viernes, 10 de noviembre de 2023

Las mascotas heredarán la comuna de Ñuñoa.


 Comenzó como un murmullo que arriba silente, tal como el viento del norte que ingresa a Santiago en otoño. Algunas mascotas perrunas de los nóveles habitantes de la comuna de Ñuñoa, entre ladrido y ladrido, habrían balbuceado algunas palabras en español. La noticia se esparció, primeramente, entre los condominios inaugurados hace algunos lustros atrás. Luego, por las Plazas Pucará, Guillermo Franke y el Parque Juan XXIII. Sin embargo, se comenzó a tomar razón cuando la leyenda urbana irrumpió en la Plaza Egaña y el Boulevard, colindante con el edificio consistorial. Vecinos comentaban a sus pares y a extraños las gracias de sus animales de compañía. Los habitantes de otras jurisdicciones reflexionaban para sí que escuchaban solo otra de las siúticas e insólitas excentricidades de estos picados a liberales.  

 Mas, le erraban fiero por esta única vez. Efectivamente, perros y gatos, por una inexplicable y misteriosa razón, habían comenzado a articular palabras sueltas, entre ladridos, maullidos y gruñidos. Comenzaron mencionando sus propios nombres humanos dados por los dueños: ¡Alberto! ¡Maricarmen! ¡Camilo! Luego, continuaron con sus peticiones básicas: ¡Paseo! ¡Comida! ¡Caca! Y continuaron con extraños vocablos, que solo y lamentablemente ahora poseen sentido: ¡Ari!¡Agnihotra! ¡Anityata! 

Los jóvenes ñuñoínos, maravillados con ese impresionante poder de sus adoraciones peludas, no se dejaron tentar por inescrupulosos (según ellos) mercaderes del espectáculo circense y televisivo, aunque estos últimos, ofrecieran sumas suculentas de dinero por adquirir a sus preciosos y exponerlos para la entretención de las masas. Y los pocos que cedieron a la tentación, dieron la razón a estos idealistas de bolsillo, ya que las mascotas no articularon palabra alguna frente al respetable y fueron devueltas a sus dueños, que recibieron demandas y querellas al por mayor.

Continuaron conviviendo, alegremente, con sus mascotas. Hablándoles como si fueran personas, vistiéndolos como si fueran personas y amándolos como si fueran personas. Empero, la suerte ya estaba echada. La noche del 30 de abril del año en curso, la de Walpurgis, miles de perros y gatos dejaron atrás sus ancestrales diferencias y se congregaron en el vacío y oscuro Estadio Nacional. Repitieron como mantra las malditas palabras nuevamente: ¡Ari!¡Agnihotra!¡Anityata! Redirigieron su caminata de vuelta a sus moradas con una firme y terrible convicción. El hombre ñuñoíno y la mujer ñuñoína pagarían ahora y para siempre el haberlos esterilizado y privado de la cópula y la descendencia. Penetraron a sus domicilios gritando a todo pulmón:  ¡Enemigo!¡ Sacrificio! ¡Muerte!

                                                 FIN

viernes, 3 de noviembre de 2023

El actual traductor top de títulos de películas para España es chileno (2° parte y final).

 

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Carlitos, ya egresado de la Enseñanza Media chilena e influenciado por su madre (qué duda cabe), ingresa a estudiar Diseño y Publicidad a la Universidad Antonio de Nebrija, en Madrid. Ciudad elegida por su progenitora como residencia permanente. Ella era una mujer de acción y pronto encontró un trabajo que, si bien, no era de altos ingresos, le permitían vivir cómodamente a ambos, sumando la pensión, no menor,  del padre. Pero la visión y acciones remilgadas de Carlitos se le pegaban a su propia piel y no lo abandonarían jamás. Aquella impronta que cargaba, a sus castizos compañeros universitarios solo les hacía gracia por lo terriblemente insulso que era. Sin embargo, un hecho fortuito trastornaría la vida del joven para siempre. 

