efímero. Al unísono, Macarena llamó nuevamente al periodista y solicitó que indagara acerca de Lucía Klement. La comedia en redes sociales y la TV se mantenía viento en popa. Aparecieron las carpetas con los expedientes de ambas que contenían dinamita de alto tonelaje. Mientras Lucía se enteraba que Macarena era la nieta de Raúl Pellegrin, fundador e indiscutido líder del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, quien utilizando el sobrenombre del Comandante José Miguel, había sido el cerebro de este grupo guerrillero. Él había sido formado militarmente  en Cuba y Nicaragua en los setentas y ochentas y llevado a cabo variados actos que se convertirían en emblemáticos, siendo entre ellos la fallida internación de armas clandestinas por Carrizal Bajo, un poblado costero al norte de Chile y el atentado a Augusto Pinochet, dictador que gobernó diecisiete años, por medio de una cruenta dictadura cívico - militar. Siendo apresado en combate, el cuerpo de Raúl fue encontrado sin vida en el río Tinguiririca. La autopsia detectó horribles torturas en sus extremidades. El informe de Lucía no tenía nada que envidiarle al de Macarena. Era bisnieta de Ricardo Klement, identificación falsa que utilizó Adolf Eichmann, criminal de guerra nazi y uno de los responsables de La Solución Final en Polonia, que implicó el exterminio de millones de civiles, en especial judíos. Vivió escondido en varios países de Europa y escapa a Argentina en 1950, en donde es secuestrado diez años después por el Mossad, una agencia de inteligencia, y traslado a Israel. Es juzgado y condenado a morir en la horca.

La vida de Macarena Pellegrin sufriría un vuelco insospechado que tendría, tanto consecuencias nacionales, como internacionales.