viernes, 8 de noviembre de 2024

La rebelión de las sirenas (4° parte y final)

 


El dossier de Macarena es convenientemente filtrado a los medios de comunicación hegemónicos chilenos de tendencia conservadora y exponen a la ninfa al escrutinio popular, tanto en canales de televisión de alcance nacional, como la prensa escrita amarillista. Fueron cuarenta y ocho horas de noticias y contenidos ininterrumpidos en que la masa crítica vio con aviesos ojos la filiación política de la moza. Nieta de terrorista, comunista y prostituta eran los epítetos que el vulgo comenzaba a mentar en la vía pública. Macarena recibió una llamada de los máximos líderes de la izquierda chilena y en los días siguientes se ventiló el perfil de Lucía Klement en las redes sociales, en varios portales de internet y unos periodistas que trabajaban en dos canales televisivos y aprovechando la primicia, exhibieron el currículo de la nieta del fallecido jerarca y asesino nazi. La opinión pública recibía un nuevo estímulo explosivo. A pesar que desde la lógica, ninguna de las dos mujeres debía cargar con el peso de sus familiares, la sentencia de la calle, inducida por los mass media se polarizó. Sorprendentemente, los jerarcas de las extremas derechas e izquierdas, quienes eran minoría, gozaban de claridad meridiana. Ambos apoyarían a todo evento a sus eventuales estrellitas ocasionales. Sin embargo, el resto del poder político se replegó en un misterioso mutismo. Los tradicionalistas moderados, si bien, veían con buenos ojos defender a una mujer emprendedora y exitosa, les dificultaba aparecer junto a una persona que recordaba un pasado ominoso para la humanidad. Los liberales, por su parte, salvaguardar a una mujer que se oponía abiertamente al poder omnímodo y sin contrapeso era un deber moral, pero las críticas de las feministas respecto a que Macarena perpetuaba el machismo al trabajar en un café con piernas y que su abuelo paterno buscara una solución armada y confrontacional en vez de una pacífica y reflexiva (que era la imagen que deseaban proyectar), les incomodaba. Incluso, al mismísimo gobierno chileno de jóvenes líderes de una supuesta izquierda renovada, tal incordio los superaba. Sin un acuerdo previo, apostaron todos y al unísono por desentenderse del quemante problema y apostar a la curva del olvido del populacho, cuya memoria padecía de un déficit atencional galopante. Los medios de comunicación dejaron de exhibir cualquier contenido siquiera tangencial del affaire Pellegrin - Klement y la llama se consumió lentamente. No así para la prensa mundial que siguió a distancia, pero con suma atención este singular conflicto criollo.

Macarena Pellegrin, aprovechando su incipiente fama, se radicó en Cuba y comenzó una carrera de embajadora y representante de la nueva juventud izquierdista libertaria. Lucía Klement optó por el ostracismo momentáneo, ya que los ultra derechistas la sacarían a la luz para probarla en una carrera política a futuro. Empero, en sus fueros internos, la bella tuvo que guardar en el baúl de sus sueños el convertirse en una modelo que exhibiría sofisticadas creaciones de diseñadores de alta costura en las más importantes pasarelas mundiales, ya que la familia Pellegrin debía mantener los ideales a todo evento. En cuanto a Lucía, su vocación de servicio había sido interrumpida abruptamente en su juventud, ya que secretamente viajó a Etiopía en los ochentas, con el fin de trabajar en el voluntariado, sin embargo, sus padres la trajeron de vuelta de un ala, mostrándole el futuro de empresaria ya trazado. Ambas intentaron una sublimación de sus vocaciones. Macarena llenando ese vacío con una breve estadía en un café con piernas. Lucía, con una cortísimo e interrumpido compromiso social en África. Dos monedas de oro, que las circunstancias y las contradicciones de la existencia habían confundido para siempre.