Estaba a un tris de egresar, cuando algunos estudiantes de cine de la universidad comentaron que un director, que estaba teniendo cierto renombre en la escena española venía a realizar una charla. Acompañó a sus amigos más que nada por inercia que por un vivo interés. Escuchó desaprensivamente al artista en ciernes y cuando estaba por retirarse, sus compañeros le indicaron que podrían compartir un vino con él. Uno de los estudiantes le insistía que se apersonaran los más cerca del charlista, ya que creía que sus trabajos eran prometedores. En una de esas, Carlitos escucha que el hombre tenía en mente un proyecto de una película, la que poseía toda la estructura que esta necesitaba, pero no daba con el título de ella. Oyó los nombres de los personajes femeninos y dijo en voz alta: - ¡Fácil! Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón. El director de cine dirigió su mirada de inmediato hacia Carlos y con una sonrisa que ampliaba su rostro le expresó: - ¡Me has sacado del atolladero! Este no era otro que Pedro Almodóvar.                                                                                                                            
Fue el comienzo de una extraña y prometedora carrera de Carlitos. A los pocos meses, Almodóvar estrenaba su ópera prima. Fue un exitazo. El bisoño director no tuvo ningún reparo en comentar, en el pequeño mundillo del cine hispano que un joven estudiante universitario le había proporcionado la idea del título de su obra y le había enviado un generoso cheque a su domicilio. Una importante productora de cine local, la ATRESMEDIA CINE, SL , se interesó en nuestro anti - héroe y lo reclutó para su Departamento de Traducción, con la misión  específica de titular para España los filmes venidos de EEUU y que repitiera la gracia que había logrado con Almodóvar. Dieron en el clavo como nunca en la vida, ya que el humor ñoño de Carlitos y el tipo de títulos con traducciones insólitas venía de larga data en la península ibérica. Fue el maridaje perfecto. 


Propuso tantas y acertadísimas traducciones de títulos de películas, que su mente asemejaba al corno de la abundancia. Die hard (Duro de matar) se convirtió en La jaula de cristal, aunque tan rimbombante nombre no se acercara ni a cien kilómetros de la trama. Le siguieron Bitelchús (Beetlejuice) sobran los comentarios.  Soñando, soñando, triunfé patinando (Ice Princess), sin reparar en que tal titulación develaba el final de la película. La salchicha peleona (Beberly Hills Ninja) y su consagración, El mono borracho en el ojo del tigre (The Drunken master) una comedia interpretada por Jackie Chan, que en Latinoamérica se estrenó como el El maestro borracho, nombre, este último, bastante más acertado, dada la trama de la película y la traducción exacta del inglés al español. 


Carlitos se sabe en la cima. ha triunfado a lo grande en el país de Cervantes, Pérez - Galdós, Unamuno y Pío Baroja. Las productoras se lo pelean por contar con sus servicios de traductor - inventor y rey Midas del mundillo de las películas norteamericanas vistas en tierras del Quijote. Él, como ninguno, ha sabido captar el alma popular de los españoles y españolas amantes del cine gringo, siendo ésta juguetona y tan cursi para el resto de los hablantes del español

Actualmente, a Carlitos se le dio la tarea de buscar un titulazo para la exitosa película Joker, interpretada por el extraordinario Joaquín Phoenix. Se han filtrado dos posibilidades: Las terribles aventuras de un payaso bien pijo y el telegráfico nombre de El bromas. Ambas creaciones destinadas a un éxito sin precedentes en la España cinéfila y a la burla más despiadada del resto del mundo, que mira incrédulo la bizarra costumbre de titular que poseen los hispánicos.

                                                   FIN








jueves, 19 de octubre de 2023

El actual traductor top de títulos de películas para España es chileno (1° parte).

 


Hacer el ridículo y saber exactamente que se encuentra llevándolo a cabo, es una acción valiente, sana y altamente recomendable para el desarrollo personal. Lamentablemente, existen personas, familias, instituciones y hasta gobiernos que lo hacen en serio. Y lo que es peor. No se dan cuenta de ello.

 Es el singular caso de Carlitos (se cambió el nombre para proteger a este inocente). 

Carlitos nació en Santiago de Chile en los turbulentos años setentas. Su madre, de posición social acomodada, devota religiosa, conservadora y de derechas, respiró aliviada cuando la Junta Militar chilena, encabezada por el general Augusto Pinochet, puso fin, mediante un cruento golpe de estado, al gobierno del socialista Salvador Allende. Celebró la puesta en orden del país y se tragó, dulcemente, toda la visión de mundo impuesta, en especial lo que llegaba por televisión nacional.

