viernes, 8 de noviembre de 2024

La rebelión de las sirenas (4° parte y final)

 


El dossier de Macarena es convenientemente filtrado a los medios de comunicación hegemónicos chilenos de tendencia conservadora y exponen a la ninfa al escrutinio popular, tanto en canales de televisión de alcance nacional, como la prensa escrita amarillista. Fueron cuarenta y ocho horas de noticias y contenidos ininterrumpidos en que la masa crítica vio con aviesos ojos la filiación política de la moza. Nieta de terrorista, comunista y prostituta eran los epítetos que el vulgo comenzaba a mentar en la vía pública. Macarena recibió una llamada de los máximos líderes de la izquierda chilena y en los días siguientes se ventiló el perfil de Lucía Klement en las redes sociales, en varios portales de internet y unos periodistas que trabajaban en dos canales televisivos y aprovechando la primicia, exhibieron el currículo de la nieta del fallecido jerarca y asesino nazi. La opinión pública recibía un nuevo estímulo explosivo. A pesar que desde la lógica, ninguna de las dos mujeres debía cargar con el peso de sus familiares, la sentencia de la calle, inducida por los mass media se polarizó. Sorprendentemente, los jerarcas de las extremas derechas e izquierdas, quienes eran minoría, gozaban de claridad meridiana. Ambos apoyarían a todo evento a sus eventuales estrellitas ocasionales. Sin embargo, el resto del poder político se replegó en un misterioso mutismo. Los tradicionalistas moderados, si bien, veían con buenos ojos defender a una mujer emprendedora y exitosa, les dificultaba aparecer junto a una persona que recordaba un pasado ominoso para la humanidad. Los liberales, por su parte, salvaguardar a una mujer que se oponía abiertamente al poder omnímodo y sin contrapeso era un deber moral, pero las críticas de las feministas respecto a que Macarena perpetuaba el machismo al trabajar en un café con piernas y que su abuelo paterno buscara una solución armada y confrontacional en vez de una pacífica y reflexiva (que era la imagen que deseaban proyectar), les incomodaba. Incluso, al mismísimo gobierno chileno de jóvenes líderes de una supuesta izquierda renovada, tal incordio los superaba. Sin un acuerdo previo, apostaron todos y al unísono por desentenderse del quemante problema y apostar a la curva del olvido del populacho, cuya memoria padecía de un déficit atencional galopante. Los medios de comunicación dejaron de exhibir cualquier contenido siquiera tangencial del affaire Pellegrin - Klement y la llama se consumió lentamente. No así para la prensa mundial que siguió a distancia, pero con suma atención este singular conflicto criollo.

Macarena Pellegrin, aprovechando su incipiente fama, se radicó en Cuba y comenzó una carrera de embajadora y representante de la nueva juventud izquierdista libertaria. Lucía Klement optó por el ostracismo momentáneo, ya que los ultra derechistas la sacarían a la luz para probarla en una carrera política a futuro. Empero, en sus fueros internos, la bella tuvo que guardar en el baúl de sus sueños el convertirse en una modelo que exhibiría sofisticadas creaciones de diseñadores de alta costura en las más importantes pasarelas mundiales, ya que la familia Pellegrin debía mantener los ideales a todo evento. En cuanto a Lucía, su vocación de servicio había sido interrumpida abruptamente en su juventud, ya que secretamente viajó a Etiopía en los ochentas, con el fin de trabajar en el voluntariado, sin embargo, sus padres la trajeron de vuelta de un ala, mostrándole el futuro de empresaria ya trazado. Ambas intentaron una sublimación de sus vocaciones. Macarena llenando ese vacío con una breve estadía en un café con piernas. Lucía, con una cortísimo e interrumpido compromiso social en África. Dos monedas de oro, que las circunstancias y las contradicciones de la existencia habían confundido para siempre.

                                                  FIN   

miércoles, 6 de noviembre de 2024

La rebelión de las sirenas (3° parte)


 Fue una semana de intensa persuasión hacia la clientela por parte de la bella líder. Les informó del escaso sueldo recibido y los pésimos e ilegales tratos de la dueña con las sexis garzonas. Cuando reunió una masa crítica y previo acuerdo con el personal y en la hora de mayor asistencia al café, las mozas dejaron de atender y quedaron a pie firme, junto a cada mesa, pero sin ejecutar el menor movimiento. Unos segundos después, extrajeron unos kazoo de sus cinturones y provocaron ruidos estridentes. La mayoría de los clientes, que eran parte de la manifestación, corearon al unísono consignas que daban cuenta de la precaria situación de las empleadas. Lucía Klement miró fijamente a Macarena, pero su larga experiencia le indicó que el silencio era lo recomendable, aunque internamente se consumía en rabia. Se reunió con su administrador y luego de dos horas de intensos conciliábulos, aprovecharon la hora de cierre del local, reuniendo a la muchachada. Con asombro, las meseras escucharon que sus demandas serían estudiadas y que, por ahora, nadie sería despedida. El testaferro había convencido a la carcamal que la partida de Macarena resentiría significativamente las arcas del negocio y la actuación de los parroquianos suponía una simpatía hacia la causa de las cafeteras. La estrategia consistiría en dilatar cuanto sea posible y disparar hacia el córner las peticiones. Los siguientes días el aire tensionado dificultaba la respiración de todos. Si bien, el negocio funcionaba, en apariencia y sin sobresaltos, la procesión iba por dentro. Cualquier error, por mínimo que fuera, una acción demás o una palabra desafortunada, se creía que encendería una peligrosa mecha. Las semanas se sucedieron y el plan de Lucía, que tenía a la inacción como bandera de lucha, corría con ventaja. Macarena captó esta estrategia y activo la siguiente fase de la contraofensiva. Se contactó con varios populares influencers nacionales y un amigo periodista que trabajaba en un medio de alcance masivo moderado.  Era el mediodía del 22 de octubre y las mozas dejaron abandonados sus puestos de trabajo y salieron a la calle con sus atrevidos uniformes tocando sus kazoos, golpeando una olla, que sirvió de improvisado tambor y gritando consignas que reivindicaban sus derechos laborales. Afuera los esperaban el periodista con una cameraman y cuatro estrellitas de las redes sociales chilensis. Macarena y sus compañeras fueron entrevistadas por el reportero y los influencers y grabadas por todos, incluso por los transeúntes que se apostaron allí. Apenas habían transcurrido una media hora del hecho y Lucía despedía a todo el personal, mas su consiglieri  le aconsejo parar su tren desbocado, ya que en varios sitios virtuales los acontecido era trending topic y dos canales de televisión mostraban a las bellas protestando y mostrando sus arrebatadoras anatomías. 

Las trabajadoras ya se habían cambiado de ropas e iban a abandonar el café cuando la patrona las llamó a sentarse alrededor de un mesón del local cerrado tempranamente. Les reiteró la misma monserga del "estamos estudiando sus propuestas" y que todo volvía a fojas cero. Lucía había entendido que la publicidad para el Férula no tenía precio y que, si se deshacía siquiera de una niña, la clientela se le iría en su contra. Lo que Macarena no previó y sucedió en solo tres días, es que la noticia se esparció por varios medios de difusión y por las redes sociales más importantes. Entonces fue el conflicto. Un número no menor de personas empatizó con la causa de las muchachas. La prensa hegemónica aprovechó el momento y en sus programas televisivos faranduleros mostraban el lado morboso de la protesta y destacaban en sus imágenes la cantidad de piel mostrada por las sirenas, logrando un altísimo rating. La denominaron "La libertad de pierna", mofándose de paso. Sin embargo, Lucía poseía variados ases bajo la manga. Echó mano a sus contactos  del más alto nivel y pidió que investigaran a Macarena Pellegrin y que la noticia, que se encontraba alcanzando ribetes insospechados, la televisión lo manejara como un chascarro entretenido y efímero. Al unísono, Macarena llamó nuevamente al periodista y solicitó que indagara acerca de Lucía Klement. La comedia en redes sociales y la TV se mantenía viento en popa. Aparecieron las carpetas con los expedientes de ambas que contenían dinamita de alto tonelaje. Mientras Lucía se enteraba que Macarena era la nieta de Raúl Pellegrin, fundador e indiscutido líder del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, quien utilizando el sobrenombre del Comandante José Miguel, había sido el cerebro de este grupo guerrillero. Él había sido formado militarmente  en Cuba y Nicaragua en los setentas y ochentas y llevado a cabo variados actos que se convertirían en emblemáticos, siendo entre ellos la fallida internación de armas clandestinas por Carrizal Bajo, un poblado costero al norte de Chile y el atentado a Augusto Pinochet, dictador que gobernó diecisiete años, por medio de una cruenta dictadura cívico - militar. Siendo apresado en combate, el cuerpo de Raúl fue encontrado sin vida en el río Tinguiririca. La autopsia detectó horribles torturas en sus extremidades. El informe de Lucía no tenía nada que envidiarle al de Macarena. Era bisnieta de Ricardo Klement, identificación falsa que utilizó Adolf Eichmann, criminal de guerra nazi y uno de los responsables de La Solución Final en Polonia, que implicó el exterminio de millones de civiles, en especial judíos. Vivió escondido en varios países de Europa y escapa a Argentina en 1950, en donde es secuestrado diez años después por el Mossad, una agencia de inteligencia, y traslado a Israel. Es juzgado y condenado a morir en la horca.

La vida de Macarena Pellegrin sufriría un vuelco insospechado que tendría, tanto consecuencias nacionales, como internacionales. 

sábado, 2 de noviembre de 2024

La rebelión de las sirenas (2° parte).