                                                  FIN   

miércoles, 6 de noviembre de 2024

La rebelión de las sirenas (3° parte)


 Fue una semana de intensa persuasión hacia la clientela por parte de la bella líder. Les informó del escaso sueldo recibido y los pésimos e ilegales tratos de la dueña con las sexis garzonas. Cuando reunió una masa crítica y previo acuerdo con el personal y en la hora de mayor asistencia al café, las mozas dejaron de atender y quedaron a pie firme, junto a cada mesa, pero sin ejecutar el menor movimiento. Unos segundos después, extrajeron unos kazoo de sus cinturones y provocaron ruidos estridentes. La mayoría de los clientes, que eran parte de la manifestación, corearon al unísono consignas que daban cuenta de la precaria situación de las empleadas. Lucía Klement miró fijamente a Macarena, pero su larga experiencia le indicó que el silencio era lo recomendable, aunque internamente se consumía en rabia. Se reunió con su administrador y luego de dos horas de intensos conciliábulos, aprovecharon la hora de cierre del local, reuniendo a la muchachada. Con asombro, las meseras escucharon que sus demandas serían estudiadas y que, por ahora, nadie sería despedida. El testaferro había convencido a la carcamal que la partida de Macarena resentiría significativamente las arcas del negocio y la actuación de los parroquianos suponía una simpatía hacia la causa de las cafeteras. La estrategia consistiría en dilatar cuanto sea posible y disparar hacia el córner las peticiones. Los siguientes días el aire tensionado dificultaba la respiración de todos. Si bien, el negocio funcionaba, en apariencia y sin sobresaltos, la procesión iba por dentro. Cualquier error, por mínimo que fuera, una acción demás o una palabra desafortunada, se creía que encendería una peligrosa mecha. Las semanas se sucedieron y el plan de Lucía, que tenía a la inacción como bandera de lucha, corría con ventaja. Macarena captó esta estrategia y activo la siguiente fase de la contraofensiva. Se contactó con varios populares influencers nacionales y un amigo periodista que trabajaba en un medio de alcance masivo moderado.  Era el mediodía del 22 de octubre y las mozas dejaron abandonados sus puestos de trabajo y salieron a la calle con sus atrevidos uniformes tocando sus kazoos, golpeando una olla, que sirvió de improvisado tambor y gritando consignas que reivindicaban sus derechos laborales. Afuera los esperaban el periodista con una cameraman y cuatro estrellitas de las redes sociales chilensis. Macarena y sus compañeras fueron entrevistadas por el reportero y los influencers y grabadas por todos, incluso por los transeúntes que se apostaron allí. Apenas habían transcurrido una media hora del hecho y Lucía despedía a todo el personal, mas su consiglieri  le aconsejo parar su tren desbocado, ya que en varios sitios virtuales los acontecido era trending topic y dos canales de televisión mostraban a las bellas protestando y mostrando sus arrebatadoras anatomías. 