Carlitos creció en un contexto de severidad materna y ausencia irresponsable paterna. Su progenitor, llevado por su espíritu empresarial, aprovechó la excelente oportunidad que le ofrecía la llegada del capitalismo salvaje (*) al país y se centró de lleno en sus negocios y, de paso, dejó de lado a su hijo único y a la esposa que le daba atención sexual con un gotario. El niño, mientras tanto, se desarrollaba bajo la atenta mirada de la madre, que lo sobreprotegía hasta lo indecible. Su condición de soledad llevó al pequeño a refugiarse en la televisión chilena ochentera, consumiendo horas de su vida en ella. Por las noches logró establecer un vínculo un tanto más verdadero con su madre, compartiendo los programas nocturnos televisivos de la época. A ambos les hacía mucha gracia un comediante, estandarte del humor de la dictadura y que contaba con la venia del ideólogo del régimen castrense Jaime Guzmán, este era Jorge Romero y su apodo era Firulete.

    Firulete era el señor del humor blanco, como lo denominaban los testaferros del gobierno, que se oponía a la proverbial picardía criolla, la que estaba relegada a las casas y reuniones de amigos de clases media y baja. Carlitos se aprendía las rutinas del clown nacional y las actuaba, haciendo las delicias de su madre, pero no de los compañeros de colegio, quienes se burlaban en su cara por la ñoñez de sus chistes y lo poco afortunado, ya que Carlitos, al poseer escasa escuela de la calle, confundía los momentos y pagaba muy caro sus desabridos desaciertos.



Le cae la noche a la familia de Carlitos, ya que su padre los abandona por una veinteañera que le entregaba, lo que creía, no le daría ni en sueños su pacata esposa y como con su hijo nunca estableció un vínculo verdadero de padre, poco le importó dejarlo. Poseía mucho dinero para mantenerlos a la distancia y así su escasa conciencia quedaba en paz. Esperaba vivir la gran vida. Su madre, se rehízo del abandono más veloz de lo que esperaba y con los dineros que le llegaban mensualmente de su ex y con su experticia como decoradora de interiores, decide probar suerte en España con su hijo. Era el año de 1988 y la derrota del dictador en las urnas, debido a un plebiscito que le decía no a su continuidad, apuran tal decisión materna.

Ese giro drástico en la vida de Carlitos, ya convertido en un reciente estudiante egresado de la secundaria, le reportaría el más bizarro y sensacional futuro...

  (*) Expresión acuñada por Karol Wojtyla.

jueves, 12 de octubre de 2023

El verdadero antecedente de la novela Pantaleón y las visitadoras (II parte y final)


Dicen que la cultura popular, entre cientos de dichos, posee uno que expresa:  "No hay peor loca que la boca". Este viene como anillo al dedo a una situación que ocurrió en un reportaje emitido por la televisión chilena, ya perdido en el tiempo y olvidado a propósito por intereses del más alto nivel. En esa transmisión, una pariente de Mario Vargas Llosa confesó abiertamente que una tía abuela del escritor incásico, llamada Rosa Elena Vargas Gutiérrez le habría contado a un joven Mario un suceso muy peculiar que ocurrió entre los años años 1909 y 1929.

Fue una época turbulenta y confusa. Chile había vencido a la Confederación Perú - Boliviana en la Guerra del Pacífico (Guerra del Huano y el Salitre para los vencidos) unas décadas atrás y el poder político debía resolver el rumbo que seguirían los acontecimientos. Uno de los grandes problemas  que se avecinaban eran qué hacer con las ciudades de Tacna y Arica, en posesión momentánea  de los vencedores, según el Tratado de Ancón, firmado el 20 de octubre de 1883. Según historiadores peruanos, este tratado fue una maniobra dilatoria, para que la región asimilara una identidad chilena definitiva. Grupos ultranacionalistas chilenos se tomaron aquello al pie de la letra y acometían medidas extremas, creando un clima propicio para sus fines.

Prueba de ello son grupúsculos con pintorescas denominaciones, tales como "Mano Negra", "Mazorqueros", "Sociedad Estrella de Chile" y "Liga Patriótica de Tacna". Estos, actuando como frentes paramilitares, cometieron asesinatos, desapariciones, quema de escuelas, diarios, comercio y prostíbulos en esa región. Todo ello, con el apoyo de pasquines denominados "El Eco Patrio" "El Ajicito", "El Corvo" y "El Roto Chileno".