Les comunicó a las demás empleadas del objetivo que había logrado y las conminó a la unión para hacerlo extensivo a todas. La primera impresión de las muchachas fue de asombro, ya que temblaban ante la sola presencia de Lucía Klement y no se explicaban cómo Macarena había tenido éxito. La mayoría le sugirió no remover las aguas y que se contentara con su meta. La bella sintió el grado de sumisión, debido al amedrentamiento de que eran objeto y, por esta vez, calló. Percibió que los hados se encontraban en la vereda de enfrente y esperó un mejor momento. Le mostró al administrador que un taco de su zapato izquierdo se gastaba, mientras que, del otro par, la punta del derecho tenía una leve rotura. Agregó que de su faja uno de los elásticos le apretaba demasiado. Su condición de diva del café le permitió recibir prontamente los repuestos que los distribuyó secretamente, entre las otras empleadas. La estrategia primaria consistía en ganar la confianza del personal. Fase cumplida con éxito moderado. El paso posterior consistió en aprovechar los escasos momentos de descanso y persuadir a las muñecas de lo precario de su estado laboral y que en conjunto podrían alcanzar un trato justo, sueldo acorde a sus capacidades y las prebendas que la ley chilena les otorgaba. Esta vez, unas cuantas le prestaron oídos. Macarena preparaba el escenario para su primer movimiento significativo. Su clientela aumentaba exponencialmente y sus admiradores ya se contaban por docenas. Pidió una reunión con la dueña del Férula y el personal. Lucía, entre risas burlonas y actitud pedante, aceptó el encuentro. Era la noche del 5 de septiembre y, luego de la hora de cierre, Macarena, junto con casi la totalidad de las ninfas, le presentaban un pliego de peticiones. Este libelo incluía aumento de sueldo, que se alejara del mínimo que recibían hasta entonces, tiempo de descanso de 15 minutos cada dos horas de trabajo, uniformes pagados íntegramente por el empleador y fin del castigo del turno sabatino, que quedaba a la elección de la trabajadora que realmente necesitara una entrada económica extra. Lucía soltó una risotada que atronó todo el recinto y mandó ,con viento fresco, a toda la muchachada a la misma mierda.

Macarena Pellegrin no renunciaría a su trabajo. Es más, el portazo en las narices sería el puntapié inicial que daba comienzo a las hostilidades que arribarían a ese café, de las que sería una inusual adalid.

lunes, 28 de octubre de 2024

La rebelión de las sirenas (1° parte)


"Proletalier aller Länder, vereinigt Euch!"
(Manifiesto Comunista. Marx y Engels) 

La llegada de Macarena Pellegrin alteró las vidas laborales de un puñado de muñecas para siempre. 

Férula, un café con piernas ubicado en pleno centro de Santiago de Chile, era gobernado con mano de hierro por Lucía Klement, una matriarca descendiente de alemanes, cuyos bisabuelos se habían instalado en Buenos Aires y su descendencia cruzó la Cordillera de los Andes para radicarse en la capital del país. La selección de personal era llevada a cabo rigurosamente por ella. Contrataba, de preferencia, colombianas y venezolanas. Las razones de ello eran variopintas. Su exuberante belleza, la simpatía y alegría en el trato y la coquetería innata que desarmaba a los parcos clientes que pululaban el lugar. Sin embargo, otros oscuros, pero evidentes motivos venían aparejados con los anteriores. Eran inmigrantes ilegales en busca de una regularización que demoraba en cuajar. Aquello las volvía dóciles y obedientes y el encontrarse en tierra ajena y no dominar el estilo de vida chileno, las llevaba camino a la prudencia exagerada. Eran fáciles presas para Lucía, que hacía y deshacía con cada una de ellas. Les cancelaba el salario mínimo, con la excusa de que las propinas eran suculentas. Lo anterior era una verdad a medias, ya que una vez que lograban una cartera de clientes considerables, las niñas podían aspirar a ingresos mayores. Se les exigía una imagen perfecta, es decir, sensual maquillaje, uñas primorosamente arregladas, una faja que acentuaba su cintura, la que era pagada por ellas. Unos zapatos de plataforma y medias elasticadas, también cancelados por las ninfas, al mismo proveedor de las fajas, que, ¡oh, casualidad!, era pariente de Lucía. El provocador look, cuyo erótico uniforme era lo único proporcionado por la empresaria, era supervisado personalmente y en detalle por la señora Klement. La amarga cereza de este fantasioso postre lo conformaban la prohibición total del uso de teléfonos celulares en el turno del trabajo y sentarse para descansar.  Se sumaban a ello unos escasos veinticinco minutos para almorzar y el castigo de realizar turnos los sábados, a la que vendiera menos cafés y comidas a los clientes.

Sin embargo, arribó un 22 de septiembre del 2024 al café Férula, Macarena Pellegrin.

Llamó la atención que la dueña contratara a una chilena. Era sabido que, en especial las santiaguinas, poseían un generoso busto, pero eran mentadas entre las caribeñas por poseer una retaguardia caída y la cintura escasamente pronunciada. Además de tener un pobre manejo de la naturaleza de los parroquianos que visitaban el café. No obstante, al ver a Macarena, todos los mitos se volvieron trizas. Era un metro setenta y seis de belleza austral. Abundante cabellera azabache, desordenada a propósito. Ojos pardos y vivaces. Senos turgentes, cintura de avispa, derriere de ensueño y unas piernas torneadas que una minifalda ceñida las destacaba primorosamente. Su presencia causó impacto inmediato en la clientela, más aún, su trato afable y coqueto la situó entre las favoritas del lugar. Sin embargo, a las pocas semanas, comenzaron los roces entre la beldad y su patrona. Le pareció un despropósito adquirir una faja y unos zapatos de estilo glam con plataforma con el proveedor de la jefa y usar su salario para ello. Intentó negociar con la dueña, recibiendo un enérgico no por respuesta. Iba a abandonar el café, pero el administrador ayudante la convenció de llegar a un acuerdo, ya que la mitad más uno de las entradas económicas del lugar se lograban con la presencia de Macarena. Ella quiso hacer extensivo el logro de que el uniforme fuera proporcionado íntegramente por la empresa para sus compañeras, pero la matriarca y su testaferro le pidieron que guardara el secreto y que ocupara el rol de la abeja reina entre las otras bellas, con un trato preferente y sin igual.

Pero, Macarena Pellegrin no solo poseía una cara bonita y un cuerpo escultural. Era una líder formada para comandar la contracultura.

lunes, 21 de octubre de 2024

Laura (3° parte y final)


 Su condición de eterna fugitiva esta vez la llevó al Érebo, un antro con aroma a café y con estética kitsh, ubicado en la calle Bandera. A casi un mes de su llegada ya dominaba la escena. Las ventas subieron desbocadamente y una insinuante foto con la belleza sensual de Laura adornaba la entrada del negocio a modo de promoción. Era su reconocimiento de starwomen del pequeño mundillo del mercado del sexo del casco histórico de la ciudad capital. La muñeca podía elegir a su próxima víctima a su regalado gusto. Aguzó sus sentidos y auscultó a los clientes que podrían cumplir con el perfil preestablecido con la rutina que le daba la experiencia. Si bien los pichones podrían dar hasta una falange de sus dedos por sus favores, esta vez el sacrificado ideal tardaba en aparecer. Un martes 30 de abril ingresó al próspero negocio un hombre de estatura baja, que frisaba los 60 años. Era de tez blanca, ojos verdes, facciones bellas y de figura regordeta. Vestía chaquetas de colores oscuros, que se caracterizaban por poseer parches en sus codos, todo rematado con camisas, pantalones y zapatos pulcramente limpios que combinaban con un estilo casual. Laura puso sus hermosos y sensuales ojos en su persona. Lo atendió solícita, utilizando sus milenarias tácticas. Al llegar lo recibía con un beso cercano a los labios de aquel hombre. Todo a una, lo abrazaba y rozaba levemente sus pechos y sus muslos en él y le hablaba cerca de sus oídos, con una voz provocadora. Las otras leonas del café intentaron bromear con la evidente diferencia de estatura entre ella y el pequeño cliente, mas Laura, las fulminó con una mirada que hizo retroceder a toda esa manada depredadora. A ello, se sumó la condición de ese homúnculo. Vivía solo en su departamento, se encontraba separado de su esposa hacía ya largos años y sus hijos, cuando se apiadaban de él, lo invitaban por cortesía. Las visitas reiteradas y en solitario al lugar dejaron establecido para la bella que sus amigos escaseaban. Prosiguió el implacable acoso de Laura para saltarse las bases y llegar pronto a tercera. 