Las trabajadoras ya se habían cambiado de ropas e iban a abandonar el café cuando la patrona las llamó a sentarse alrededor de un mesón del local cerrado tempranamente. Les reiteró la misma monserga del "estamos estudiando sus propuestas" y que todo volvía a fojas cero. Lucía había entendido que la publicidad para el Férula no tenía precio y que, si se deshacía siquiera de una niña, la clientela se le iría en su contra. Lo que Macarena no previó y sucedió en solo tres días, es que la noticia se esparció por varios medios de difusión y por las redes sociales más importantes. Entonces fue el conflicto. Un número no menor de personas empatizó con la causa de las muchachas. La prensa hegemónica aprovechó el momento y en sus programas televisivos faranduleros mostraban el lado morboso de la protesta y destacaban en sus imágenes la cantidad de piel mostrada por las sirenas, logrando un altísimo rating. La denominaron "La libertad de pierna", mofándose de paso. Sin embargo, Lucía poseía variados ases bajo la manga. Echó mano a sus contactos  del más alto nivel y pidió que investigaran a Macarena Pellegrin y que la noticia, que se encontraba alcanzando ribetes insospechados, la televisión lo manejara como un chascarro entretenido y efímero. Al unísono, Macarena llamó nuevamente al periodista y solicitó que indagara acerca de Lucía Klement. La comedia en redes sociales y la TV se mantenía viento en popa. Aparecieron las carpetas con los expedientes de ambas que contenían dinamita de alto tonelaje. Mientras Lucía se enteraba que Macarena era la nieta de Raúl Pellegrin, fundador e indiscutido líder del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, quien utilizando el sobrenombre del Comandante José Miguel, había sido el cerebro de este grupo guerrillero. Él había sido formado militarmente  en Cuba y Nicaragua en los setentas y ochentas y llevado a cabo variados actos que se convertirían en emblemáticos, siendo entre ellos la fallida internación de armas clandestinas por Carrizal Bajo, un poblado costero al norte de Chile y el atentado a Augusto Pinochet, dictador que gobernó diecisiete años, por medio de una cruenta dictadura cívico - militar. Siendo apresado en combate, el cuerpo de Raúl fue encontrado sin vida en el río Tinguiririca. La autopsia detectó horribles torturas en sus extremidades. El informe de Lucía no tenía nada que envidiarle al de Macarena. Era bisnieta de Ricardo Klement, identificación falsa que utilizó Adolf Eichmann, criminal de guerra nazi y uno de los responsables de La Solución Final en Polonia, que implicó el exterminio de millones de civiles, en especial judíos. Vivió escondido en varios países de Europa y escapa a Argentina en 1950, en donde es secuestrado diez años después por el Mossad, una agencia de inteligencia, y traslado a Israel. Es juzgado y condenado a morir en la horca.

La vida de Macarena Pellegrin sufriría un vuelco insospechado que tendría, tanto consecuencias nacionales, como internacionales. 

sábado, 2 de noviembre de 2024

La rebelión de las sirenas (2° parte).


Les comunicó a las demás empleadas del objetivo que había logrado y las conminó a la unión para hacerlo extensivo a todas. La primera impresión de las muchachas fue de asombro, ya que temblaban ante la sola presencia de Lucía Klement y no se explicaban cómo Macarena había tenido éxito. La mayoría le sugirió no remover las aguas y que se contentara con su meta. La bella sintió el grado de sumisión, debido al amedrentamiento de que eran objeto y, por esta vez, calló. Percibió que los hados se encontraban en la vereda de enfrente y esperó un mejor momento. Le mostró al administrador que un taco de su zapato izquierdo se gastaba, mientras que, del otro par, la punta del derecho tenía una leve rotura. Agregó que de su faja uno de los elásticos le apretaba demasiado. Su condición de diva del café le permitió recibir prontamente los repuestos que los distribuyó secretamente, entre las otras empleadas. La estrategia primaria consistía en ganar la confianza del personal. Fase cumplida con éxito moderado. El paso posterior consistió en aprovechar los escasos momentos de descanso y persuadir a las muñecas de lo precario de su estado laboral y que en conjunto podrían alcanzar un trato justo, sueldo acorde a sus capacidades y las prebendas que la ley chilena les otorgaba. Esta vez, unas cuantas le prestaron oídos. Macarena preparaba el escenario para su primer movimiento significativo. Su clientela aumentaba exponencialmente y sus admiradores ya se contaban por docenas. Pidió una reunión con la dueña del Férula y el personal. Lucía, entre risas burlonas y actitud pedante, aceptó el encuentro. Era la noche del 5 de septiembre y, luego de la hora de cierre, Macarena, junto con casi la totalidad de las ninfas, le presentaban un pliego de peticiones. Este libelo incluía aumento de sueldo, que se alejara del mínimo que recibían hasta entonces, tiempo de descanso de 15 minutos cada dos horas de trabajo, uniformes pagados íntegramente por el empleador y fin del castigo del turno sabatino, que quedaba a la elección de la trabajadora que realmente necesitara una entrada económica extra. Lucía soltó una risotada que atronó todo el recinto y mandó ,con viento fresco, a toda la muchachada a la misma mierda.

Macarena Pellegrin no renunciaría a su trabajo. Es más, el portazo en las narices sería el puntapié inicial que daba comienzo a las hostilidades que arribarían a ese café, de las que sería una inusual adalid.