En ese contexto es que la pariente de Mario Vargas Llosa le relata al futuro literato que en estos años, en especial el de 1929, dentro de todo el desastre y horrible estropicio que estaban causando estos termocéfalos ultraconservadores, habían desaparecido prácticamente todos los prostíbulos de Tacna, lugar de asentamiento permanente de la soldada chilena. Los jóvenes de la infantería y algunos veteranos del 79 resintieron esta ausencia de señoritas de la noche, acaso la única entretención significativa de los conscriptos y sintiéndose dueños del mundo, arremetieron contra cualquier mujer que se cruzara en su camino, para saciar sus apetitos. Como en Santiago comenzaba a tomar forma la bizarra e imaginaria Guerra de don Ladislao, que planteaba nuevamente un posible casus belli, el alto mando militar y político decidieron actuar.

El resto el lector ya lo intuye. La extraña, sorprendente e insólita idea de mandar a un oficial a organizar un servicio de prostitutas a Tacna tuvo su génesis en Santiago de Chile. Aunque dio resultados prácticos inesperados, los nombres tanto de los generales, como del capitán que llevaron a cabo este singular proyecto, se mantuvieron en el más estricto secreto y ni hablar que este plan rozara a Carlos Ibáñez del Campo, presidente en ejercicio de la época. Es más, cualquier registro, por insignificante que fuera del bizarro proyecto, fue borrado, incinerado y olvidado de la memoria de las personas para siempre. 

El mismo Vargas Llosa, habría inventado el antecedente de que basó su novela en hechos reales ocurridos en el país incásico, ya que en su creación anterior, La ciudad y los perros, repartía palos a la soldada chilena en algunos de sus pasajes y, dada su creciente fama en Latinoamérica, ya el horno no estaba para esos boyos. Además, había visitado el país andino y los amigos literatos florecían allí. Incluso, su visión de mundo socialista estaba ya a salvo, aunque algunos años después cambiaría radicalmente de bando. En tanto al alto mando chileno, esta decisión de torcer la verdad le llegaba del cielo. Nuestros nobles, valientes, marciales, inmaculados e íntegros soldados no debían verse inmiscuidos en una empresa tan innoble y de escaso nivel como organizar un servicio de visitadoras para calmar los ardores de sus uniformados vencedores y jamás vencidos. 

Y que no se hable más del asunto... hasta ahora...

                                                  FIN

viernes, 6 de octubre de 2023

El verdadero antecedente de la novela Pantaleón y las visitadoras (I parte)


 Corría el año 2004 y estaba cómodamente sentado en mi sillón, sin nada más que hacer que matar el tiempo viendo televisión por la noche, cuando ocurrió... Comenzaba la película Pantaleón y las visitadoras. Si bien y como buen profesor de lenguaje, había leído una cantidad aceptable de obras de Mario Vargas Llosa, a saber, Los cachorros (en la secundaria), La ciudad y los perros (en la facultad) y La guerra del fin del mundo, Lituma en los Andes y Conversaciones en la catedral (solo por placer) , esta novela, convertida en película no había llegado aún a mis manos.

Luego de la inquietante actuación de Angie Cepeda y la frescura y originalidad de la trama, no pude más que rendirme ante ella. Que un gran grupo de soldados rasos peruanos saquee y viole individual o grupalmente a unas lugareñas de la selva de aquel país por urgencias de la carne y que el alto mando castrense, no halle nada mejor que mandar al capitán de ejército Pantaleón Pantoja a organizar un servicio de prostitutas para aplacar la alta temperatura y acabar con los estragos de la tropa es sencillamente notable. Mas cuando se les da el eufemístico nombre de visitadoras. La nominación al premio a la mejor película extranjera al Oscar se encontraba más que justificada.

Demás está decir que leí la novela, en donde la Colombiana que revolvía las hormonas al más casto era  realmente brasileña, más otros detalles que las diferenciaban. Obvio que el cine y la literatura son dos soportes distintos y respetables, por los que novela y película brillan por sí mismas. Al indagar antecedentes de la obra narrativa, el propio Vargas Llosa explicó que se había basado en hechos reales que el mismo constató cuando viajó a la selva peruana. El extraordinario escritor obtuvo el Premio de la Literatura latinoamericana en 1975 por su  brillante creación.

Pasó el tiempo y la novela mantenía su nivel y el paso del tiempo la engrandecía aún más. Toda vez que esa visión crítica de la sociedad latina moderna, en especial de las instituciones castrenses, cobraba todo el sentido al echar una mirada a las dictaduras cívico - militares esparcidas por el continente.