La oportunidad se presentó más temprano de lo esperado y la cita fue en el departamento del tunante, ubicado en la calle Mosqueto, a escasas cuadras del Museo de Bellas Artes. El Santiago de Chile, desde la vista del balcón, era una reminiscencia del París del siglo XIX, en especial, por el torreón y pequeño castillo de la avenida Pedro de la Barra y el hermoso Parque Forestal. El dueño de casa preparó dos daiquiris, que Laura saboreó con gusto. El trato establecía un tiempo que finalizaría al caer la noche (eran las tres de la tarde), variados encuentros íntimos y un striptease previo de ella. La muñeca sonrió para sus adentros, ya que supuso que este ser bajito sobredimensionaba sus habilidades amatorias, pero la paga era potente y se encontraba al límite de su energía, necesitando con urgencia un suplemento a la vena. Recostó al cliente en la cama, lo besó, introduciendo su ávida lengua en la boca de él y, extrañamente, la cortesana sintió un placer ya olvidado. En una acción fuera de programa le consultó por su nombre. Juan Manuel Oedomsa León, respondió con voz altisonante. Le pareció un patronímico un tanto extenso para su persona, dejando pasar el arcano y riesgoso mensaje que este conllevaba. Comenzó la sesión y Laura, al son de "You can leave your hat one", que inmortalizara Joe Cocker en la película Nueve semanas y media, se desnudó lentamente, dejando a la vista sus exquisitos encantos. Cayó su body negro al piso alfombrado, le siguió su brasier, que dejó libre sus perfectos pechos y finalmente, se deshizo de su tanga, lanzándoselo a Juan Manuel, quien lo cogió en el aire y lo llevó, directamente a su nariz con una expresión de evidente lujuria. Laura gateó por la cama, desabotonó la blanca camisa y desabrochó la bragueta del pantalón y se sorprendió al constatar lo bien dotado que se encontraba ese hombrecillo. Intentó montarlo, sin embargo, él tomo las riendas del encuentro y recostó de espaldas a Laura. Seguidamente, con fruición y técnica depurada, pegó sus labios a su pecera, haciendo gozar intensamente a la hermosa y logrando dos inmensas explosiones húmedas. Luego se posesionó sobre su níveo cuerpo y la penetró profundamente, iniciando rítmicos y provocadores movimientos. Esta vez fue Juan Manuel quien explotó. Laura, quien volvía a sentir el intenso placer para cuya naturaleza estaba creada, pensó que ese extraordinario ser se daría un respiro. Cuan equivocada se encontraba. La recostó boca abajo en el tálamo y atacó por la retaguardia. Las oscilaciones de ambos ahora cimbraban todo el cuarto. La hembra, ya casi exhausta y sin aliento, observó en el gran espejo que se ubicaba sobre la pared que ese ser cambiaba de forma. Se engrosaban sus músculos, engrandecía su porte y sus ojos, otrora verdes, se volvían blancos y malignos. Lo entendió todo, pero ya era tarde. Internamente, su cuerpo comenzaba a abrasarse y su piel blanca como el alabastro, se tornaba peligrosamente rojiza. Toda su persona se consumió en una intensa llamarada, que comenzó a calcinar al pequeño departamento, convirtiéndolo en un siniestro de espantosas proporciones. El monstruo abandonó el piso resueltamente por el balcón, perdiéndose en las primeras trazas de oscuridad que dominarían aquella noche. El Señor Oscuro, solitario y sentado en su trono eterno, al percatarse que sus órdenes se habían llevado a la perfección, se permitió una lágrima por Laura, su placer culpable, a quien debía inmolar, ya que otra Guerra Celestial se avecinaba y no podía seguir con esa pequeñísima y larga cuenta pendiente que podría cuestionar su reinado.      

                                               FIN

martes, 15 de octubre de 2024

Laura (2° parte)

 




Se deshizo del occiso. Caminó a su domicilio y su mente tormentosa le recordó su condición de renegada. Laura existía desde antes del inicio de los tiempos. El Señor Oscuro, su amo a perpetuidad, la mentaba entre sus favoritas. Si bien, su condición de súcubo la ubicaba entre los seres inferiores de la corte, el mandamás le reservaba un lugar de privilegio entre los suyos. Con la irrupción y cruento desarrollo de la Gran Guerra Celestial, los caídos se contaron por miles y los capturados eran preciados botines. Gabriel, el mensajero Del Que Todo Lo Puede, fue capturado y tratado brutalmente como un prisionero estelar. Laura, presa de una morbosa curiosidad, visitó a los reos con el propósito de burlarse de ellos, pero al ver a Gabriel su temperamento incandescente se activo en el acto. Observarlo derrotado y encadenado, pero con su actitud altiva y aura de incomparable belleza varonil la dejó clavada al piso cual torre de ajedrez. De ahí en más, buscó cualquier excusa para visitarlo. Incluso arribaba a inusuales horas de la noche. En un comienzo solo lo miraba por largas horas. Luego, intentó hablarle en vano. Gabriel, presa de una profunda tristeza, oía sin escuchar. El tiempo mítico se sucedía inexorablemente. Laura se obsesionaba aún más por el silente ser de alas caídas. Un día los carceleros de Gabriel en un descuido, dejaron mal cerrada la puerta del calabozo y la beldad ingresó resueltamente. Esta vez sus ojos retrataron al detalle a Gabriel. Un apolíneo cuerpo, magullado y herido. Un hermoso rostro que acababa en una quijada cuadriculada. Musculatura proporcionada y perfecta, en donde destacaban unas manos grandes y poderosas. Laura tuvo que reprimirse para no arrojarse encima de él. Monologó hasta que la roja mañana llegó. En una de las tantas visitas, Gabriel le contestó una de sus preguntas. Su voz atronó en sus oídos y Laura se dedicó a admirarlo. Sus novedosos puntos de vista calaron hondo en ella. Al borde de la desesperación, se acercó con decisión y lo besó apasionadamente. El alado ser sintió por primera vez una sensación de placer interno inédito. Le propuso la huida conjunta de aquella mazmorra. Gabriel accedió.  

Volaron muy lejos del averno y se fondearon donde creían, ningún ser celestial, ni infernal podrían alcanzarlos. Intimaron como los perritos, luego como los conejos y acabaron cual depredadores salvajes y desbocados. Para Gabriel fue el non plus ultra sexual, jamás experimentado en su inmaculada vida. Para Laura significó descubrir el sentimiento máximo. Se había enamorado perdidamente y por primera vez. Cada encuentro íntimo removía la tierra que los rodeaba. Sin embargo, ambos eran cartas marcadas. El Perfecto envió a Azrael, el Ángel de la Muerte para encontrar y castigar a ese advenedizo. El sancionador los descubrió escapando por el este del paraíso. Un oscuro lugar que les sirvió de un momentáneo, pero precario escondite. Azrael fue poseído por la ira de Dios, dirigió sus dos dedos índices hacia Gabriel y un rayo cegador impactó de lleno en su pecho. Sintió que ardía por dentro y su piel comenzó a enrojecer y luego a supurar una viscosa materia color oro opaco. Seguidamente, todo su cuerpo se encendió en un inmenso fogonazo para quedar solo una mancha oscura en la tierra. Laura temió lo peor, pero el sicario se alejó, sin prestar la más mínima atención a su persona. Lloró desconsoladamente la pérdida del que sería su único amor. Volvió a su realidad infernal y sintió pavor por su existencia. Sabía que el Príncipe de las Tinieblas enviaría a alguno de sus huestes para acabarla, por ello, escapó hacia el planeta tierra, ocultándose, intentando pasar desapercibida y esperando su muerte a la vuelta de cualquier esquina. Por su condición de súcubo, se decidió por la profesión más antigua del mundo. Mataba dos pájaros de un tiro. Con la energía sexual arrebatada a cada víctima se mantenía joven y bella, sin descartar que su endiablada naturaleza era saciada, aunque sea con simples mortales. Fue sacerdotisa en un templo de la ciudad de Uruk en la Sumeria del 2.400 A.C.,  el mismo rol lo cumplió en el puerto de Erice en Sicilia, destacó como una excelente hetaira en la Grecia de Pericles, una perfecta Oirán en el el Japón medieval, Taiwaf en la India milenaria y cortesana en variados reinos de la Europa Moderna. En el siglo XX recala en el continente americano y fue una prostituta de bajo perfil, escogiendo de preferencia países caribeños para sus eróticas y mortales actividades. Sus asesinatos ya se contaban por miles, sin embargo, en ninguno de esos encuentros íntimos volvió a sentir la pasión y desenfreno que experimentó con Gabriel. Como inmigrante colombiana, arriba a Santiago de Chile a comienzos del siglo XXI y los cafés con piernas se convierten en su refugio ideal.

jueves, 10 de octubre de 2024

Laura (1° parte)


Pareces un ángel,
caminas como un ángel
hablas como un ángel,
pero me volví sabio.
Eres el diablo disfrazado.
         ("Devil in desguise". Elvis Presley)


Laura ingresó a la habitación proveniente del tocador. Vestía un negligé transparente que exhibía plenamente sus encantos. Un porte de un metro y ochenta centímetros. Cabellera azabache que caía graciosamente por su nívea espalda. Unos ojos verdes gatunos y embrujadores que adornaban un rostro perturbadoramente adolescente. Su figura rayaba en la perfección. Senos eréctiles y turgentes. Caderas anchas. Cola erguida y unas piernas largas y torneadas. Se deslizó lentamente hacia la cama que ocupaba, ya desnudo, un impresionado y nervioso oficinista de edad mediana. Dejó que el incauto se apoderara torpemente de unos de sus pechos y cuando intentó penetrarla, la bella cambió de un tirón la postura, quedando sobre su víctima. Con el control total sobre la situación, bombeó lentamente en un principio, para luego intensificar el ritmo. El hombre se regocijó, sintiendo que solo ella y él existían en este mundo. Sin embargo, comenzó a sentir que el aire escaseaba en su pulmones y unas terribles convulsiones se apoderaban de su persona. Con sus ojos vidriosos alcanzó a observar por última vez a Laura y su penetrante mirada, que en ese preciso momento encandilaba todo la pieza del motel. Sintió que algo extraño abandonaba su persona para siempre. La bella extrajo de su cartera un bolsa negra plegable. Con una extraña fuerza y pericia embutió el cuerpo sin vida del desgraciado en ella y lo lanzó por la ventana. Abandonó la pieza. Se dirigió hacia su pequeño celerio del color ámbar. Abrió la cajuela y dejó caer el bulto dentro de ella, alejándose, sin prisa, de aquel nido de amores fugaces.