…Sin embargo, un descubrimiento reciente alteraría lo dicho por el Nobel peruano, respecto al verdadero origen de la novela  Pantaleón y las visitadoras... 

martes, 26 de septiembre de 2023

Presencia masónica en el Club Social y Deportivo Colo Colo (IV parte y final)



Un emblema proteico


En un comienzo la alba camiseta carecía de escudo identitario. Bastaban los colores blanco y negro, muy acordes con el sueño de aquellos docentes idealistas. Empero, la imperiosa necesidad de picar alto en todos los sentidos positivos de la vida llevó a este puñado de soñadores a incursionar en el campo internacional. Luego de los primeros juegos se percatan que otros equipos americanos y europeos portan significativos escudos en sus camisetas. No se diga más. Los ritos y símbolos son capitales en toda institución que desea trascender más allá de sus propias limitaciones. 

No hay una sola opinión respecto al creador del escudo. Más bien, se cierne un manto de dudas del creador de la primera insignia. Se menciona a David Arellano como el autor, otros a Quiñones y un largo etcétera que no se dilucidará jamás. El primer distintivo era de una simpleza inocente. El fondo era azul y el nombre del cacique sabio aparece en letras blancas con una cinta roja alrededor. Luego de algunas breves modificaciones se tuvo que aguardar hasta 1950 para que se le encomendara al caricaturista Jorge Silva el diseño del cacique Colo Colo en el escudo, el que, salvo modificaciones leves, se mantiene hasta nuestros días.

A modo de cierre, se hace necesario contextualizar el momento histórico nacional que rodeó la fundación del club deportivo. Chile, en esa época, vivía tiempos especiales. Se forma el Banco Central y se redacta la Constitución de 1925 que durará hasta el quiebre de nuestra democracia en 1973. El país se debatía en la pobreza, el analfabetismo y la ruralidad, siendo su terrible impronta los miles de niños descalzos que deambulaban por las ciudades. Comenzaba, tímidamente, a surgir la clase media. Es el pobre que se educa y se esfuerza por progresar. Los hermanos Arellano y sus cofrades forman parte activa de aquello y, como docentes librepensadores, no solo fundaron un club deportivo. Crean un proyecto educativo laico, pluralista y chileno. No se desprecie el hecho que el gobierno de la época financia los viajes del equipo, no como una mera entretención de masas, sino como embajadores de la cultura y los valores nacionales. 

                                                    FIN

(*) Dedico este seudo cuento - crónica y homenaje a mi padre, colocolino a perpetuidad, quien recibió del presidente del club en una ceremonia en el teatro Caupolicán, una medalla al hincha más antiguo de la institución en los noventas y que, junto a sus restos, descansa una alba bandera del eterno campeón y jamás se enteró de la impronta masónica en el club de sus amores.

Presencia masónica en el Club Social y Deportivo Colo Colo (III parte)

 


Un sabio cacique

El nombre del club se concretó solo dos semanas después de su fundación y fue el centro delantero de la época, Luis Contreras, quien lo propuso (este terminó siendo ingeniero agrónomo). Es sabido que los nombres de equipos deportivos deben evocar lugares emblemáticos, personajes insignes o aguerridos, o bien, animales fabulosos que destacan por su valentía, destreza y ferocidad. Como docentes formados en la cultura idealista de la época, los integrantes primigenios dieron cuenta de esa singular característica. El patronímico tendría un origen muy distinto.

En el estadio El Llano, Contreras y otros, imbuidos de sus lecturas, tales como la Araucana de Ercilla y El cautiverio feliz de Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán, y rescatando la cultura chilena, deciden que un mapuche es el indicado. Desechan a Caupolicán, el toqui más conocido, como también al estratega Leftraru (Lautaro) o al mestizo Alejo, el último grito de guerra en el Walmapu. El club debía perseguir valores altísimos y es por ello que la sabiduría plena, el liderazgo positivo y el respeto a las experiencias serían el norte. El cacique Colo Colo es el ideal supremo.

Se cree que este líder Mapuche vivió alrededor de 1490 y según algunos historiadores entre 1515 y 1561. Otros, como Gerónimo de Bibar y Alonso de Góngora y Marmolejo lo mencionan como un cacique influyente y experimentado. Prueba de ello, es su decisiva participación en la elección de Lautaro como fino estratega militar que cambiaría la forma de plantar batalla a los invasores y, de igual manera, interceder en la forma en que se elegiría al Toqui que lideraría las huestes, quien no era otro que Caupolicán. Para los noveles Hermanos Arellano, Quiñones, Contreras y otros, Colo - Colo era el nombre que fundía las aspiraciones e impronta del naciente club.

Ahora la preocupación de estos profesores normalistas era el diseño del escudo...tema no menor...