Dirigió su coche a la comuna de Maipú, ubicada al poniente de Santiago de Chile. La rutina la había vuelto una experta. Extrajo la bolsa. Recorrió un corto trecho del vertedero ilegal y depositó el bagayo entre unos escombros. El cadáver podría permanecer por largo tiempo descomponiéndose en ese inmundo lugar y, si era descubierto, absolutamente nada podría relacionar a ese desdichado con Laura. Había perdido la cuenta de la cantidad de víctimas a su haber. Solo en esta tierra del fin del mundo se contaban por decenas. Volvió a su coqueto departamento ubicado en pleno centro de la ciudad. Se dio una reparadora ducha y se preparó para ir a su trabajo de medio tiempo. Sus provocadoras prendas íntimas le calzaban a la perfección. Enfundó sus firmes muslos en una medias caladas blancas. Luego se sentó frente a su espejo iluminado del dormitorio y se acicaló diestramente su cara y cuerpo, convirtiéndose en una sensual mezcla de niña terrible y muñeca finísima. Dirigió sus pasos hacia el Mahal Kita, un café con piernas del paseo peatonal de la calle Estado.  Puntualmente llegó y marcó su ingreso a las trece horas. El uniforme del día era un mini vestido negro con la espalda descubierta, rematando en unos zapatos de taco aguja que estilizaban aún más su imponente figura. Aquel antro era su centro de operaciones. Reinaba sin contrapeso y las otras ninfas eran su corte. Los parroquianos se perdían por una atención suya, una mirada o un beso en la mejilla de despedida. Laura los analizaba detalladamente, buscando a su próxima víctima. Demoraba entre tres a cuatro semanas en lograr su objetivo. Los escogía, los seducía discretamente al inicio y desenfadadamente al final. Se consumaba la cita junto con el pago y, fuera del turno laboral, se ejecutaba el flamígero crimen.  
 
Laura sabía que ya caminaba por caminos pedregosos en su actual trabajo. Su vastísima experiencia le indicaba que no más de seis meses era el tiempo máximo que debía permanecer en cada establecimiento. Luego del tercer cliente habitual que desaparecía para nunca más volver, podrían atarse cabos y vincularla. Por ello, le comunicó al administrador que dimitía. Que su bella rock star se fuera era una herida en la economía del café que costaría sanar. Este le suplicó en vano. Ya era una decisión irrevocable. A los pocos días se encontraba laburando en el Diosas y Gatas. Los cafés con piernas se habían convertido en su trampa ideal. Ingresaban una mayoría de hombres solitarios, cincuentones, con poder adquisitivo no menor y, la guinda del postre, con escasa red de apoyo social. Laura los olía a la distancia y comenzaba a tejer los hilos que, lentamente, amarrarían mortalmente al incauto de turno. Los impactaba con su belleza que cortaba el aliento. Se les acercaba y les rozaba levemente sus senos y sus muslos en un abrazo de bienvenida. Les hablaba al oído y los despedía con un beso en la mejilla que cada vez se acercaba, día a día, a la comisura de los labios del futuro finado. Esta vez demoró escaso tiempo en el ritual. Era un hombre alto, de carnes magras y de rostro afilado. En los días preliminares, Laura lo sedujo implacablemente. Se citaron en el motel Azul, en horas de colación. Ya en la habitación, desanudó su corbata y con lentos movimientos desabotonó su alba camisa. Le dio un leve empujón que lo depositó en la ancha cama. Luego, Laura encendió un parlante y comenzó a desnudarse al son de una música insinuante. El cliente había cancelado por un servicio completo, que incluía candentes preliminares. Acabó de desvestirse. El proyecto de desaparecido se puso de pie y ella se arrodilló, abriendo la bragueta del pantalón y cumpliendo con fruición el segundo acto de la macabra comedia. Seguido de un breve descanso, lo invitó a una ducha tibia. Se abalanzó sobre su cuerpo y a horcajadas, rodeando sus brazos en su cuello, se insertó en él. Mientras el agua caía sobre sus cuerpos el hombre conocía la gloria. Sin embargo, unos ahogos espantosos dificultaban su respiración. Sintió que el corazón le estallaba y un calor insoportable invadía su humanidad. Antes de dar su postrero suspiro, observó con estupor que Laura mutaba su tersa piel de alabastro en una roja y corrugada y que su aliento le abrasaba sus entrañas, ya que los labios de aquella monstruosidad se pegaron a los de él extrayéndole hasta la última energía que ese varón podía almacenar.

sábado, 24 de agosto de 2024

María José no les cree a los hombres del planeta tierra.

                 For here am I sitting in a tin can
                 Far above the world
                 Planet Earth is blue
                 and there's nothing I can do...
                                  (Space Oddity, David Bowie)                                 

      A comienzos del siglo XXI, específicamente en el año 2002 (según registros temporales terrestres), una colosal nave proveniente de la constelación Deacus, cuya estrella principal es Kepler - 90, se detuvo a escasa distancia de nuestro mundo. Era uno de los miles de vehículos interestelares que viajaban por el espacio conocido y que la precaria tecnología humana no podía detectar. La Federación de Planetas Unidos hacía eones que visitaba distintas estrellas. El armatoste que se ubicó a una distancia prudente del globo terráqueo azul poseía como objetivo principal el enviar a nóveles tripulantes a estos alejados lugares para realizar estudios de campo muy específicos.

 

Nimda An Dor era una joven originaria de la raza Ashtar, seres que se comunicaban canalizándose con el prójimo. Era parte integrante de la tripulación y una de las aspirantes adelantadas. El líder de su destacamento reunió a sus discípulos y les impartió sus misiones por los próximos 2.000.000 cronos (en tiempo de Planck), similar a un mes terrestre. Nimda y sus compañeros debían permanecer ese tiempo empapándose de la realidad, circunstancias y reacciones del primate macho de la especie dominante del planeta tierra y entregar su monografía para cerrar su largo periplo académico. Cada tripulante se ubicó en los cubículos de teletransportación. Recibieron su destino, locación y nueva identidad directamente en uno de sus cinco troncos encefálicos, junto a la que sería su novedosa estructura humanoide. Así, Nimda llegó a Santiago de Chile, siendo su radio de acción el denominado Barrio Cívico de la urbe. Su nueva estampa se caracterizaba por poseer un metro sesenta, piel canela, pelo azabache que caía sensualmente por sus hombros, ojos negros almendrados, un coqueto lunar bajo la barbilla y todo ello acompañado de una curvilínea figura. Su alias o chapa, María José.

 

El programa de la Federación de Planetas se caracterizaba por ser uno de los mejores y más ordenados de las galaxias conocidas. El objetivo era que sus cadetes experimentaran situaciones reales desde una vivencia educativa integral. El propósito asignado a María José era interactuar con el habitante varón de las capas sociales medias de esa capital para, posteriormente, exponer sus conclusiones a los líderes. Se le asignó un pequeño departamento colindante con el casco histórico de aquella metrópolis y una ocupación de garzona premium en un "café con piernas" ubicado en la calle Moneda, a pocos pasos de la Avenida San Antonio. El local se llamaba "El Barón Rojo", haciendo una alusión cuasi erótica al piloto de caza Manfred Von Richthofen, héroe alemán de la Primera Guerra Mundial, quien derribó a más de 88 aviones enemigos, con su amado biplano Albatros, cuya característica distintiva era su color escarlata. María José se enteró, por medio de un extenso dossier llegado a su cerebelo recientemente que su rol sería encarnar a una atractiva joven que reproduciría el estereotipo de mujer alegre, sumisa, servicial, doméstica y que se encuentra dispuesta a escuchar al prójimo a todo evento. El primer día de trabajo la recibió Miguel Ángel Morales, dueño del negocio y creador intelectual del "minuto feliz", que se estrenó el año 1994 y consistía en que las mozas exhibieran, durante 60 segundos y una sola vez al día, sus turgentes senos desnudos a los encantados parroquianos, cuya suerte los ubicaba en el lugar y momento oportuno. El mandamás al ver a la pequeña beldad, ordenó que, junto al provocativo uniforme, le asignaran unos bellos zapatos de estilo glam y con altísimos tacones, para optimizar su diminuto, pero encantador porte.

 

Su primer día de trabajo fue el puntapié inicial de un mes que la moza deseó olvidar para siempre. Llamó su atención los vidrios polarizados de las puertas de entrada al recinto. Algunos años antes, el ex - alcalde de la comuna, Jaime Ravinet, obligó a estos lugares a encubrir sus puertas, otrora transparentes, por púdicos diseños que impedían a mirones, en especial a menores de edad, a fisgonear a las mujeres que vestían con lencería fina en el interior. María José entró al camerino del café y pidió asesoría a otras sirenas de cómo maquillar su bello rostro. Se enfundó el diminuto atuendo que ocultaba solo lo esencial y que dejaba al descubierto todo lo demás. Aquello le hizo gracia, ya que no experimentó la inicial vergüenza de las primerizas. Más bien, sintió comodidad, ya que el traje oficial de la Federación pecaba de incómodo. Solo el calzado le molestaba al caminar. Inició su turno que cubría de lunes a viernes desde las dos de la tarde hasta las nueve de la noche. La primera semana los clientes que se le acercaban eran variopintos. Unos solicitaban el expreso, el cortado o el capuchino de manera cortés, pero con una timidez galopante. Otros se hacían los cancheros y trataban con una fingida seguridad a las jóvenes, aunque sabían que la procesión vacilante iba por dentro. Los menos, intentaban una insulsa conversación que apenas podían sostener, ya que sus ojos se les desviaban hacia las sinuosas curvas y generosa anatomía de las ninfas. Las propinas oscilaban entre unas méndigas monedas, pasando por billetes de números bajos, hasta los clientes encantados que dejaban suculentas cantidades de dinero. En medio de esa primigenia semana María José fue testigo de intempestivas visitas por parte de funcionarios de la Inspección del Trabajo y Policías, respectivamente, quienes multaban a los locatarios por absurdas razones, que escondían una presión de grupos ultraconservadores que mentaban de inmorales e indecorosos estos lugares, intentando recrear una caza de brujas. Más, todo esto lo zanjó Joaquín Lavín, alcalde en ejercicio de la época, que dictaminó una ordenanza que incluía solo horarios diurnos de funcionamiento, prohibición de venta de bebidas alcohólicas y la nula posibilidad de ejercer la prostitución por parte de las bellas. Los conservadores asintieron las medidas de su correligionario. Que esos lupanares se encerraran en sí mismos y se condenaran solos, argumentaban. Ni el más pintado sospecharía que en el 2005, el mismo alcalde, ya en campaña presidencial, se fotografiaría con un ramillete de sensuales garzonas del lugar y estamparía su firma en uno de los muslos de una de ellas, olvidando de una plumada sus convicciones, con el objetivo de lograr votos esquivos.

 

La segunda y tercera semana María José fue objeto de numerosas insinuaciones e invitaciones directas por algunos parroquianos que se fueron acostumbrando a su presencia arrolladora. Inventaban rupturas amorosas con sus parejas o se erigían como prósperos emprendedores para conseguir el favor de ella, cuando a todas luces eran ídolos con pies de barro. La invitaban a salir de noche, pero se saltaban el galanteo previo. Intentaban tocaciones indebidas, que eran rápidamente detenidas por personal de seguridad del café. Incluso le ofrecieron dinero por sus servicios sexuales. Esto último le pareció insólito e impráctico. Cada sábado, ella realizaba un estado de avance de sus investigaciones y experiencias a sus superiores por medio de una avanzada red neuronal que la conectaban con su comandante por impulsos de energía cerebral. El análisis era obvio. En ese lugar de dominio varonil predominaban en estos simios la chapucería, la simulación y la ignorancia arrogante. María José enfrentó sus últimos siete días de pasantía en la tierra con un sentimiento que jamás había experimentado, la desilusión. Atendió a toda su clientela que ya había aumentado en gran número con la simpatía y diligencia acostumbrada, sin embargo, internamente el desencanto y rechazo por aquellos terrícolas falsarios se encontraban enquistados en sus quinientos mil millones de neuronas. Ese domingo en su departamento esperó la teletransportación a la nave madre, en donde debía comparecer ante la comisión que evaluaría su monografía. La bella sabía que en ese trabajo intelectual omitiría una parte que, de saberlo, esos bravucones habrían repensado respecto a sus fallidas y torpes artimañas seductoras. Si alguno de ellos se hubiera acercado a Nimda An Dor siendo él mismo, demostrando un corazón verdadero y destacando por ser empático, habría logrado la fidelidad absoluta de ella y recibido el amor pleno e integral, en especial el físico, ya que las Ashtar son reconocidas como las mejores amantes en la mayoría de las galaxias gobernadas por la Federación.

 

                                                   FIN                               

lunes, 29 de julio de 2024

Godzilla destruye Santiago de Chile (V parte y final)

 

El teaser solo duró 30 segundos. Ya todo el país esperaba ver esta última entrega, como también millones de personas en el mundo, relacionadas directa, indirecta o tangencialmente con el mundo del cine, debido al revuelo causado. Ubicaron a Godzilla en el barrio cívico de la capital. El descomunal lagarto ingresó por el Paseo Bulnes, emitiendo ruidos ensordecedores y dirigió sus enormes pasos hacia el Palacio de la Moneda, la construcción más significativa de la república y sede del poder ejecutivo. Se ubicó en el frontis del señero edificio y en ese momento sus placas dorsales comenzaron a brillar desde la punta de su larguísima cola hasta llegar a su garganta. Acto seguido, un devastador rayo nuclear azulado salió expelido de sus fauces y dio de pleno en ese histórico edificio, incendiándolo por completo y luego de unos segundos se consumió, derrumbándolo estrepitosamente y levantando una nube inmensa de humo.

 Esta vez, las autoridades fueron acorraladas por los progresistas y la izquierda unida. La altísima inconveniencia de retrotraer el tiempo y recordar aquel 11 de septiembre de 1973 cuando el Palacio de La Moneda fue bombardeado e incendiado por aviones de la Fuerza Aérea de Chile, iniciando el golpe de estado, hecho histórico que aún divide a sus habitantes y recreándolo en una película de Ciencia Ficción les pareció de un mal gusto de marca mayor. Miles de personas se agolparon en el hotel que alojaba a los cineastas, pidiendo su expulsión. Los parlamentarios citaron a una reunión extraordinaria para tratar el caso. Los partidos políticos de todos los colores, una vez finalizada la sesión, decidieron deportar a Takashi Yamazaki y su equipo y declararlos personas non gratas. El presidente de la nación, con el agua que ya rozaba su cuello, firmó el decreto de expulsión y ordenó al Servicio Nacional de Migraciones la misión administrativa y logística de la acción. Todo lo anterior transmitido a todo el mundo por todas las vías de medios de comunicación masivos interesados en este singular espectáculo. Takeshi y su gente salieron escoltados del hotel, bajo una numerosa comitiva policial de automóviles y motocicletas con destino al aeropuerto. Una vez en el avión, el cineasta sonreía pletórico. Había triunfado por todo lo alto, emulando a su mentor Orson Welles. Lo recibirían en su país como un verdadero ganador y su fama se multiplicaría por mil.

Dejaba tras sí a este pequeño país, que pese a que llevaba más de trescientos años de formación y doscientos de vida institucional, aún se conservaba crédulo, inocente, susceptible y sin siquiera percatarse de ello, nuevamente hacía el ridículo a la vista de la comunidad internacional.

                                             FIN


sábado, 27 de julio de 2024

Godzilla destruye Santiago de Chile (IV parte)

 


La troup de Takeshi arribó al aeropuerto Comodoro Arturo Merino Benítez de Santiago de Chile el lunes primero de abril. Previamente, el cineasta realizó magia con el escualido presupuesto, ya que no solo confeccionaron ocho brillantes y espectaculares teaser del mockumentary que denominaron Godzilla Destroyer (Gojiradesutoroiya), (título que, según sus propios sondeos, les pareció altisonante y a prueba del entendimiento de cualesquiera hispano hablante que no dominara el idioma británico), sino que también, los morlacos les habían alcanzado para una agresiva campaña publicitaria en Japón y en Chile, en donde asentaban que el radioactivo dinosaurio realizaría estragos al por mayor en la principal urbe del austral país. La suerte ya estaba echada y Takeshi se la jugaría hasta las últimas consecuencias. El primer efecto del accionar de la maquinaria nipona fue una multitudinaria conferencia de prensa en el salón VIP del aeropuerto. Una gran masa de otakus desbordaron las dependencias del terminal aéreo y amenazaron a guardias y personal de seguridad, si el cineasta y su equipo, a lo menos, realizaran una aparición siquiera fugaz para inmortalizarlos en sus cámaras de celulares. En el trayecto del aeródromo al hotel la limosina que llevaba a los orientales estuvo a punto de colisionar, porque los fanáticos los acosaron durante gran parte de la travesía. Medios de comunicación locales y algunos extranjeros, cubrieron el apoteósico arribo. Takeshi sonrió satisfactoriamente. El elaborado plan ya les entregaba los primeros réditos.     

La segunda parte de este periplo del engaño sofisticado consistió en visitar a cuanto medio de comunicación masivo de Chile los invitara. En canales de televisión, radios y podcast de altísimo rating cacarearon a los cuatro vientos que la Película Godzilla Destroyer sería la versión definitiva del monstruo y marcaría toda una época y nada menos que usando Santiago como locación. Se venía la fase decisiva del proyecto. Se liberaron cuatro teaser por la mayoría de las plataformas virtuales y un expectante publico nacional visionó como el lagarto hiperdesarrollado destruía violentamente el Paseo Ahumada, arrasando a las edificaciones más señeras del lugar con sus temibles mandíbulas y garras. Con su aliento atómico gravitacional hizo desaparecer en una gran explosión una tercera parte del cerro Santa Lucía. Con un potente rayo espiral aniquiló de una plumada el Estadio Nacional. Finalmente se posó en la torre del Costanera Center, la edificación más alta de Sudamérica, causándole gran daño. Esta imagen de Godzilla encaramado y abrazando esa monumental construcción sería el ícono que recorrería el orbe. Las reacciones no se hicieron esperar. Los otakus chilensis levitaban y se les entornaban los ojos a blanco con las secuencias liberadas en las redes sociales, mientras que los dueños de locales comerciales en donde el gigantesco ser arrasó, causando estropicio total, se sobaban las manos, debido a la gran afluencia de público que se agolpó en esas locaciones.

Sin embargo, una montonera de vehículos fueron detectados abandonando la urbe, asustados por la presencia de tamaño ser. Otros, de tendencias conservadoras y con poder económico y comunicacional declaraban en televisión el inconveniente para el turismo, ya que una ciudad amenazada virtualmente les estropearía el negocio. Los objetivos del plan cumplía con creces la fase en curso. Takeshi apuró la continuación de lo planeado. Se liberarían tres teaser esta vez. Los santiaguinos observaron con estupor a Godzilla y Rodán en combate y arrasando con sus violentos movimientos los modernos edificios del sector financiero exclusivo, denominado Sanhattan (Santiago + Manhattan). Un segundo colosal encuentro entre el dinosaurio radioactivo y Gamera dejó un cráter de dimensiones monumentales, donde se encontraba previamente el Parque Forestal (una copia pequeña de los jardines parisinos). Empero, Takeshi subió a internet el penúltimo teaser, con el explícito objetivo de rizar el rizo. Godzilla, esta vez acompañado de Motra acababan con la Plaza de Armas, sirviéndose como plato principal la Catedral de Santiago, derrumbándola con gran estrépito. La temperatura de varios chilenos subió a los cuarenta grados. Grupos religiosos conservadores y de ideología derechista salieron a las calles a protestar airadamente, a los que sumaron otros grupos espirituales de otras opciones, realizando causa común. Sus líderes realizaban llamados a las autoridades a tomar cartas en el asunto por el agravio. Los gobernantes de turno llamaron a la calma a la población, indicando que lo acontecido era solo una invención cinematográfica. Aún así, la efervescencia crecía peligrosamente. Un grupo de Otakus fueron salvajemente golpeados en la calle por pandillas de neonazis y los inmigrantes y escasos turistas que poseían rasgos asiáticos, temiendo por sus vidas, prefirieron encerrarse en sus casas y hoteles. La televisión nacional cubría todo aquello, con el morbo acostumbrado y el resto del mundo observaba con asombro este espectáculo en vivo que se ofrecía en esta Finis Terrae. Takeshi preparaba su última jugada del plan maestro y liberaría su último teaser que, a propósito, lo guardaba como gran final. 

domingo, 7 de julio de 2024

Godzilla destruye Santiago de Chile (III parte)

 

Los adláteres de Takashi, convertidos en ratones de bibliotecas virtuales, extrajeron la mayor cantidad de información posible del carácter y personalidad de los habitantes de la República de Chile para comprobar si serían presa fácil de un pánico colectivo. En la actualidad registraban una estadística menor de hurtos simples, robos a mano armada y asesinatos. Todo aquello comparado con sus vecinos próximos y distantes del continente americano. Sin embargo, su percepción de inseguridad era uno de los más altos de la región. Tal contradicción se explicaba por variadas razones, aunque predominaban las que apuntaban a que la mayoría de los medios de comunicación masiva le pertenecían a un grupo de empresarios con una ideología muy definida, los que usaban el miedo, la desconfianza y el tremendismo como efectivas armas de manipulación, sumado a la triste realidad que un numeroso contingente de sus habitantes mayores de edad no comprendían bien lo que leían. Más aún, los cineastas nipones, perfeccionistas en todo lo que realizaban, descubrieron que esta singular cualidad recelosa, acompañada del escaso capital cultural por falta de lectura se sustentaba en varias décadas atrás. 

Los japoneses reconstruyeron una línea de tiempo en retrospectiva que daba cuenta de la susceptibilidad de chilenas y chilenos. En enero del 2007 y agosto del 2006, respectivamente, en canales de televisión nacionales se proyectaron dos documentales. Uno de ellos llamado Último minuto, que recreaba un tsunami que destruía Iquique, una ciudad del norte del país y en 2006 la National Geografic, un terremoto ficticio en el puerto de Valparaíso. Las reacciones no se hicieron esperar. Desde los crédulos que comulgaron con ruedas de carreta y se tragaron todo, pasando por connotados habitantes de ambos puertos que deseaban demandar a los directores de los documentales por el daño causado a la imagen turística de ambas localidades. Incluso, la fecha la consideraron altamente inapropiada, debido a que se conmemoraban cien años del gran terremoto de 1906 que dejó terribles daños y miles de muertos en la Joya del Pacífico. Takeshi, demostrando que caminaba varios pasos más adelante que su gente, les platicó a los suyos que en plena dictadura cívico - militar, específicamente en el año de 1986, una operación comunicacional ideada por un ministro de apellido Cuadra, intentó, con gran éxito, convencer a sus compatriotas que el cometa Halley surcaría los cielos de ese ingenuo país y se detectaría en todo su esplendor y a simple vista, acción imposible a todas luces. Chilenas y chilenos se congregaron en distintos lugares prestos a vivir un momento épico de sus vidas, experimentando una gran decepción, debido a que el Halley brilló por su ausencia. Muchos años después se develó el fraude. Los habitantes de ese lugar pasaron por alto la efervescencia social por el descontento contra el dictador y las protestas callejeras disminuyeron en su convocatoria, el tiempo que ese objeto espacial supuestamente surcaría los cielos de Chile.

El corolario de esa retrospectiva los remontó al 2 de junio de 1962. Día que que ocurrió la Batalla de Santiago (Battaglia di Santiago para los italianos). Unos cuantos años antes, dirigentes deportivos chilenos presentaban en Lisboa su candidatura oficial para convertirse en sede del Mundial de Fútbol, adjudicándoselo con una gestión que fue considerada una hazaña. Los periodistas tanos del diario Il resto del Carlino de Bolonia, Antonio Ghirelli y Corrado Pizzinelli viajaron a Chile una cuantas semanas antes de la justa deportiva y se empaparon del sabor local.  Sus impresiones las publicaron en una nota que se tituló : Santiago, i confini del mondo: l'infinita tristezza della capitale cilena, mostrando a sus compatriotas un ciudad subdesarrollada y melancólica, en donde la prostitución, la pobreza, el analfabetismo y la miseria la convertían en su marca de fábrica. Aún más, el escrito se preguntaba si ese contexto no afectaría gravemente el ánimo y la producción futbolística de los deportistas de la azzurra. El Mercurio, un conservador diario local, reprodujo el contenido de este artículo que indignó a la población. Ambos periodistas bachichas se vieron obligados a abandonar el país. En una calle de Santiago unos sujetos agredieron a un periodista argentino, confundiéndolo con Guirelli o Pizzinelli y un pasquín llamado Las Últimas Noticias trato a los italianos de fascistas, mafiosos, drogadictos e hipersexualizados,  ¿El resultado? Ese 2 de junio se llevó a cabo uno de los partidos de fútbol más violentos de los que se tengan memoria. Los equipos chilenos e italianos entraron al campo de juego en un ambiente de hostilidad insoportable. En largos minutos del encuentro se dedicaron a darse de alevosos puntapiés y golpes de puño. El árbitro superado totalmente por la situación, intentaba vanamente controlar lo incontrolable. Espectadores del viejo continente observaban asombrados ese dantesco espectáculo, ya que era el primer mundial de fútbol que se transmitía en directo a los que poseían la tecnología para verlo. Los tiffosi aún hoy recuerdan el izquierdazo que el jugador chileno Leonel Sánchez le propinó en pleno rostro al italiano David, luego que este último lo pateara en el suelo. El encuentro acabó con dos jugadores italianos expulsados y los locales imponiéndose por dos goles a cero. El revuelo futbolístico fue de tales proporciones que se convirtió en el crisol de las actuales tarjetas amarillas y rojas, que sancionarían cualesquiera incidente dentro del campo de juego.

Takeshi Yamazaky había reunido toda la información requerida. Los habitantes del austral país, en especial los de de su capital Santiago, eran definitiva e históricamente crédulos, cándidos, alarmistas y la cualidad que adoró el cineasta... susceptibles. El escenario se encontraba dispuesto. Godzilla se acercaba a pasos agigantados a Santiago de Chile.

miércoles, 3 de julio de 2024

Godzilla destruye Santiago de Chile (II parte)


Takashi reunió a su equipo de trabajo y les propuso su idea. Las mentes pensantes la evaluaron con la distancia que les daba el camino recorrido. Sorprender a una audiencia en el siglo XXI, que había sobrevivido a la turbulenta centuria anterior y que ya no comía vidrio no era recomendable. Más aún, cuando los dueños de la franquicia de los estudios Toho lo acicateaban con una pronta secuela de Godzilla. Pero Takashi se caracterizaba por su tozudez y obstinación. Urgió a su gente y los congregó para una lluvia de ideas. Durante cuarenta y ocho horas seguidas torturó a su equipo, hasta que a Masahiro Ishiyam, el colorista del grupo, se le iluminó la sabiola y propuso una búsqueda de un grupo numeroso de personas crédulas, inocentes y susceptibles de un país, región o localidad a las que se les aterrara con un mockumentary o falso documental, usando al abominable monstruo nipón y emulando el estilo inicial del gran maestro Welles.
 

El equipo completo compareció ante Mitsuru Shimada, Presidente de Toho Estudios, con la propuesta plasmada en una primorosa presentación audiovisual de alto estándar. El mandamás nada más escuchó la propuesta y estuvo al punto de enviar a Takashi y su corte a la mismísima cima del monte Fuji. El carcamal les espetó que la idea carecía de sentido comercial, la intrascendencia le invadía y el agua le entraba por todos los costados. El joven cineasta no se amilanó y usó su cuenta corriente cuyos fondos se sustentaban en la fama reciente. Además le recordó que poseían un contrato de, a lo menos, tres proyectos de  films de la saga de Godzilla. Shimada reflexionó y su sentido empresarial oportunista surgió en ese momento. Accedió a aprobar unos 790 millones de yenes (un poco más de cinco millones de dólares) y que Takashi se las arreglara como pudiera. Esa exigua cantidad poseía como objetivo que desistiera de su peregrina idea y que volviera a la cordura de un proyecto comercial masivo y altamente rentable. Sin embargo, la contumacia de galardonado oriental lo consumía por dentro. Aceptó el reto. Una nueva y desgastante junta creativa era convocada. Un semana completa de propuestas y contrapuestas, de gritos y nervios alterados se llevaba a cabo. Pero apareció una tenue luz al final del túnel. Con el risible presupuesto asignado realizarían varios teaser, que predecirían a un supuesto mockumentary que no se realizaría nunca, debido a que estos cortos consumirían todo el dinero. El objetivo siguiente consistiría en hallar un grupo numeroso de gente que armara un lio bárbaro al ver en pantalla imágenes del descomunal dinosaurio destruyendo alguna de sus ciudades, creando la ilusión que efectivamente sucedería. Takashi ya poseía alguna información preliminar. Se adelantó a su equipo y les ordenó que realizara un urgente y efectivo estudio del comportamiento de unos singulares habitantes de un país que se encontraba en las antípodas del primer mundo.

viernes, 28 de junio de 2024

Godzilla destruye Santiago de Chile (I parte)




Ese 24 de mayo del 2024, Takashi Yamazaki, ingresó por la puerta ancha al selecto grupo de cineastas ganadores de un Oscar. Pletórico, subió al proscenio, junto a su equipo, a recibir la mayor distinción del film en la categoría de los Mejores Efectos Especiales. No solo eso. Era la primera película japonesa en ser nominada y obtener el codiciado premio de ese rango en toda la historia cinematográfica del país del sol naciente y recreando nada menos que a unos de los íconos más representativos de la cultura pop oriental, Godzilla, el monstruo destructor. La cinta se denominaba Godzilla, minus one. El novel director recibió un tratamiento de rockstar en su tierra. Entrevistas a granel en los principales medios de comunicación, invitación a foros de connotados cinéfilos y ofrecimientos de proyectos al por mayor. No cabía duda alguna, era su momento de brillar. Sin embargo, un oscuro pensamiento le aguijoneaba su mente.      

Logró la cima y por experiencias de otros creadores del celuloide, sabía que esta era efímera y veleidosa. Urgía reinventarse, luego de la estrella alcanzada. Caviló por algunos días en su departamento de Tokio. Reflexionó tendido en su cama, se concentró mirando el techo y meditó sentado en el excusado. Nada. Hasta que clavó su mirada en un cuadro que portaba una fotografía de Orson Welles, su admiración máxima. Recordó que el primer acierto del maestro fue causar gran sensación y pánico colectivo en Nueva York y Nueva Jersey, cuando transmitió por radio un programa que adaptaba la novela de H.G. Wells La guerra de los mundos, la que transmitía en directo la llegada de marcianos invasores a la tierra. Uno de los mejores directores de cine le trazaba el nuevo camino a recorrer desde el más allá. Impactar a la audiencia con un golpe de efecto demoledor y que se adhiriera al imaginario popular para siempre.

martes, 25 de junio de 2024

Las condenadas del Café Taj Mahal (III parte y final)


Las asiladas del Taj Mahal se aprestaron a tomar palco para el encuentro que prometía ser épico. Wanda, la recién llegada, la novel asomada, decidía enfrentar a la poderosa y nunca derrotada Lilith. En un comienzo los primeros fuegos se circunscribieron a aviesas miradas que se cruzaban en los vestidores y topones leves cuando sus pasos se cruzaban en los pasillos del recinto. Prosiguió con una serie de cotilleos entre los clientes que atendía la otra. Derramaban restos de jugos, café y otras yerbas en las mesas que les eran asignadas a la contrincante. Al término del día intentaban birlar el monto de propinas ganadas, ya sea Lilith a Wanda o del revés. La temperatura subía en el café y ya las otras mozas temieron lo peor. 

Hasta que llego el día. Tal como una escena de un spaghetti western dirigida por Sergio Leone, con música de Ennio Morricone, ambas amazonas se prepararon para representar su día de furia. La locación fue el espacioso baño de mujeres. El momento, el final de la tarde, cuando Macabeo Mora ya había abandonado su negocio con la suculenta recaudación del día. Se insultaron con unos epítetos extraídos del peor centro de malevos que se tenga memoria. En la siguiente coreografía aparecieron los primeros impactos, en donde patadas, cachetadas, certeros golpes de puños y mechas firmemente remecidas les provocaban fuertes dolores a las bellas. Las otras sirenas acudieron raudamente cuando los gritos escapaban de ese tocador e inundaban todo el lugar, más se les volvió imposible entrar, ya que Wanda había pasado el cerrojo de la habitación. Lilith, más alta y robusta, sacó una leve ventaja, sin embargo, no contaba con la niñez de Wanda. Criada entre hermanos, se abría paso con astucia y maña para derrotarlos. Insertó sus dedos en los ojos de su némesis y la tumbó al suelo de inmediato, pero cuando le iba a asestar un frasco de perfume barato en plena cabeza con posibilidades de herirla gravemente, la puerta fue derribada por un mocetón de la limpieza.

Wanda sintió que una firme mano la cogía de la muñeca, inmovilizándola. Intentó inútilmente zafarse, más al mirar al muchacho le sorprendió su cadavérico rostro y su huesuda mano. Las mujeres que ya se encontraban dentro del toilette exhibieron sus muñecas frente a ella y Wanda, espantada, descubrió las variadas cicatrices que rajaban sus carnes. Volvió la vista a su frustrada víctima, que aún se encontraba despaturrada en el suelo. Un hilo de sangre manaba de su cien derecha. - Esto no es posible, manifestó la bella y sorprendida damisela. - Yo no le reventé el frasco en la cabeza. Lilith se levantó y le enseñó la espantosa herida de bala que se encontraba enquistada hace varios años en su cabeza. Las caretas cayeron estrepitosamente. La epifanía esperada por los regentes y niñas del Café Taj Mahal se adueñaba de Wanda al fin. Recordó a su hijo abandonado por ella en Venezuela y visualizó nítidamente su propio cuerpo intoxicado por las pastillas e inerte en el cuarto de una multitienda del centro de Santiago. Comprendió que su estadía en aquel último café se extendería por un larguísimo tiempo.   
         
Cobraban nítido sentido las palabras con que fue recibida por vez primera en este trabajo... 

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                                                   FIN

miércoles, 19 de junio de 2024

Las condenadas del Café Taj Mahal (II parte)


 Cuando Wanda fue reclutada en el café Taj Mahal se enteró que era un próspero negocio de los hermanos Mora. El imperio en su momento de mayor gloria, contaba de siete locales con excelentes ubicaciones en Santiago. Desavenencias propias de estos comercios basados en la explotación vergonzante de las sirenas y el afán desmedido de lucro acabaron por romper la unión familiar. En la actualidad permanecían tres recintos. Los defenestrados sucumbieron debido a que los Mora que administraban  esos cementerios vivientes eran reconocidos por excederse en sus arrebatos violentos, una procrastinación insoportable, desear lo ajeno y jamás reconocer error alguno. Sobrevivían tres sitios regentados por Ramón, Adamu y Macabeo, quienes gestionaban con férrea disciplina, convirtiendo a sus emprendimientos, al contrario de sus otros hermanos, en el paradigma a seguir. 

Wanda ingresó primeramente al Taj Mahal de la calle Morandé. Brilló de entrada. Los clientes rápidamente la ungieron como favorita, debido a su notoria belleza y su trato personalizado. Mas, las miserables propinas dadas por la mayoría de los clientes la desanimó. Sus sueños nocturnos ya le parecían cada vez más preocupantes. Amó a los hermanos Mora, cuando la subieron de nivel y la trasladaron al café del Paseo Estado, que se ubicaba frente al edificio de unos tribunales. Nuevamente arrasó con su personalidad magnética y su coquetería caribeña. Sonrío para sus adentros cuando descubrió que ese lugar era denominado el Café de los Cerdos, ya que la mayoría de los clientes eran obesos, incluso algunos derechamente mórbidos. Lo que no era ningún obstáculo para que estos singulares seres desembolsaran suculentas propinas. Podía vivir sin sobresaltos con lo recaudado por las preciadas propinas, ya que su sueldo en todos los locales, era el mínimo. No extrañó a nadie que fuera promovida al Taj Mahal de la calle Agustinas. Sus compañeras de ruta le advirtieron que, si bien, las ganancias sobrepasaban el millón de pesos al mes. La lucha por conseguir ese monto era encarnizada y las bellas de ese lugar darían batalla sin cuartel a cualquiera advenediza recién llegada.

Desde el primer día Wanda percibió que este local distaba bastante de las prácticas de los anteriores. El ambiente exudaba provocación constante. Las mozas se atrevían a lucir sus eróticos uniformes de manera desenfadada y los clientes que consumían a lo grande eran disputados por las niñas en fratricidas combates y utilizando armas seductoras muy variadas. En sus pesadillas comenzó a reiterarse la difusa imagen de un pequeño frasco de plástico cilíndrico. Desplegó su encanto, el que le había reportado singulares triunfos en los anteriores recintos. Fue insuficiente. Las endiabladas garzonas eran tan diestras en el arte de la atracción sexual sin compromisos carnales posteriores, que daba la impresión que le llevaban décadas de ventaja. Es más, enemistaban a los clientes más incautos indisponiéndolos con la competencia. Lilith, la abeja reina de ese panal con aroma a expreso y cuya estadía en el lugar se perdía en la memoria de los regentes, reinaba de manera despótica. 1.75 de estatura, de piel de alabastro, turgentes senos, pronunciadas curvas y un rostro bellamente huidizo, acaparaba grandes cantidades de propinas y hacía de la amenaza su herramienta más eficaz. Para Wanda significaba el enemigo a derrotar. Y con una bélica y decisiva acción debía ganar a lo grande.       

viernes, 14 de junio de 2024

Las condenadas del Café Taj Mahal (I parte)


- Calzas a la perfección con el perfil que buscamos para este café. 

Wanda escuchó estas palabras con un alivio conmovedor. Había llegado desde Caracas a Santiago de Chile hacía ya tres años, dejando encargado a su único hijo con su abuela. Sus escasos trabajos pecaban de una mediocridad monótona. Aseadora en un edificio maloliente en Recoleta, garzona de un añoso y derruido restaurante de Gran Avenida y vendedora en una tienda del retail en el casco histórico de la capital. Este último laburo, hasta ese momento era el peor, ya que los compañeros de trabajo hacían de la traición su lema de vida y sus jefes abusaban de su poder jerárquico. Le habían comentado que el Taj Mahal se encontraba en la cima de la montaña de los  cafés con piernas de aquella urbe y que las ganancias en dinero inmediato eran inusitadas. Ya se había mirado al espejo de su habitación y este le replicaba una y otra vez la hermosa caribeña que ya robaba miradas en su tierra natal años antes.

Cada ninfa asumía su papel preestablecido. Las vestían con unos modelos que se enfundaban a sus cuerpos como si fueran su segunda piel y que apenas les cubrían sus esculturales curvas. Unas horas antes, y en sus departamentos, dedicaban casi tres horas a una sesión de seductora estampa que incluía extensiones de cabelleras, uñas acrílicas y un maquillaje facial tan perfecto, que parecía una obra de orfebres de la cosmética. A las dos semanas Wanda se encontraba absolutamente interiorizada del modus operandi de su nuevo empleo. Fue en ese momento que comenzaron sus pesadillas nocturnas que, en un comienzo, eran un pequeña piedra en su zapato. Ya en el café detectó que sus emociones y pensamientos debían esconderlos muy dentro de ella, porque siempre debía atender, sonreír y coquetear moderadamente a los parroquianos. Estos oscuros hombres que arribaban al café inesperadamente, eran tazados por las mozas y clasificados internamente.  

Existían los peces gordos. Aquellos que dejaban suculentas propinas por cada atención prestada y que, lamentablemente, eran los escasos. Los habituales aparecían casi todos los días de la semana y aunque sus bonificaciones eran mesuradas, eran apreciados, porque a fin de mes lo recaudado era más que interesante. Los esporádicos se manifestaban muy de tarde en tarde en el lugar y sus ñapas las mozas las mentaban como frugales. Los tacaños aparecían de últimos en esta singular lista. Consumían y abandonaban el recinto más con pena que con gloria, debido a que no dejaban ningún maldito peso en sus mesas. Se ganaban el total desprecio de la muchachada, deseándoles solo un pasaje sin retorno. Wanda se sentía un tanto cerca de algo similar a la antesala del paraíso, debido a que por fin encontraba un lugar que le entregaba cierta estabilidad. No imaginaba que le deparaba un futuro de dulce, para caer luego en el agraz.

miércoles, 5 de junio de 2024

Vampirismo docente (VIII parte y final)


Nadie se enteró como realmente comenzó todo, pero ese año de 2035, el 3 de agosto para ser exactos, fue el comienzo del ocaso de la civilización humana tal como se la concebía hasta ese fatídico momento. Dorian, amante empedernido del cine, desde que lo descubrió en una concurrida feria parisina de ese alejado 1895, aunque siempre supo lo que se avecinaba, en esta ocasión quiso soñarla como un acto demencial de militares desquiciados tal como el Dr. Srangelove de Stanley Kubrick; tal vez a un error informático que ocurre en Punto límite de Sidney Lumet; al exceso de contaminación y superpoblación de Blade Runner de Ridley Scott, su film favorito o un virus creado por el hombre, al igual que sucede en Doce monos de Terry Gilliam. Sin embargo, la realidad extrañamente va de la mano de la ficción artística de anticipación y aquello Dorian lo aprendió a través de su tristeza perpetua. Las ojivas nucleares comenzaron a sobrevolar por toda la tierra y se convirtieron en oscuros heraldos que portaban la espantosa noticia que el poder, la soberbia, la ambición ilimitada y la ausencia de empatía son una mezcla explosiva devastadora. En solo horas, las principales ciudades del mundo fueron reducidas a su mínima expresión, causando una destrucción nunca antes vista por ojos humanos.                                                                                                                                                                                        
La muertes de hombres, mujeres, ancianos y niños se contaron por millones. Los más afortunados solo sentían un inmenso fogonazo para, posteriormente, desvanecerse en el aire. La gran mayoría perdía la vida de las maneras más abyectas posibles. Veían desmembrase sus extremidades, mientras sus ojos se salían de sus órbitas y su piel se desprendía a jirones. Todo ello en medio de insoportables dolores. A otros, los alcanzaba la nube radioactiva que iba cubriendo lentamente gran parte del planeta y se quemaban por dentro, ahogados en su sangre y bilis que vomitaban por sus deformadas bocas. Los que creían haber escapado de este infierno por habitar lugares remotos, los gases tóxicos los eliminaban lentamente, llagando sus cuerpos con terribles heridas. Su agonía se extendía por algunos días y fallecían en medio de atroces convulsiones.                                                                                                                                                                           
Dorian, quien decidió permanecer en la ciudad de Santiago de Chile por ser el país más austral del mundo, predijo esta devastación décadas antes, pero su negra estrella le seguía acompañando y absolutamente nadie dio fe de sus vaticinios expuestos en sus clases. Se enteró que varios misiles habían hecho blanco en la mina de cobre de Chuquicamata y el Estrecho de Magallanes, objetivos que obedecían a la lógica de la supuestamente extinta Guerra Fría del siglo XX. Decidió esperar su derrotero, realizando una larga caminata al cerro Chacarillas. En vidas anteriores, aprendió el quechua y el mapudungun y deseó desaparecer poéticamente, ya que el apelativo del aquella cumbre capitalina significaba centinela y lugar de paz, respectivamente. Como ya creía saberlo todo se creyó convertido en un dios, no por una malentendida omnisciencia, sino que siempre estuvo en la tierra y aprendió que la vida es una rueda que gira sobre su eje de manera monótona y reiterativa. Mientras su piel ya comenzaba a desprenderse del resto de su cuerpo, uno de sus últimos pensamientos fue el recordar a aquel personaje de su película favorita, quien expresaba que todos sus recuerdos se esfumarían como una lágrima en la lluvia. Sin embargo, Dorian sabía en su interior que en su particular caso no era verdad, ya que retendría en detalle absolutamente toda su vida eterna, y, a pesar que la humanidad ya había malgastado todas sus oportunidades sobre el tercer planeta, algunas sabandijas lo revivirían para ser el único testigo del siguiente estadio que arribaría a la tierra y su triste periplo sempiterno lo mantendría como único testigo de los hechos venideros. 

                                                      FIN

domingo, 26 de mayo de 2024

Vampirismo docente VII parte


 Dorian, que sería la última personalidad que asumiría, decidió alejarse del horror que había provocado y recaló en Japón, experimentando el cambio de siglo en esas tierras del sol naciente. Volvió a ser un silente testigo de ese mundo que ya conocía como la palma de su mano. Asistió al fin del período Meiji, el ascenso del emperador Hirohito en 1926 y se sorprendió con el desbocado desarrollo político, económico y militar nipón. Va a ser este siglo XX el que Dorian predecirá con la exactitud de un profeta, debido a su inmortalidad melancólica, que arrastraba ya hace más de veinte siglos. Volvió a las aulas e impartió sus clases en distintas escuelas de Tokio, Osaka y Kioto, siendo despedido de todas ellas, ya que anticipaba procesos históricos y escenarios político-geográficos, que para esos años resultaban impensados. Fue tomado por demente, aislado de sus estudiantes y encerrado, ya que predijo la caída del imperio. Fue torturado y vilipendiado por la policía secreta de ese país. Aún así, no cejó en su empeño, más para demostrar la necedad humana, que un auténtico afán de salvarla de su fatal destino. Se convirtió en una Casandra contemporánea que les gritaba las verdades en la cara a los hombres, sin embargo, estos no solo no daban ningún crédito a sus palabras, sino que se mofaban y abusaban de él.

Finalmente, es deportado del Japón por ser considerado persona non grata. Su inverosímil travesía lo llevó a Europa. El resultado devino en lo mismo. Fue destituido de cuanto colegio impartió sus apocalípticos augurios. Vaticinó los advenimientos de la Segunda Guerra Mundial, la derrota del nazismo y la precaria ventaja que obtendrían el capitalismo y el comunismo durante las últimas décadas del siglo XX. En Alemania es tomado prisionero por sus blasfemias al Tercer Reich y enviado a Auschwitz. Humillado hasta lo indecible, los encargados de ese campo de concentración pasaron por alto la extraña y vigorosa juventud de Dorian, en contraste con los famélicos prisioneros de ese infierno en la tierra debido a que el ocaso de Hitler era inminente y se habían aflojado las medidas de control y seguridad internas. La caída de la Alemania Nazi no fue su liberación. La llegada de soldados soviéticos y estadounidenses a Polonia, si bien, significó el término de los espantosos apremios, el hecho de encontrar un reo en intactas condiciones llamó la atención de los mandamases rusos y americanos, más fueron estos últimos quienes lo condujeron a una dependencia secreta al sur del estado de Nevada, llamada Groom Lake. Era un campo de pruebas y entrenamientos, en donde Dorian fue objeto de estudio. Descubrieron su vampirismo ocular, más no así su inmortalidad. Dorian decidió mentirles, ya que advirtió que nunca lo dejarían partir, si se enteraban que era un erudito excepcional por haber vivido tantos siglos y vidas. Le realizaron numerosas pruebas y experimentaron con su persona, llegando a suplicios extremos, mas no lograron descubrir la poderosa arma que significaba su mirada. Pronto perdieron interés en él y lo dejaron como un huésped permanente en ese recinto militar. Esperó pacientemente su oportunidad y, en un descuido, escapó de esa prisión, con técnicas que dominaba a la perfección, perdiéndose en la oscuridad de la noche en que logró su liberación. Nuevamente se convirtió en un paria entre los hombres. Al darse cuenta del horror que se avecinaba, buscó un país y una ciudad que se ubicara lo mas alejada de los funestos acontecimientos que arribarían. Fue Santiago de Chile la elección. Tierra no exenta de problemas. Dorian, por esta vez, calló la llegada democrática a la presidencia de ese país de un socialista y el posterior e incruento golpe que de estado que perpetraría un oscuro y ambiguo general. Arribó el siglo XXI y Dorian, que había pronosticado la caída del muro de Berlín y la de los socialismos reales, la decadencia de los Estados Unidos y la unión entre Rusia y China, se aprestaba a vivir el año 2035.